domingo, 14 de diciembre de 2014

La batalla de Ciudad Mier, de Pueblo Mágico a Pueblo Fantasma PAGINA 9

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    Un par de años después de la firma del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá se intensificaron los trabajos de explotación de gas de la Cuenca de Burgos, al permitirse de forma parcial la participación de empresas privadas. No es poca cosa la infraestructura gasera que ha sido levantada en la zona desde entonces, aunque la guerra la ha puesto en un segundo plano: hay 127 estaciones de recolección, 28 de trasiego y 10 de entrega, así como 108 ductos de gas húmedo y 114 tuberías de gas seco con una longitud total de 2 789 kilómetros. En su conjunto, colocadas en línea recta, la totalidad de las instalaciones equivaldría a la distancia en carretera del Distrito Federal a Arizona. Aun así, la red de explotación todavía es muy limitada para la riqueza que hay en la región. En el vecino estado de Texas, por ejemplo, hay 90 mil pozos explorados y 10 mil produciendo, mientras que en Tamaulipas existen 11 mil explorados y solamente 1 900 produciendo, de los cuales, la mitad paró sus actividades a causa de la guerra.

    Ciudad Mier y los demás poblados de la zona de guerra se localizan en una de las principales regiones energéticas del país. Hace unos años, luego de que se anunció una fuerte inversión de Pemex en el área y de que se prometió un esquema de privatización parcial, la Frontera Chica empezó a ser conocida como un nuevo El Dorado. La expectativa de una explotación masiva del gas generó un boom económico: empresas y trabajadores emigraron a los pueblos de la región, provocando que aumentaran todos los precios, desde los tacos de carne asada hasta el de la hectárea de tierra.

    Sin embargo, en 2010 el panorama cambió radicalmente: la guerra ahuyentó a pueblos enteros, hizo que bajara el precio de los predios, y en lugar de bonanza llegó la miseria y con ella la región comenzó a ser identificada como una tierra inhóspita.

    En medio de la guerra, una cuadrilla de trabajadores estaba dando mantenimiento a la estación de compresión de gas de Pemex llamada Gigante 1, construida en un tramo de Nueva Ciudad Guerrero, municipio vecino de Ciudad Mier. De repente apareció un grupo de hombres armados y les advirtió que se fueran de ahí. Los técnicos obedecieron y reportaron a sus superiores lo que les había pasado ese 16 de mayo de 2010. No trabajaban directamente para la empresa paraestatal Pemex, sino para Delta, una de las compañías subcontratadas.

    Junto con la estadounidense Halliburton, compañías como Delta llegaron hace tiempo a la zona, atraídas por la promesa de bonanza que dejaría la explotación de la Cuenca de Burgos, en la que Pemex calculaba en 2003 que se invertirían veinte mil millones de dólares durante los años siguientes.

    Los jefes de la cuadrilla descreyeron el relato de los trabajadores y les ordenaron regresar la semana siguiente a la estación de compresión, si no serían despedidos. Así lo hicieron y, cuando apenas tenían unas horas de haber vuelto a la estación Gigante I, apareció uno de los grupos en guerra y, sin más, se llevó a cinco de los trabajadores que estaban ahí. No hubo resistencia alguna. Los demás empleados alcanzaron a correr y esconderse. A la fecha nada se sabe del paradero o destino del mecánico Anselmo Sánchez Saldívar, de los ayudantes de mecánico, Martín Franco y Martín Zúñiga, del instrumentista de máquinas de compresión, Saúl García Ayala, y del operador de plantas de compresión, Christopher Cadena García. Rancheros que vivían en los alrededores de las instalaciones de la Cuenca de Burgos, como Gerardo García, César García y Adán de la Cruz Santiago, también fueron secuestrados y, al igual que los trabajadores de Pemex, siguen desaparecidos al día de hoy. El número de personas desaparecidas cerca de las estaciones de Pemex es mayor, casi tan grande como el miedo a denunciarlas.

    Tal y como lo comentan algunos conocedores de la región, suena a teoría de la conspiración suponer que en medio de la lucha de intereses que se disputan el estado de Tamaulipas se encuentren también ciertas compañías petroleras de Texas. Sin embargo, cabe recordar que además del negocio de la guerra, Afganistán e Irak representaron muy buenas inversiones en cuanto a energía se refiere para las mismas empresas estadounidenses que hoy —y desde hace tiempo— tienen los ojos puestos en la Cuenca de Burgos.

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