domingo, 14 de diciembre de 2014

La batalla de Ciudad Mier, de Pueblo Mágico a Pueblo Fantasma PAGINA 12

  • domingo, 14 de diciembre de 2014
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    —¿Le había tocado a usted una cosa así?
    —Fui jefe de la policía vario tiempo, tres etapas. Pero no, había otras cosas duras, nada cómo esto.

    —¿Cómo qué?
    —La (policía) federal era la que andaba aquí encargada de ese asunto. Yo estuve del 86 para atrás y ya después arreglé mi pasaporte y me fui a trabajar para allá (señala en dirección a unos mezquites detrás de los cuales está el río Bravo).

    Gregorio Olivo empezó a fastidiarse de la conversación. Se movía de un lado a otro y se tocaba el ala izquierda del sombrero vaquero que llevaba puesto.

    —Ojalá que se mejore la situación de Ciudad Mier —le dije.
    —Ojalá, qué más quisiéramos porque pues apenas se está arrimando la gente al pueblo. Aquí estaba antes solo, solo. En esta calle nada más yo me quedé. Ahora bueno, pues ya comienza a haber familias.

    —¿Y usted por qué no se fue?
    —¿A dónde me voy? Al cabo lo que no te pasa de joven, de viejo no te escapas. [Risas]. Yo no tenía a dónde correr.

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    En este instante, la única compañía que sientes en la solitaria carretera por la que vas es la de unas cruces monumentales ubicadas en el kilómetro 35. Son del tamaño de una casa de tres pisos y están a la entrada de un cementerio.

    Unos kilómetros más adelante aparece, en el carril de sentido contrario, el único vehículo con el que te has topado en media hora de recorrido. Es una vieja pick-up conducida por un hombre de bigote y camisa celeste, quien enciende y apaga las luces un par de veces justo cuando su coche está frente a ti. Quiere decirte algo. En cualquier otra carretera pensarías que te avisa que tienes una llanta ponchada, o que más adelante te vas a topar con un accidente o con un tramo en mal estado, pero en esta carretera lo que se viene a la mente es que adelante hay un enfrentamiento o un retén de alguno de los grupos de la guerra. Sigues la marcha y lo que encuentras es una obra en construcción que parece abandonada, por lo que debes salir de la carretera unos metros y andar entre la tierra antes de retomar el camino de asfalto. Solares yermos, arbustos verdigrises, corrales vacíos, tristes nopales, bodegas de alimento para vacas derrumbándose: el paisaje de un campo agonizante va quedando atrás.

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