domingo, 18 de enero de 2015

Los Narcosatánicos de Matamoros PAGINA 2

  • domingo, 18 de enero de 2015
  • Comentarios
    <---Anterior Pagina 1
    ANTECEDENTES. Mark Kilroy: era estudiante del ciclo básico de la Universidad de Texas en Austin. Salía con chicas, era animador de los diversos equipos deportivos y estudiaba mucho, con la intención de graduarse de médico. Esperaba con ansias el receso de marzo cuando él y sus compañeros Bradley Moore, Bill Huddleston y Brent Martin planeaban viajar a Isla South Padre, cerca de Brownsville. Unos cuantos centenares de jóvenes compartían la misma idea. …A las 02:00 horas de la madrugada, la gente empezó a retirarse. Los cuatro amigos, agotados y con una buena borrachera, decidieron dar la fiesta por terminada. Salieron del local donde se encontraban. El aire de la noche era fresco y agradable. Se unieron a la tambaleante procesión de muchachos que se dirigía hacia el puente que marca la frontera entre México y Estados Unidos. Bill Huddleston, el mejor amigo de Mark, tuvo que pararse en un oscuro callejón para orinar. Al volver, vio a Mark caminando en medio del gentío. Parecía estar hablando con un joven mexicano; era Sergio Martínez Salinas, un miembro del grupo de Constanzo. Bradley Moore y Brent Martin caminaban adelante en dirección al puente y Bill fue hacia ellos. A partir de ese momento la fiesta se transformó en una pesadilla. El mexicano empezó a hablar con Mark sin que nadie se lo hubiera pedido. “¿Quieres dar un paseo?”, le dijo. Cerca había estacionada una camioneta y otro mexicano estaba sentado al volante. Los estudiantes estadounidenses preferían no mezclarse con los hombres de Matamoros. Solían ser tipos duros que conocían bien la ley de la calle. Pero la negativa de Mark no fue lo suficientemente rápida. El alcohol y el cansancio pudieron con él. Los mexicanos se dieron cuenta de que titubeaba; lo cogieron en volandas, lo metieron en la camioneta y el vehículo desapareció de la bulliciosa calle. Mark se dio cuenta de que corría peligro. El conductor se detuvo en un callejón para orinar y Mark aprovechó el momento; se zafó de sus dos guardianes, saltó de la camioneta y echó a correr. Pero no se había fijado en que otra camioneta Chevrolet los seguía y, nuevamente fue atrapado. Sus amigos empezaron a preocuparse cuando vieron que no aparecía en el puente. Regresaron a México y recorrieron las calles y bares de la ciudad de Matamoros, hasta que se hizo de día. A estas alturas estaban muertos de cansancio y se fueron a dormir unas horas a una habitación de hotel de South Padre antes de rellenar un impreso de personas desaparecidas en la agencia del Ministerio Público. A la mañana siguiente, en Matamoros, notificaron la desaparición en el consulado estadounidense. Después llamaron a los padres de Mark en Santa Fe, Helen y Jim Kilroy, y les dijeron que su hijo se había perdido en México.

    ADOLFO DE JESUS CONSTANZO. Constanzo nació en Miami, Florida, Estados Unidos. Su madre tuvo a Adolfo a la edad de 15 años y tendría eventualmente tres hijos de diferentes padres. Ella emigró a San Juan, Puerto Rico, después de que su primer esposo muriera, y volvió a casarse allí. Constanzo fue bautizado como católico y sirvió como monaguillo, pero también fue influenciado por su madre en el culto denominado Palo Mayombe. La familia regresó a Miami en 1972, y su padrastro murió al poco tiempo dejando a la familia con algo de dinero. Su madre pronto volvió a casarse, y su nuevo padrastro se vio involucrado en el ocultismo y el tráfico de drogas. Ambos, Constanzo y su madre, fueron arrestados numerosas veces por crímenes menores como robo, vandalismo, y "farderismo"(robo a comercios, ocultando mercancías entre sus vestimentas). Se graduó en la secundaria, pero fue expulsado del bachillerato. Su madre creía que él tenía habilidades psíquicas por, supuestamente, haber predicho el intento de asesinato del ex presidente de Estados Unidos Ronald Reagan en 1981. Ya adolescente, se hizo amigo de un sacerdote del rito Palo Mayombe, quien le enseñó las habilidades necesarias para ser un narcotraficante y estafador para una carrera "encaminada hacia la maldad". Constanzo visitó la Ciudad de México, subsistiendo como lector de cartas de tarot. Ahí reclutó a dos jóvenes: Martín Quintana Ramírez y Omar Orea Ochoa, para que fungieran como sus sirvientes, amantes y discípulos. Constanzo regresó a Miami por un espacio de tiempo corto, pero regresó nuevamente a México a mediados de 1984. Sobre los siguientes años se convertiría en el líder de un poderoso culto que tenía a capos del narco, músicos famosos e incluso oficiales de policía bajo su mando. El culto establecido en Matamoros, en la región fronteriza de México, vendía drogas, desplegaba ceremonias ocultas y, para fines de 1987, secuestraba y asesinaba personas para usarlos en sacrificios humanos. Estas víctimas cayeron junto con los rivales del culto y de las drogas.

    SARA ALDRETE VILLARREAL. Sara Aldrete, de 24 años, era una estudiante distinguida en el Texas Southmost College de Brownsville. Esta joven alta y morena también era la novia de El Padrino y su compañera asidua, aunque sabía que él era homosexual y tenía dos amantes masculinos. Participaba de buen agrado en los rituales satánicos. Sara se convierte en gran sacerdotisa del culto y participa activamente en todas las sangrientas ceremonias, además de reclutar a nuevos miembros y explicarles las actividades de la secta. Adolfo convence a los demás adeptos que serán completamente invulnerables a las balas y que tendrán el poder de hacerse invisibles si siguen al pie de la letra sus instrucciones: confeccionar una nganga o caldero mágico con unos ingredientes especiales, además de secretos, en los ritos de Palo Mayombe, como son la sangre y algunos miembros humanos mutilados, preferentemente cerebros de criminales o locos, a ser posible de hombres de raza blanca, pues supuestamente éstos son más influenciables por el verdugo (para el asesino la tortura a la víctima es un factor muy importante, pues el alma de la víctima debe aprender a temer a su verdugo por toda la eternidad con el fin de hallarse para siempre sujeta a él). La nganga, es un caldero en que hacían mezclas con sangre, cerebros y otros elementos de humanos previamente torturados. Supuestamente, al beber la mezcla adquirirían invisibilidad e invulnerabilidad a las balas. El rito termina cuando los participantes beben la sopa del caldero formada con la sangre de la víctima, su cerebro y los demás elementos que completan la siniestra nganga… lo cual les dará todo el poder que los criminales deseen.
    CONTINUA Clic Aquí para Leer la PAGINA 3

    Apóyanos con un me gusta a nuestra página de Facebook/NarcoviolenciaOficial
    Compartir:

    0 comentarios:

    Publicar un comentario