domingo, 14 de diciembre de 2014

La batalla de Ciudad Mier, de Pueblo Mágico a Pueblo Fantasma PAGINA 3

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    Estás frente al Hotel El General, bautizado así en honor a Francisco Villa: un edificio blanco de tres pisos, ubicado en el cruce de las calles Allende y Colón, a menos de 20 kilómetros de distancia del puente internacional de Roma, Texas, uno de los accesos que tiene Ciudad Mier a Estados Unidos. Puedes reconocerlo por el mural que representa a Pancho Villa. Durante los días de combate, en una de las ventanas contiguas al mural se instaló un francotirador en busca de cabezas. Las construcciones de mayor solidez en el pueblo fueron usadas como lugar de resguardo durante las batallas callejeras, y las que no fueron incendiadas, acabaron con más hoyos que un queso gruyère y aún se encuentran severamente dañadas.

    Ciudad Mier fue sitiada por lo menos en tres ocasiones a sangre y fuego en 2010, pero los francotiradores no fueron los que sembraron el mayor terror. En una de las incursiones, uno de los grupos armados capturó a un peón apodado Pepino y lo sometió a juicio sumario. A plena luz del día lo llevaron hasta la plaza principal, donde lo estuvieron golpeando bajo la acusación de ser un halcón (vigía) del bando rival. Él alegaba que esto no era cierto mientras le cortaban un brazo. Todos los habitantes del casco principal podían oír su gritadera mientras lo descuartizaban. Nadie se asomó. Tanto era el miedo que pasaron casi doce horas antes de que alguien se atreviera a descolgarlo de la rama del árbol donde lo ahorcaron.

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    Un hombre de aire campesino llamado José Concepción Martínez participó en "El Alzamiento" del 22 de febrero. Antes de ser reclutado para la guerra de Tamaulipas estuvo ocho años en la Marina Armada. Patrullaba Ciudad Mier en una camioneta con logos del C.D.G. cuando se topó con un convoy de los Zetas que lo capturó y lo hizo su prisionero. En un video, enviado en agosto de 2010 por sus captores por medio de mensajes electrónicos masivos, y subido y bajado de Youtube de forma intermitente, se ve a Concepción y a otros tres pistoleros vestidos con uniformes de camuflaje, hincados, con las manos amarradas a la espalda y los ojos vendados mientras eran interrogados por un comandante de los Zetas. Concepción relata que estaba en Reynosa en espera de indicaciones junto con otros diez pistoleros antes de integrarse a una estaca, nombre que dan los grupos criminales de la región a sus equipos de vigilancia más pequeños. Su sueldo quincenal era de ochocientos dólares. Había sido capturado mientras trataba de escapar de un enfrentamiento durante su bautismo de fuego en la guerra. Aunque contraatacó con una ametralladora, tropezó en la retirada y el arma se le encasquilló. No tardó mucho en ser sometido.

    El segundo de los prisioneros que aparecen es José Abel Rubí. Abel nació en Baja Verapaz, un pueblo del centro de Guatemala. En la ciudad de Zacapa lo contactó un hombre de apodo el Paisa, quien andaba buscando gente que quisiera irse a una guerra que iba a empezar en el noreste de México, para la cual se necesitaban personas que supieran matar sin que eso les afectara el sueño a la hora de dormir. Les decía que a cambio el sueldo sería de 1 500 dólares al mes. Abel aceptó y se embarcó con otros hombres en el puerto De Ocos hasta llegar a las costas de Oaxaca después de ocho horas de navegación. En Oaxaca los esperaba un autobús, al cual se subieron junto con salvadoreños, nicaragüenses y hondureños, incluyendo algunas mujeres. El vehículo llegó sin mayores problemas hasta Reynosa, donde los recibieron y les avisaron que trabajarían para el cártel del Golfo. A Abel lo asignaron a la plaza de Ciudad Mier. Una tarde en la que vigilaba la carretera apareció un convoy rival. Cuando quiso subirse a la camioneta en la que patrullaba, su compañero arrancó y lo dejó ahí, junto a otros compañeros de aventura bélica, muertos y atravesados por las balas.

    El tercero de los prisioneros de guerra que aparecen es un hombre que dice ser de Ciudad Victoria, Tamaulipas, y haber sido contactado ahí por Jesús Martínez Hernández, un joven reclutador a quien apodaban el Binomio, quien, semanas después de iniciados los combates, se dio un tiro en la cabeza, debido a un ataque de paranoia. El prisionero de Ciudad Victoria relata que la mayoría de los hombres reclutados en México son de Michoacán; ellos son quienes integran los comandos que recorren la región acompañados por algún nativo de Tamaulipas, elemento que a su vez suele tener la función de guía.

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