lunes, 27 de octubre de 2014

DESAPARICIONES FORZADAS - Donde el tiempo transcurre diferente, El dolor de una madre de una mujer

  • lunes, 27 de octubre de 2014
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    EL FUERTE._SINALOA-Narcoviolencia- Huérfana se le llama a la mujer que pierde a sus padres. Viuda a quien pierde a su pareja, pero una mujer que pierde o le desaparecen un hijo, un hermano o un padre no tiene nombre... ni justicia, ni verdad.

    Para esas mujeres el tiempo transcurre diferente. No hay hora, tampoco un día específico, sólo la quietud del tiempo mientras esperan el regreso o el mensaje de alguien que pueda decirles dónde están sus familiares, al menos, para saber en qué lugar rezarles y llorarles.

    La esperanza las mantiene de pie desde el día o la noche que se enteraron de la desaparición de su hijo o esposo. Se obligan a creer en lo que otras personas les recomiendan. Prenden luces, veladoras, ponen sal y canela en la puerta de sus casas, levantan altares con fotos y mensajes para que ellos las escuchen.

    Así ocurre con al menos 28 familias de El Fuerte desde 2013, año en que inició a mostrarse una baja en homicidios y hechos violentos provocados por enfrentamientos por grupos policiacos y bandas del crimen organizado, pero en cambio comenzó a surgir un registro silencioso de personas que desaparecen, algunas de manera forzada.

    "Tan bonito que es El Fuerte, yo nunca pensé en que estaría así, yo pensaba que cuando le mataban un hijo a una persona o se lo desaparecían era algo muy lejano, nunca pensé que me fuera pasar a mí, apenas había ido al velorio del hijo de una amiga que se lo levantaron y un mes después me lo desaparecen a mí", cuenta Mirna Medina, madre de Roberto, joven desaparecido desde el 14 de julio de este año, cuando un grupo de personas lo subió a una camioneta negra mientras él trabajaba vendiendo discos en una gasolinera a la entrada de El Fuerte.

    De acuerdo con el Código de Procedimientos Penales de Sinaloa, la desaparición forzada sucede cuando hay una intervención de la autoridad en los hechos o los encubre o solapa. En El Fuerte, de las 28 denuncias registradas, en 18 se acusa a policías.

    Las sonrisas que estas mujeres muestran en fotografías clavadas en las paredes de sus casas, contrasta con la mirada que sostienen ahora: asoma el dolor, angustia y desespero. Los desvelos y llanto han dejado su marca de ojeras, que a veces se ocultan con anteojos oscuros.

    Cuando hablan, su quijada tiembla, y la endurecen para ligar palabras. Batallan para contar sus historias.

    Pierden el control de ellas mismas, con una especie de reflejo inconsciente voltean a ver de vez en vez por las ventanas y puertas, como si algo o alguien les hablara y les dijera "aquí estoy". Es un engaño que no las deja en paz, con el tiempo se les vuelve costumbre.

    "¿Cómo no lo voy a esperar si nadie lo vio alejarse del pueblo", reclama Artemisa Escalante, madre de Joan Manuel, quien desapareció el 2 de septiembre de este año del poblado La Carrera Uno, tomó camino solo con rumbo desconocido y ya no regresó.

    "De aquí eran las 11 de la mañana... temprano, fue muy temprano, yo pregunto, pero (me dicen) que nadie lo miró, ya toda la gente sabe que yo lo ando buscando".

    Y es verdad, las mujeres sólo viven para buscar a sus familiares.

    Su atención se fija en las fotos del desaparecido, en sus ropas, su bicicleta, su cama, su guitarra. Todo aquel objeto que pertenece al desaparecido sirve como para tocarlo en su ausencia.

    Las mujeres de los desaparecidos se vuelven ansiosas. Le llaman fe. Pero también se vuelven solitarias,incomprendidas y desconfiadas. Son madres, hermanas, esposas, sobrinas, hijas a la espera de su familiar. Ellas esperan al hombre que salió a pescar, a la pizca, a la mina, al taller o simplemente por comida. Se nieganapensar que no volverá y que no habrá una historia antes de ir a la cama. Sólo esperan.

    La Comisión Estatal de Derechos Humanos ha registrado desde 2010 a la fecha 154 casos de desaparición de personas, los cuales son registrados a través de denuncias de los familiares de las víctimas ante el organismo y medios de comunicación.

    'Aquí todos sabemos de todos, menos de los desaparecidos'

    Las desapariciones en El Fuerte iniciaron a registrarse desde 2008, sin embargo, no eran visibles para los pobladores, las dejaban pasar, las relacionaron con la violencia y la instalación de los grupos delictivos.

    Los casos iniciaron a mostrarse con una mayor fuerza a partir del 24 enero de 2013, con la desaparición de Bardo Alberto, joven de 22 años que era chofer del Ayuntamiento de El Fuerte en la administración de Eleazar Rubio.

    Poco se hizo por encontrarlo. Hasta el momento no hay indicio alguno de su paradero, sólo una denuncia junto a otras 27 ante el Ministerio Público.

    La gente de los pueblos de El Fuerte se enteró. No es difícil que corran las noticias en las comunidades del municipio que está al norte de Sinaloa, donde habitan 97 mil 536 personas, según el censo del INEGI de 2010, la mayoría concentrados principalmente en tres poblados: El Fuerte, La Constancia y San Blas, aunque la situación geográfica no los limita.

