viernes, 2 de enero de 2015

Crónica: La batalla entre El Cartel de Sinaloa y Los Zetas en La Laguna "Las huellas de la Guerra" PAGINA 2

  • viernes, 2 de enero de 2015
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    EXTERIOR

    Lentamente descubrimos un paisaje construido contra la gente. Son barrios cuesta arriba igual que la vida misma. El sol encandila en Gómez Palacio, pero se mira nítido. No hay sangre, no hay esmog; el aire que azotó por la mañana se los ha llevado a lugares más lejanos. Un perro orina la tanqueta estacionada de los militares y, justo ahí, se escucha a Carlos Santana con "Oye cómo va". Entonces las imágenes en color sepia empiezan a encimarse:

    Ora vemos a un par de chicos, flacos y secos como una rama, tumbados sobre la banqueta: han inhalado tanta piedra que desde hace tiempo viven en el olvido. Ora una gasolinera está en llamas. Ora un carro explota. Ora una turba de chicos saquea los negocios. Ora en pleno basurero apreciamos a un joven sicario al que no sólo lo cosieron a balazos, también le arrancaron toda la piel del rostro. Ora un centenar de policías municipales son desarmados violentamente por un batallón de soldados; tarde o temprano alguien iba a acusarlos de estar en la nómina de los Zetas. Ora se observa una manta en la que, a pesar de las faltas de ortografía, se lee que los soldados cuidan las espaldas del cártel de Sinaloa. Ora cinco comandos roban igual número de bancos con una sincronía de relojero. Ora truenan los cuernos y en el patio de una primaria los niños se tiran al suelo. Ora unos encapuchados asaltan una camioneta de valores y todavía, con parsimonia, se dan el lujo de contar ahí mismo el dinero. Ora a un sicario le estallan la cabeza cuando sale del casino; uno de los paramédicos pensará que el tipo parece un doberman con lesión cerebral. Ora en uno de los laberintos, aquellos de calles ciegas, violan a una niña que apenas tendrá siete años. Ora unos narcos secuestran a dos periodistas que en su vida han cubierto la nota roja.

    NARCO

    (Está encapuchado y trae un R-15 en bandolera; los periodistas permanecen atados de las manos sudan como si hubieran corrido un maratón.)

    O cubren lo que está ocurriendo o pa la próxima los matamos.
    Ora ocurre un motín en la cárcel; vemos a los presos armados, alzando los puños como si hubieran vencido; enseguida, sin embargo, aparece un puñado de militares disparándoles como si estuvieran en la feria y jugaran tiro al blanco. Ora una mujer y su bebé mueren en medio de una balacera. Ora nos muestran negocios cerrados, escuelas vacías y decenas de casas a la venta. Ora los soldados desmantelan puestos ambulantes, donde los Zetas venden piratería, ropa y dulces. Ora un grupo de prostitutas se manifiesta porque se ha acabado la vida nocturna. Ora la foto del Feroz aparece frente a nosotros y, quienes lo conocieron, se acuerdan que él fue el primero en desafiar a los narcos de la casa. Ora la gente se organiza en los barrios para enrejar calles. Ora los empresarios se largan de la ciudad y la industria se cae. Ora una señora que vende gorditas en el centro les paga doscientos pesos a unos chicos que van en motocicleta; es la cuota semanal para que no la maten. Ora vemos fotografías de unos veinte trabajadores de la fiscalía de Durango que han sido asesinados. Ora la fiscal, Sonia de la Garza, aparece sonriente, rodeada de sus escoltas mal encarados. Y ora una manta señala a De la Garza y a los federales como los protectores de los Zetas.

    ALCALDESA ROCÍO REBOLLO
    (Está sentada en la mesa de juntas. Enciende un cigarrillo.)

    ¿Miedo? No, no, no. Yo tengo que demostrarle a la gente que en nuestra ciudad se puede vivir tranquilo.
    En la siguiente escena vemos a la alcaldesa temblando: han baleado su casa.

    FONDO NEGRO

    Gómez Palacio, también conocido por el alias de "Gómez Balazos", es la capital del odio. En sus casi mil kilómetros cuadrados uno puede comprar armas por menos de cien dólares y a un policía por lo doble. Los Zetas se adueñaron de casi toda la municipalidad en 2007, pero el 11 de enero del 2013 se les acabó el corrido: 159 municipales fueron detenidos por el Ejército. Los Zetas no fueron los únicos que abrieron la cartera. El cártel de Sinaloa compró el Cereso. Eso evitó, durante un tiempo, que sus sicarios que eran arrestados en La Laguna fueran llevados a cárceles de Coahuila, donde los Zetas deciden quién es enviado a la inmensidad del infierno. Hoy, ese Cereso ha sido cerrado por los federales, los mismos que trabajan para los Zetas.

    Yo no venía pensando en todo eso, pero el colega que me trajo a Gómez hablaba de los Zetas y de los Chapos como Santana hablaría de las guitarras. Por mi colega supe que la tasa de crecimiento poblacional en Gómez se ha controlado así: 1.6 muertos al día por 1.3 nacimientos, de modo que durante algún tiempo la ciudad no rebasará los trescientos cincuenta mil habitantes. Supe, también, que cuando los municipales fueron desarmados por el ejército, los Zetas se lanzaron a robar bancos para presionar a los militares. Entendí que Torreón y Gómez son dos ciudades que los gobiernos de Coahuila y de Durango siempre las han visto como el trasero de sus estados. Y me enteré, además, de que el cártel de los tal Cabrera habían llegado a La Laguna y eso complicaba más la guerra.

    Cuando bajé del auto del colega, lo primero que vi fueron tres tanquetas del Ejército estacionadas frente a la presidencia municipal. Un regidor, que pidió no poner su nombre, me contaría luego que, durante la sesión de cabildo, un militar había irrumpido para decirles que un comando atacaría la alcaldía. Por eso, aquella mañana, había más soldados en las oficinas que gente tratando de hacer un trámite. La única que parecía no estar alterada por la amenaza era el tercer miembro de la familia Rebollo que ha gobernado este municipio: Rocío.

    "Tengo un hijo de diez años y gobierno esta ciudad, ¿tú crees que debo tener miedo? —me dijo la alcaldesa mientras encendió un cigarro con cierto estilo—. Me han amenazado dos veces, pero para mí que esas llamadas fueron puro cuento". Rocío también me presumió que todas las noches se trepaba en su Suburban sin blindar y recorría los barrios de Gómez. "Trato de generar confianza, decirle a mi gente que todavía se puede vivir con tranquilidad; créeme: yo no me voy a mover de aquí". La alcaldesa no le dio mucha importancia al arresto de sus policías o tal vez no quiso hablar del asunto. Para ella lo importante fue contarme de los cadetes que pronto saldrán de la academia, que los policías con ella ganan ochocientos cincuenta dólares mensuales y que les consiguió un seguro de vida por casi noventa mil. No se lo dije, pero en La Laguna todos los policías tienen un precio.
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