domingo, 14 de diciembre de 2014

La batalla de Ciudad Mier, de Pueblo Mágico a Pueblo Fantasma PAGINA 6

  • domingo, 14 de diciembre de 2014
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    En un inicio, los Zetas eran un grupo de escoltas encargados de cuidar la vida del capo. Sin embargo, a partir de 2003, cuando Osiel Cárdenas Guillén fue detenido y encarcelado en una prisión de máxima seguridad, el grupo conformado por ex militares de élite entrenados en Estados Unidos creó una organización de corte marcial dirigida por Heriberto Lazcano, cabo de infantería desertor con entrenamiento especial en combate, inteligencia y contrainsurgencia. La extradición de Cárdenas Guillén a Estados Unidos acabó por darles la autonomía total como un nuevo grupo en el mapa del narcotráfico nacional, convirtiéndose, incluso, en una especie de marca registrada de la violencia extrema. Su fama hoy es tal, que un zeta no es solamente quien forma parte de dicha organización, sino también lo es aquel sicario o narco que pone la violencia por delante del "negocio".

    Hasta febrero de 2010, el cártel del Golfo prácticamente había desaparecido. Fue entonces cuando ocurrió "El Alzamiento" y cuando el grupo que lo encabezó revivió las siglas C.D.G. para nombrar la alianza de algunos traficantes tamaulipecos con el cártel de Sinaloa y la Familia Michoacana, en contra de los Zetas.

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    Como Ciudad Mier, hay otros pueblos a la redonda colapsados por la guerra. Uno es San Fernando, como cualquiera podría imaginar después de que ahí se encontraran, el 23 de agosto de 2010, los cadáveres de setenta y dos migrantes. Lo sabes también porque gente de ahí te ha contado cómo la plaga de la guerra y los enfrentamientos llegaron a trastocarlo todo desde febrero; arrojaron decenas de muertos y con ello impactaron la vida de los habitantes del casco de San Fernando. Sin embargo, sabes también que lo peor ocurrió en las carreteras y las brechas donde se cree que los asesinatos se cuentan por cientos. De esto se sabe muy poco con certeza, debido a que la prensa regional no puede informar de ello, y los enviados de la prensa nacional y extranjera estarían en grave riesgo si intentaran pisar la zona para investigar.

    Las brechas son espacios ideales para moverse y esconderse en una guerra como la de Tamaulipas; y más que un pueblo, San Fernando es, en cierto sentido, un casco urbano con un laberinto interminable de brechas. La gente que debe transitar por algunas de éstas te relata cómo el olor a muerto tiene impregnados los caminos y cómo los zopilotes ya pasan más tiempo pisando la tierra que volando. ¿Cómo hacer que la curiosidad venza al miedo, para ir a verificar si lo que se dice sobre las brechas es verdad y no una exageración?

    Te cuentan también que, en los primeros días de la guerra, era común ver la ciudad patrullada por convoyes de pistoleros de uno u otro bando, apuntando sus armas hacia la calle y las casas. Esas manadas de vehículos que irrumpían en el pueblo llegaron a estar formadas hasta por cuarenta camionetas pick-up doble cabina, en las cuales se movían cuatro pistoleros en cada una: ciento sesenta hombres con armamento seguramente adquirido en Estados Unidos. A veces los convoyes paraban su marcha e instalaban retenes en las carreteras para vigilar el ingreso a la zona. Otras veces desataban el trueno de sus fusiles contra cualquier cosa que les pareciera amenazante.

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