viernes, 16 de enero de 2015

El Comandante "Comino" la historia de un sicario de 13 años PAGINA 2

  • viernes, 16 de enero de 2015
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    Después de cinco infernales semana, durante las cuales el adiestramiento consistió en un rudo acondicionamiento físico, entrenamientos para resistir el dolor de algún probable interrogatorio bajo tortura, para lo cual en varias ocasiones El Comino fue atado fuertemente con sogas y empinado recibía innumerables tablazos en piernas y glúteos hasta sentir que se ahogaba del dolor, pero nunca emitió alguna queja, otro de los entrenamientos consistía en llevarlos a un río cercano y dejarlos toda la noche sumergidos hasta el cuello bajo la impetuosa corriente de agua helada, esto con el fin de enseñarlos a soportar el frío, durante semanas fueron alimentados precariamente, recibiendo como único alimento dos latas de atún un paquetito de galletas y un litro de agua por día.; pero por fin llegó el día anhelado, se fueron formado equipos de 4 integrantes, que era la unidad de combate llamada “Estaca”, uno de ellos sería nombrado comandante de la unidad, otro jefe de grupo y dos soldados. Después se formaron equipos de tres “Estacas” a quienes se les designó un instructor para enseñarles el manejo de los fusiles de asalto, que eran de dos tipos, uno el fusil AR-15, calibre. 223, y el otro el AK-47 conocido como Cuerno de Chivo, calibre 7.62.


    EL ARMA.

    Para los seres humanos, el tamaño sí que importa. Al menos, cuando se trata de valorar la fortaleza de un enemigo, razón por la cual el pequeño y enclenque Comino se sintió fortalecido y compensada su pequeñez al empuñar el fusil en sus manos. A algunos su apariencia les pareció ridícula al principio, el arma era casi del tamaño de su estatura, pero al empuñar el mortal instrumento, intuitivamente percibió el poder que le dotaba, su “fierro” le confería fuerza, seguridad y una insana brutalidad y pensó que le sería útil, para compensar su pequeña estatura y sus nimias fuerzas, pensó y entendió que le serviría para defenderse, pero también para atacar.

    Aprendió que las armas las usan el viejo, el joven, el policía, el bandido, los que están fuera y dentro de la ley, el hombre bueno y el hombre malo…él prefería ser “hombre malo”.

    Lo enseñaron a armar y a desarmar su fusil, y a darle un elemental mantenimiento, al tercer día era capaz de hacerlo como el más avezado de los reclutas.

    Un sábado al despuntar el día trasladaron al Comino junto con otros 100 compañeros a un improvisado campo de entrenamiento con el fin iniciarlos en el adiestramiento del manejo de los rifles. Frente a un cerro estaban clavadas 50 blancos de cartulina aseguradas en un bastidor en la cual se apreciaba una silueta humana. El instructor les indicó que pasaran los primeros 50 tiradores, y los colocó a 15 metros de las siluetas, y les indicó que dispararan discreción sobre la que les correspondía diez disparos, cuya precisión sería calificada. Previamente se les había instruido sobre los órganos de puntería, la muesca, el grano de mira, la forma de empuñar el arma y la posición de Tiro Urbano”, poniendo especial interés en como jalar el llamador o gatillo: “No lo deben jalar bruscamente, -los alecciono el instructor- solamente deben llamar lentamente, como si fuera una caricia. No es tan difícil, hagan de cuenta que se encuentran en un stand de tiro con rifles de perdigones en las fiestas de sus pueblos… es lo mismo…

    El Comino embrazó su arma, apoyó la cantonera de la culata de su AR-15 sobre su clavícula y hombro, controló su respiración, alineó la muesca y el grano de mira contra la silueta y disparó jalando suavemente el llamador de su fusil de asalto con una cadencia y un ritmo innato. El ruido producido por los disparos simultáneos de 50 fusiles era estremecedor, pero ni tal estruendo desconcentró al Comino en sus disparos. Cuando se acercó el instructor a la silueta No. 25 que era contra la que había disparado El Comino, quedó sorprendido, 7 de los diez disparos que había hecho habían impactado en partes mortales del cuerpo represen por la silueta, dos en la cara, tres en el pecho y dos en el abdomen, y se ganó la felicitación del instructor y el reconocimiento de sus compañeros. Ya en la noche, después de haber ingerido su magra cena, comentó con sus más allegados, presumió de la precisión de sus disparos y aprovechó para pedirle a sus compañeros que a partir de ese momento ya no se refirieran a él como El Comino, •”díganme Comandante Extreme”, dijo en tono solemne; todos rieron de buena gana, y a partir de ese momento comenzaron a referirse a él con la nueva clave: “Comandante Extreme”…
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