domingo, 14 de diciembre de 2014

La batalla de Ciudad Mier, de Pueblo Mágico a Pueblo Fantasma PAGINA 7

  • domingo, 14 de diciembre de 2014
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    Hasta antes de la matanza de los setenta y dos migrantes, ocurrida en un rancho del ejido El Huizachal, la presencia del Ejército era reducida en San Fernando. Después de la tragedia la zona se militarizó, pero sólo unos días. Cuando los soldados se fueron, los ánimos de los habitantes que todavía no huían se volvieron a desmoronar. Te dicen que quizá no vas a encontrar un solo sanfernandense que no haya perdido amigos, familia o conocidos de toda la vida a causa del conflicto. Te aseguran que no todos los muertos son narcos, que hay muchos inocentes, que no debes olvidar que en las guerras la muerte es pareja y que siempre hay dramas terribles como los que han sucedido en ésta; dramas como el de esas familias que han hecho funerales y enterrado solamente las cabezas de sus parientes muertos, porque el resto de los cuerpos jamás lo pudieron encontrar.

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    Basta echar una ojeada a un mapa de México para darse cuenta de que Ciudad Mier es la línea divisoria entre dos grupos en guerra. Reynosa, área de influencia del C.D.G., queda al oriente, y Nuevo Laredo, bajo control de los Zetas, al este. Ciudad Mier está justo a la mitad, por eso es explicable que ahí se librara la batalla más importante de la guerra de Tamaulipas. Lo que no es explicable es que Ciudad Mier fuera abandonado a su suerte, que las autoridades lo dejaran morir lentamente, durante casi nueve meses.

    Al menos eso creen algunos de sus pobladores, quienes sospechan que uno de los grupos está haciendo la guerra que debería hacer el gobierno y que se preguntan que si esto no es así, por qué no entraron antes los militares de forma permanente, como lo hicieron hasta finales de año, el 2 de noviembre, tras un enfrentamiento que provocó el éxodo de prácticamente todos los habitantes.

    En la Octava Zona Militar responden a esta pregunta diciendo que era imposible hacerlo debido a que la mayoría de la tropa estaba concentrada en otras operaciones ordenadas desde la ciudad de México, y que Ciudad Mier no era el único lugar en guerra. Algunos de los pobladores no creen esto y argumentan que hubo negligencia gubernamental. A su juicio, la lógica fue dejar que los narcos se destruyeran entre ellos, y al hacerlo, de paso, se permitió que destruyeran Ciudad Mier.

    En ese lapso, los muertos de la guerra de Tamaulipas se quedaron sin acta de defunción. De febrero a noviembre de 2010 hubo masacres, asesinatos selectivos y balaceras, pero no hubo parte informativo de las batallas ni comunicado o vocero que diera cuenta de lo sucedido o de sus causas. En medio de los bandos en pugna, los habitantes eran juguetes de un azar indescifrable, y fuera de Tamaulipas pocos se enteraban de lo que sucedía. La información de la zona salía a cuentagotas vía internet. Una mujer se atrevió a grabar la forma en que quedó La Ribereña —la carretera que comunica a Ciudad Mier con el poblado de Camargo— luego de un enfrentamiento que duró toda la madrugada. Días después de subir las imágenes a las redes sociales, el video se convirtió en noticia de portada en los diarios nacionales y tema de conversación por unos días. Luego se reanudó, otra vez en silencio, la guerra de Tamaulipas: cadáveres tirados, harapos ensangrentados, esqueletos de camionetas calcinadas, miles de cartuchos percutidos y militares peinando la zona aparecen en la grabación de un enfrentamiento cuyo registro oficial no existe, pero que ocurrió y se supo gracias al teléfono celular de una mujer desconocida.
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