miércoles, 17 de diciembre de 2014

Morir en México, Historia de los muertos en la Narcoguerra PAGINA 12

  • miércoles, 17 de diciembre de 2014
  • Comentarios
    <---Anterior pagina 11
    En Ciudad Juárez, Francisco María Sagredo Villarreal, de 69 años de edad, se cansó de encontrar cuerpos desechados frente a su casa. Un día en noviembre de 2006 clavó un letrero que decía: prohibido: tirar basura y cuerpos. Denunció a las cuadrillas de matones que aterrorizaban a la ciudad y la total impunidad con la que siempre cometían sus crímenes. Encontraría aún cuatro cuerpos destruidos desde entonces hasta octubre de 2008, cuando un grupo de hombres lo mataron a balazos a la puerta de su casa poco después de medio día. Dos meses después hombres armados mataron a su hija Cinthia Sagredo Escobedo y tiraron su cuerpo bajo el letrero. El día siguiente un grupo de hombres dispararon unas veinte balas de AK-47 a su otra hija, Ruth Sagredo Escobedo, y a una amiga mientras manejaban en la procesión funeral de Cinthia. Ambas murieron.

    Los titulares agreden. El Universal, 25 de julio de 2010: “Suman 70 cadáveres en narcofosas de NL”. CNN México, 11 de junio de 2010: “Grupo armado mata 19 internos de un centro de rehabilitación en Chihuahua”. Milenio, 1 de mayo de 2010: “55 mil pesos por matar a la familia”. Notimex, 9 de abril de 2010: “Encuentran dos cuerpos colgados en un puente de Cuernavaca”. La Jornada, 29 de marzo de 2010: “Ejecutan en la sierra de Durango a 10 jóvenes entre 13 y 19 años”. New York Times, 2 de febrero de 2010: “Pistoleros en México matan a 16 en ataque a fiesta de adolescentes”. Associated Press, 8 de enero de 2010: “Cártel de México cose cara de rival en balón de futbol”.

    De las 22 mil ejecuciones cometidas entre diciembre de 2006 y abril de 2010, la Procuraduría General de la República investigó mil 200 casos. O sea que el gobierno mexicano no investigó el 95 por ciento de los asesinatos de la narcoguerra. (Para mayo de 2011, el número de muertos había rebasado 38 mil y el irrisorio número de arrestos y condenas no cambió. Unos 30 mil asesinatos ni siquiera estaban siendo investigados, garantizando así la impunidad.) El periódico El Universal reportó esta historia por primera vez el 21 de junio de 2010, cuando el número 22 mil se hizo parte de las estadísticas públicas en el Senado. El artículo cita a Jorge Chabat, reconocido analista del narcotráfico y profesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas en la Ciudad de México. Dice Chabat: “El reducido número de expedientes por homicidios graves que investiga la PGR es reflejo de la incapacidad para investigar estos crímenes”. ¿Incapacidad? Noventa y cinco por ciento es un número demasiado abrumador para reflejar incapacidad. Noventa y cinco por ciento refleja una tasa asombrosa de éxito, donde el objetivo no es la justicia, sino la impunidad.

    La policía federal detiene a mucha gente en el país todos los días. Esas detenciones resultan en un número minúsculo de sentencias. Según informes federales analizados por la revista de investigación ContraLínea, de las 121 mil 199 personas detenidas por el ejército y la policía en tres años y medio de la guerra de Calderón, los fiscales presentaron cargos contra sólo mil 306 de ellos por tener conexiones con alguno de los ocho cárteles que se supone operan en México. Los jueces sentenciaron a prisión a 735 por crimen organizado. En 2009 la policía federal detuvo, con enorme fanfarria, a once presidentes municipales y otros 24 funcionarios públicos en el estado de Michoacán por supuestos vínculos con el narcotráfico. En septiembre de 2010 los fiscales desistieron del caso y los jueces liberaron a todos por falta de evidencias. Los funcionarios públicos, en un estado gobernado por el PRD, habían sido arrestados seis semanas antes de las elecciones federales de medio sexenio. En la narcoguerra, las detenciones y arrestos tienen resultados en las pantallas de televisión, no en los tribunales.

    Y esto es lo que nos dicen: si te encuentran muerto, con la cara baleada, envuelto en una cobija sucia y tirado al borde de un camino desierto, de alguna manera tú tienes la culpa. Debes haberte metido en algo malo para acabar así. Seguramente eras narco o policía metido con ellos. El hecho mismo de tu ejecución es el veredicto contra ti, la determinación de tu culpa.

    El caricaturista político Antonio Helguera publicó un cartón en La Jornada en marzo de 2010 que retrata esta lógica oficial de la muerte en la narcoguerra de México y Estados Unidos. El título de la caricatura es Morir en México. Ocho tumbas alineadas asimétricamente llenan el cuadro y llevan los epígrafes: “En algo debe haberse metido”, “Fue un pleito de pandillas”, “Se mataron entre sí”, “¿Qué hacía a esas horas?”, “Fue un ajuste de cuentas”, “Vestía provocativamente”, “Quién sabe en qué andaba”, “Era puta”.

    La lógica oficial de la muerte intenta defender la legitimidad del ejército y de la policía federal y, a través de ellos, a Calderón y a sus ejecutores, vestirlos con un chaleco antibalas discursivo que los blinda de todo escrutinio. En la narcoguerra, los muertos tienen la culpa ipso facto de su propio asesinato. Y quienquiera que se atreva a afirmar lo contrario corre el riesgo de encontrarse en breve mirando el cañón de una AK-47. Pero los escuadrones de la muerte de la narcoguerra cometen errores. Y los nombres esperan con los muertos.

    Continua clic aquí para Leer la PAGINA 13
    Apóyanos con un me gusta a nuestra página de Facebook/NarcoviolenciaOficial
    Compartir:

    0 comentarios:

    Publicar un comentario