jueves, 8 de octubre de 2015

El Comandante "Comino" de los Zetas, la historia de un sicario de 13 años

  • jueves, 8 de octubre de 2015
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    Éste es uno los testimonios que hemos recopilado entre gente metida contra el Narco que forman parte de Los Narco Relatos un proyecto que recopila las historias que se cuentan a diario en México son la huellas de la Guerra contra el Narcotrafico y que damos cuenta aquí.
    Por: Julio A. Ceballos Alonso
    NARCOVIOLENCIA-Con sus precarios 13 años de edad, un metro cincuenta centímetros de estatura, escuálido y desnutrido, de piel morena, cetrina, tostada por las inclemencias del tiempo, de rostro imberbe y facciones infantiles, en el que destacaban unos ojos de lince, de mirada penetrante y en los que brillaba una chispa de inteligencia, Alberto Orantes a quien apodaban “El Comino” por su pequeña estatura y delgadez fue reclutado para ser llevado a la “diestra” por integrantes de uno de los grupos de delincuencia organizada que manejaban la plaza de Nuevo Laredo en Tamaulipas llamados los Zetas.

    El pequeño comino originario de Guerrero el junto a su madre se habían mudado a la ciudad fronteriza con la esperanza de cruzar hacia Estados Unidos pero el dinero no les alcanzo y la madre decidió quedarse en la ciudad trabajando como sirvienta haciendo trabajos domésticos en la casa de unos empresarios de los pocos que hay en la ciudad había llegado por recomendación de un familiar que también se encontraba en la ciudad, a las pocas semana El Comino ya se había hecho de "amistades" producto de su buena fama para relacionarse con el crimen en su pueblo natal, pronto seria reclutado en un estado donde los sicarios foráneos se cuentan por cientos. Sus sueños y aspiraciones se hacían realidad, en unos meses se integraría a una “estaca” de “la mera- mera gente”, y concretaría su proyecto de vida, que bien podría reducirse a una lista de compras: unos tenis Nike, unos pantalones Levi’s Strauss , unas playeras Chemis Lacost, ropa interior Rimbros, y quizás, por qué no, una motocicleta deportiva; y para su jefita una pantalla de plasma marca Panasonic para que se divirtiera viendo las telenovelas que tanto le gustaban, una lavadora con secadora y un refrigerador muy grande donde poder conservar los alimentos y enfriar sus bebidas gaseosas. Y por supuesto costear una visita a la Basílica de Guadalupe para agradecer a la Virgen los favores recibidos.
    Los sicarios son el reflejo acaso más protuberante del hedonismo, el consumo, la cultura de la imagen, y la drogadicción. En una palabra la colonización del mundo de la vida por la modernidad, como bien los describen los economistas Fabio Giraldo y Héctor López.

    Son parte de ese sector de la sociedad que ya no es incorporable a un mercado de trabajo que se reduce cada vez más, son los sobrantes sociales, los desechables.

    La sociedad “normalizada” como la denomina José Luis Romero, busca amurallarse para contener su invasión en estos tiempos de guerra y de combate al narcotráfico.

    La personalidad del “Comino” pese a su corta edad y casi nula experiencia en cuestiones de la vida, era atípica, padecía de enuresis lo que le provocaba episodios de vergüenza, frustración y de ansiedad, Desde muy pequeño le daba por maltratar y hacer sufrir a sus mascotas, su madre de nombre Lencha no olvidaba la ocasión en que el amarró al gato de la casa llamado “lucas” y después de estarle infringiendo lesiones superficiales con una cuchillo cebollero lo arrojó al bracero, sufriendo graves quemaduras y perdiendo gran parte de su pelambre. A los pocos días el mismo muchacho mató al gato asfixiándolo presionando con sus pies el cuello del pobre animalito.

    El Comino fue trasladado en un autobús de pasajeros hasta un paraje solitario en una sierra del estado, El camión tenía las ventanillas selladas con láminas soldadas para que sus cerca de 60 pasajeros no tuvieran visibilidad, ni reconocieran el camino que los llevaría a su destino. Después de varias horas de transitar por caminos vecinales y brechas accidentadas, por fin el autobús detuvo su carrera y los pasajeros descendieron y se encontraron con un paisaje desierto, desolado, en donde pudieron observar unas casuchas de madera a manera de campamento, estaban ubicados en un llano rodeado de altos cerros y completamente aislados de la civilización.

    EL CAMPAMENTO.
    Al verse el sicario en ciernes, aislado de la gente y de la sociedad que tanto odiaba, a las pocas semanas de estar en el campo de adiestramiento confinó los hábitos de la ciudad, no solo por la dureza del entrenamiento sino también por el aislamiento de la cultura y de la civilización. Sus ropas humildes de por sí, fueron convirtiéndose poco a poco en andrajos, la falta de higiene hacía su apariencia más lastimosa, la comida era muy escasa y muy pobre, la carencia de utensilios domésticos y herramientas para sobrevivir lo obligó a adoptar algunas conductas agrestes.

    La vida entre los cerros era extremadamente dura, las constantes caminatas, las tareas de buscar y construir refugios, la carga pesada de la mochila castigaba su espalda y martirizaba su esqueleto. La punzada del hambre a veces se le clavaba como aguda estaca en su vientre. A los pocos días de entrenamiento él y sus compañeros de aventura se quedaron prácticamente sin zapatos, las caminatas eran largas, en ocasiones bajo los inclementes rayos del sol que fustigaba sus espaldas, otras veces bajo el acoso de la helada lluvia, y por las noches el descanso era imposible por el ataque de moscos y bichos, sin olvidar el despiadado y helado viento del este.
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