viernes, 16 de enero de 2015

Acapulco entre turismo y narcotrafico "La Batalla por Acapulco Golden" PAGINA 7

  • viernes, 16 de enero de 2015
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    Hay un niño, cuyo nombre no debo decir, que todavía el año pasado pensaba que de grande quería ser narco. Hoy toca el violín en la Orquesta Sinfónica de Ciudad Renacimiento.

    Dicen que la sinfónica es la única buena idea que ha tenido quien fuera el gobernador Ángel Aguirre y que, después del caso de las españolas que fueron violadas, Aguirre quiso bajar el escándalo y ordenó crear otra orquesta en el barrio de la violación: la Bonfil. Sea cierto o no, la sinfónica de la Rena es un oasis de paz. Sí, es verdad que los niños ensayan bajo el sol y que no saben si les construirán salones con las ganancias obtenidas en el concierto que dieron junto con Plácido Domingo. Es verdad que el gobernador los usa políticamente y que no les dejan pasar agua porque alguna ganancia debe tener el Polideportivo. Pero también es verdad que la sinfónica y coro tiene a trecientos veinte chicos, de entre siete y dieciocho años de edad, fuera de la infantería del narco.

    "Los niños de la Rena son carne de cañón para la maña y se pensó darles una opción", me dice el director de la sinfónica, Amilcar Montero. La alternativa, con plata de Conaculta, fue un hecho en julio de 2012 y muy pronto los niños llenaron los espacios. Desde ese tiempo, los chicos ensayan todas las tardes de entre semana. Todos los instrumentos son prestados, aunque pueden llevárselos a casa para ensayar. Las clases son impartidas por integrantes de la Sinfónica de Acapulco y, lo más importante para estos niños pobres, son gratuitas.

    "Mi hijo se la pasaba todo el día en la calle o viendo la tele —me cuenta doña Adriana—. Y desde que lo traje aquí se la pasa ensayando; ¿usted cree que no voy a estar contenta?". Raúl, uno de los chicos, me dice que él llevó a la sinfónica a dos amigos que ya andaban haciéndole ojitos al diablo. Y Montero me platica que de la veintena de niños que llegó con actitudes delincuenciales, a todos se les ha ablandado el corazón.

    —¿Los narcos no se han metido con la sinfónica? —le pregunto a Montero.
    —Pues no sé si porque aquí tenemos a niños que son sus hijos o sus hermanos, pero hasta nos cuidan —me contesta cuando los ensayos deben reanudarse.
    Acá adentro hay música.

    Es una pena que allá afuera todavía no haya ópera posible. \\
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