sábado, 10 de enero de 2015

La Historia de porque nunca se ha podido ganar La Guerra contras las Drogas

  • sábado, 10 de enero de 2015
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    Éste es uno los testimonios que hemos recopilado entre gente metida contra el Narco que forman parte de Los Narco Relatos un proyecto que recopila las historias que se cuentan a diario en México son la huellas de la Guerra contra el Narcotrafico y que damos cuenta aqui.


    La historia de por qué nunca se ha podido ganar la guerra contra las drogas en su largo camino hacia el norte.

    DETRAS DE LOS ENCABEZADOS sensacionalistas, del pánico sobre la seguridad nacional y por el gran número de muertos relacionados con el narcotráfico en la frontera México-Estados Unidos (más de 121,000 muertos desde la guerra declarada en 2006, aunque fuentes de EU la cifran en 150,000), está la historia escondida de los enredos de la política estadounidense en el hemisferio occidental. La historia es más profunda que la riesgosa “guerra” que inicio el presidente mexicano Felipe Calderón contra las organizaciones de narcotraficantes y que dio continuidad su sucesor el presidente Enrique Peña Nieto. La historia es también más honda que el lamento de muchos liberales y libertarios estadounidenses por los fracasos de las guerra contra el narcotráfico, que Estados Unidos declaró desde principios de los años sesenta y que se volvió más agresiva con el pánico del "crack" durante los ochenta. Esta historia más profunda tiene que ver con los efectos imprevistos y de regreso (el blowback) que han tenido los intentos por contener el narcotráfico: la violencia  y la amenaza a los intereses estadounidenses se han incrementado, y el centro del comercio se ha ido acercando a sus consumidores y al aparato prohibicionista de Estados Unidos pero de alguna manera en algunos estados ya se han aprobado leyes que permiten su consumo en este caso solo de la Marihuana las drogas mas potentes siguen siendo prohibidas y son estas las que dejan mas ganancias a los carteles de la droga mexicanos. Así como la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) con el terrorismo, la Agencia Antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés) y sus precursores desataron su propio infierno con una estrategia de militarización global antidrogas.

    La cocaína —alguna vez un comercio minúsculo, benigno y legal en un lugar recóndito de los Andes— se convirtió, bajo la creciente presión norteamericana, en comercio ilegal en los años cincuenta. Esto desencadenó el crecimiento espectacular de los cárteles colombianos de los años ochenta. Pongamos en perspectiva histórica la dimensión de este auge. Los suministros legales de cocaína a principios del siglo XX llegaron a su máximo de aproximadamente 10 toneladas (métricas) alrededor de 1900 y decayeron a menos de una tonelada en 1950. La cocaína que llegó de contrabando de los Andes a Estados Unidos volvió a sumar una tonelada en 1970, un año después de que Nixon le declarara la “guerra” al narcotráfico, y dos años antes de que se formara la burocracia expansiva trotamundos de la DEA. Para 1980, los refinadores y contrabandistas de cocaína, en aumento, enviaban alrededor de 100 toneladas hacia el norte, cifra que se multiplicó por 10 durante el boom de los años ochenta para alcanzar 1000 toneladas en 1990. Para mediados de los años noventa, la creciente presión estadounidense ahuyentó hacia el norte de México el tráfico rentable al mayoreo. Esto fue el preludio al actual enfrentamiento entre capos del narcotráfico y el Estado mexicano. La actual capacidad de coca ilícita, según los distintos datos de las Naciones Unidas y de Estados Unidos, es de entre 1000 y 1400 toneladas métricas, o más de cien veces la cifra del año 1900, el auge de la comercialización legal de la cocaína.

    Noventa por ciento de la cocaína estadounidense circula por la inextricable frontera entre México y Estados Unidos, manejada por grupos de narcotraficantes locales. A través de los años, los exportadores mexicanos de drogas se han diversificado con mariguana, metanfetaminas y heroína. Sin embargo, cerca de la mitad del uso recreacional de la cocaína se lleva a cabo en Estado Unidos, donde el desembolso por esta droga constituye la mitad de los 80 000 millones de dólares en ventas ilegales de drogas. Dado este incremento asombroso en el suministro de la droga, no sorprende que el precio de venta al público haya caído en picada desde los años setenta. El objetivo de la DEA era el contrario: hacer que los precios de las drogas aumentaran para que ya no estuvieran al alcance de los adictos como de los consumidores ocasionales.

    EL AUGE Y LA CAÍDA DE LA COCAÍNA LEGAL: 1885-1947
    El boom de cocaína de la región andina a finales del siglo XX en realidad se fundó en los restos de la economía legal caduca de la cocaína, la cual legó las técnicas y redes regionales al naciente comercio ilícito. La producción de cocaína, principalmente para analgésicos y otros usos medicinales, atravesó por dos fases. Primero despegó entre 1885 y 1910, estimulada por compañías farmacéuticas alemanas, consumidores y autoridades estadounidenses y por las élites médicas y regionales peruanas. La segunda fase, la disminución considerable de la mercancía de 1910 a finales de los años cuarenta, que se debió a plantaciones rivales coloniales en Java holandesa y en Formosa japonesa, disminuyendo el uso medicinal de la cocaína y el impacto original de la campaña norteamericana y de la Sociedad de Naciones para prohibir la cocaína calificándola de “narcótico”.

    En un giro inesperado, después de 1905 Estados Unidos —quien en el inicio impulsó fervientemente la droga— se convirtió en el enemigo global de la cocaína después del pánico nacional sobre el uso popular y los abusos de las compañías farmacéuticas. Sin tener intereses coloniales formales, las primeras autoridades antidrogas estadounidenses se convirtieron en defensores de la erradicación de las drogas desde sus orígenes. Sin embargo, hasta la década de 1940, a pesar de su creciente influencia informal en la región andina, Estados Unidos no pudo coaccionar ni convencer de los males de la cocaína a las naciones productoras. La industria en Perú, basada en la tecnología local para hacer sulfatos de cocaína con hoja de coca de cultivo indígena (cocaína cruda, un antecedente de la actual pasta básica de cocaína o PBC), disminuyó y se centralizó en una región andina centro-oriental: la provincia de Huánuco, ligada a los campos de coca del Amazonas del Valle del Alto Huallaga.

    Esta cultura precursora de drogas dejó tres legados principales. Primero, la cocaína legal era principalmente un comercio apacible, salvo por algunos caudillos locales que vivían del comercio y reclutamientos laborales de “enganche” en las plantaciones de coca fronterizas en la Ceja Andina. Segundo, economías legales de cocaína como la del Perú no generaron, ni durante su auge ni su caída, redes de contrabando transfronterizas (aun cuando ya se conocían los placeres recreativos de la “coca” y la existencia de bandas de robos de farmácos en Estados Unidos y en Europa). Un mundo multipolar de cocaína prevaleció entre 1910 y 1945, cuando algunas naciones como Estados Unidos lograron prohibir el uso no medicinal de la cocaína, y otros como Perú y Holanda abiertamente fabricaban y toleraban la droga. Esta diversidad de regímenes no generó incentivos en los precios del mercado negro ni causó una competencia violenta. Tercero, el comercio caduco y anticuado de la cocaína sobrevivió como la base de la vida en la región apartada de Huánuco, e hizo que para finales de la Segunda Guerra Mundial se convirtiera en el último baluarte mundial de producción tradicional de cocaína.
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