Morir en México, Historia de los muertos en la Narcoguerra PAGINA 6

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La muerte anónima requiere silencio. Así, los nombres se disuelven. Los hechos se derrotan. Los tiempos y lugares se confunden. ¿Quién fue? Nadie dice nada. ¿Por qué lo mataron? Ni una palabra. ¿Cómo es posible que masacraran a toda esa gente y simplemente se fueran? Nadie hace la pregunta. ¿Pero si la última vez que lo vieron estaba bajo custodia de la Marina? No preguntes. ¿Quién controla esta ciudad? ¿Dónde vive? ¿De qué negocios es dueño? Cualquier pregunta puede causar tu muerte. El silencio es fundamental. Cuando el asesinato es parte de los gastos fijos de una industria ilícita multibillonaria, la impunidad se vuelve una inversión esencial. Y la impunidad no se sustenta sin el silencio. Por eso México se ha vuelto el país más peligroso del hemisferio para los periodistas, aquéllos para cuyo trabajo se requiere una voz. Cubrir la “guerra del narco” mexicana se ha vuelto uno de los trabajos periodísticos más peligrosos del mundo. Sesenta y ocho periodistas fueron asesinados desde 2000 —47 de ellos entre julio de 2008 y septiembre de 2010— y por lo menos 15 fueron desaparecidos desde 2006; o sea, silenciados. ¿Cuántos de esos casos de asesinatos fueron resueltos? Ninguno. ¿Cuántos de los periodistas desaparecidos han sido hallados? Ninguno. El silencio viaja en convoyes armados con 20 a 50 sicarios altamente entrenados y equipados con fusiles de asalto de uso exclusivo del ejército y granadas de fragmentación. Los que trabajan en el territorio de la voz llevan libretas y plumas, cámaras y tripiés.

A las 7 de la mañana del 6 de abril de 2007, Amado Ramírez Dillanes, un periodista de 50 años que trabajaba para Televisa y para Radiorama en Acapulco, Guerrero, terminó sin problemas su programa radiofónico diario de una hora. Alrededor de las 7:20 a.m. salió del estudio de Radiorama y caminó hacia su coche, estacionado en la calle La Paz en el bullicioso centro de Acapulco, a una cuadra del Zócalo, a unos metros de una delegación de policía y frente al Hotel California. Mientras Ramírez Dillanes abría la puerta de su auto, un hombre se le acercó por atrás y le disparó con una pistola calibre .38, acertando dos veces. Ramírez Dillanes corrió a refugiarse o pedir ayuda en el Hotel California. El asesino lo siguió y le disparó en la espalda. Después salió caminando. Decenas de turistas y residentes locales presenciaron el asesinato. Más de cien policías, investigadores y peritos forenses de seis diferentes agencias municipales y federales, llegaron al lugar una hora después. Nadie ha sido acusado del asesinato de Ramírez Dillanes.

La noche del 23 de septiembre de 2008, Alejandro Xenón Fonseca Estrada, un conocido periodista de la estación de radio EXA FM en Villahermosa, Tabasco, salió a colgar mantas en diversos puntos de la ciudad para denunciar el aumento de los secuestros en Tabasco y en todo México. Una manta decía simplemente: ¡¡¡no más secuestros!!! Fonseca Estrada estaba parado sobre una camioneta estacionada en la esquina de Paseo Tabasco y Adolfo Ruíz Cortines, colgando una manta, cuando un grupo de hombres en una camioneta tipo SUV paró a su lado y le preguntó qué estaba haciendo. Colgando esta manta, dijo. Le ordenaron que la quitara. Se rehusó. Le ordenaron que se bajara y se subiera al coche. Se rehusó. Un hombre tomó un rifle AR-15, lo sacó por la ventana y le disparó en el pecho. Fonseca Estrada murió. Ellos se fueron.

La tarde del 25 de mayo de 2009, Eliseo Barrón Hernández estaba en su casa en la ciudad de Gómez Palacio, Durango, con su esposa y sus dos hijas. Barrón Hernández trabajó diez años como periodista para el diario La Opinión en la ciudad vecina de Torreón, Coahuila. Recientemente había publicado artículos sobre un escándalo de corrupción policial que resultó en el despido de unos trescientos policías. El 25 de mayo, once hombres armados invadieron su casa, lo golpearon frente a su familia y se lo llevaron. Veintiséis horas después su cuerpo fue hallado en una zanja con cinco heridas de bala y señales de tortura. Durante su funeral al siguiente día, cinco mantas firmadas por Joaquín “El Chapo” Guzmán aparecieron en varias partes de Torreón advirtiendo a los periodistas que tuvieran más cuidado. Una de las mantas decía: ya estamos aquí periodistas, pregúntenle a eliseo barrón. El chapo y el cártel del poniente no perdonan. Cuídense soldados y periodistas. Unas semanas después el ejército mexicano presentó a algunos sospechosos detenidos en eventos no relacionados y que supuestamente confesaron haber matado a Barrón Hernández por órdenes de los Zetas, los enemigos del Chapo. En abril de 2010, una portavoz del procurador general de justicia dijo a representantes del Comité para la Protección de Periodistas que no podía decir nada sobre dónde estaban los sospechosos ni cuándo serían juzgados. El 31 de mayo de 2010, Julián Parra Ibarra, amigo y colega de Barrón Hernández, publicó una editorial sobre el aniversario de un año del asesinato del periodista. Las investigaciones no progresaron, no hubo más arrestos, no hubo juicio y no había información sobre los supuestos asesinos. Parra Ibarra concluyó: “Nada ha cambiado, y lo peor, nadie dice nada”.

Silencio.

Valentín Valdés Espinosa, de 29 años de edad, era un reportero de noticias locales y cofundador del periódico Zócalo de Saltillo en Coahuila. El 7 de enero de 2010, él y dos colegas salieron del trabajo alrededor de las 10:45 p.m. Minutos después, dos camionetas tipo SUV los interceptaron. Hombres armados forzaron a Valdés Espinosa y a uno de sus colegas a entrar a uno de los vehículos y se marcharon. El colega, cuyo nombre no fue divulgado, fue liberado poco después. El cuerpo de Valdés Espinosa, con heridas de bala y marcas de tortura, fue encontrado unas horas después frente a un motel. Sobre su pecho, un cartel escrito a mano: esto les va a pasar a los que no entiendan. el mensaje es para todos.

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Morir en México, Historia de los muertos en la Narcoguerra PAGINA 6 Morir en México, Historia de los muertos en la Narcoguerra PAGINA 6 Reviewed by Redacción on diciembre 17, 2014 Rating: 5

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