    La cabecera está enclavada en la parte norte, donde se encuentra el Palacio Municipal y junto a ella el río que lleva el mismo nombre, El Fuerte, que a su vez representa la puerta a la sierra madre occidental.

    En El Fuerte nadie pasa inadvertido, menos cuando es alguien desconocido: si se es forastero o turista se identifica de inmediato. Las mujeres de los desaparecidos en eso se basan.

    "Aquí todos nos conocemos, levantason pueblos chicos y muchos somos conocidos, cuando le pasa algo a alguien todos se enteran. Si se muere alguien vamos al velorio y si se enferma otro lo visitamos, aquí todos sabemos de todos, menos de los desaparecidos", asegura Yesenia Torres, quien busca a su tío José Alberto Ramos desde el 24 de octubre de 2013, cuando, según ha averiguado, una patrulla de Mochicahui lo levantó.

    Las mujeres de los desaparecidos, en su mayoría, se dedican a las labores del hogar, pero también hay quienes atienden negocios propios como abarrotes, tiendas de costura o son vendedoras de accesorios, y unas más se dedican a su profesión de maestras y administradoras.

    Las estadísticas del INEGI reflejan que en El Fuerte, el 61 por ciento de las personas tienen educación básica, 20 por ciento educación media superior y sólo el 11 por ciento cursó educación superior.

    Del total de la población, el 49 por ciento son mujeres.

    Un coraje que levanta

    Las 28 denuncias que hay en El Fuerte son por hombres que no han vuelto, todos con edades que se sitúan entre los 20 y 35 años de edad. La característica principal que mantienen es que todos son buscados por, al menos, una mujer.

    El hecho de que en El Fuerte exista una relación entre los pobladores ha causado que la información circule de manera rápida. El tema de desapariciones se ha vuelto una situación casual y así lo narran, y así también llega a las mujeres de los desaparecidos.

    Entonces, es ahí cuando el dolor, la desesperación y las ansias se les ha combinado con la esperanza. Las mujeres se levantan, el coraje las motiva, las noticias las mueven, aunque éstas no sean positivas.

    Las mujeres cambian, las mujeres dejan de ser sólo amas de casa o profesionistas, no quieren ser parte de la estadística, pero tampoco quieren a sus hijos, esposos, hermanos, tíos y sobrinos en la ausencia. No. Las mujeres de El Fuerte, de los desaparecidos, quieren dejar de ser eso.

    "Si lo mataron... por ahí debe de estar...", asegura Reina Serna, madre de Alejandro, de 20 años, quien desapareció el 20 de julio de este año cuando abría el negocio donde trabajaba en El Fuerte y un grupo de personas lo levantó; según pobladores del municipio fueron policías.

    "Se encontraron unos restos en San Blas, en el gasoducto, posiblemente sea mi hijo, ya están haciendo el ADN, lo estoy esperando, yo no sé decir, ojalá y sea él y llevarlo a donde debe de estar, no tirado como animal".

    Las mujeres han formado un grupo, lo hicieron en agosto de este año, le llaman Mujeres por los Desaparecidos de El Fuerte. Sólo ellas comprenden lo que sucede y así se reunieron, son un grupo incómodo para la autoridad, pues les han obligado a reaccionar.

    Los 28 hombres desaparecidos están siendo buscados por sus mujeres. Han tomado lámparas, palas, picos, botas y se han adentrado en las entrañas de la sierra, del monte, del río y la presa.

    Nadie les dijo qué hacer, el coraje las ha levantado, las mujeres rechazan ser víctimas, sólo quieren a sus hombres de vuelta.... vivos o muertos.

    El organismo hace un señalamiento sobre Chihuahua, Coahuila, Durango, Nuevo León, Michoacán, Tamaulipas y Sinaloa como las entidades con mayor número de casos, aunque no detalla números específicos

    En El Fuerte, en el periodo de un año, hay 28 denuncias ante el Ministerio Público. El grupo de Mujeres de los Desaparecidos de El Fuerte asegura que hay más de 60 casos, pero que en su mayoría no son denunciados por temor a represalias, después de que han tenido amenazas.
    María del Refugio Robles, desde el 20 de mayo del 2013 busca a su hijo Jesús Humberto
    y a su sobrino Manuel Eduardo. La última vez que se les vio fue en el Basurero Municipal.

    Mirna Medina, madre de Roberto, joven desaparecido desde el 14 de julio de este año, cuando
    un grupo de personas lo subió a una camioneta negra

    Yesenia Torres busca a su tío José Alberto Ramos desde el 24 de octubre de 2013, regresaba de
     su trabajo de jornalero cuando una patrulla de Mochicahui lo levantó

    Artemisa Escalante, busca a su hijo Joan Manuel Vega desde el 2 de septiembre de este año, cuando
    éste tomó camino hacia El Naranjo, un poblado cercano, y ya no volvió

    Karla Gómez, busca a Arnoldo Gómez, quien desapareció el 1 de agosto de 2013, cuando iba de
     regreso a su casa desde Ocolome, un poblado al norte de El Fuerte

    Rosario Soto es madre de Héctor Castro, quien desapareció el 16 de junio del 2013, cuando
     con un grupo de amigos fue a pescar a la presa y ya no volvió

    Reina Serna, madre de Alejandro, de 20 años, quien desapareció el 20 de julio de este año
     cuando abría el negocio donde trabajaba en El Fuerte y un grupo de personas lo levantó.

    Concepción Elizabeth Félix, es hermana de Diego Alonso Félix, quien desde 27 de julio
     de este año se encuentra desaparecido.
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