martes, 1 de noviembre de 2016

La historia de "Los Narcosatánicos de Matamoros"

  • martes, 1 de noviembre de 2016
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    Éste es uno los testimonios que hemos recopilado entre gente metida contra el Narco que forman parte de Los Narco Relatos un proyecto que recopila las historias que se cuentan a diario en México son la huellas de la Guerra contra el Narcotrafico y que damos cuenta aquí.


    Por: Julio A. Ceballos Alonso
    NARCOVIOLENCIA-Adolfo de Jesús Constanzo creció en un ambiente nada favorable para tener una buena vida. Hijo de inmigrantes cubanos, nació en Miami el 1 de noviembre de 1962 y fue bautizado por el rito del “palo mayombe”, una religión de origen congoleño practicada por los esclavos llegados a Cuba en época colonial. La madre de Constanzo era practicante de esta religión, además ingresaba frecuentemente en prisión por cometer pequeños delitos, como robos y estafas. También practicaba ritos en los que se sacrificaban animales, así Constanzo aprendió de su madre lo que sería después en su edad adulta. En 1983, siendo ya sacerdote de esta práctica religiosa, se ganaba la vida leyendo las cartas del Tarot. Poco a poco va obteniendo clientes de clase influyente a los que también “vende” rituales por más de 4.000 dólares, en los que se sacrificaban animales. Sus principales clientes son poderosos narcotraficantes que acuden a él para obtener protección y así hacerles esquivos de la justicia. En 1987 conoce en Matamoros a Sara Aldrete, que se convertiría en su mano derecha.
    Esta ciudad fronteriza con Estados Unidos sería la nueva residencia habitual de Constanzo y su banda. A partir de ese momento comienzan a desparecer personas en aquella zona en extrañas circunstancias. En marzo de 1989 desaparecía Mark Kilroy, un joven universitario estadounidense que se encontraba en la localidad mexicana de viaje de fin de carrera, junto a unos compañeros de facultad. La desaparición del chico crea un punto de inflexión en el que las autoridades mexicanas no tienen otro remedio que iniciar investigaciones, dado que Kilroy provenía de una familia con influencias políticas en el país vecino. Así, unos días después son detenidos dos miembros de la banda narcosatánica, los cuales delatan a la policía a Constanzo y Sara Aldrete, confesando que secuestran a personas sacrificándolas para sus rituales. Poco después, en un registro efectuado en el rancho de Constanzo se encuentran quince cadáveres, entre los que se encuentran los restos de Mark Kilroy. También vestigios que señalaban que allí se realizaban sacrificios humanos, como la extirpación de miembros genitales, cerebros y otros órganos donde se preparaban caldos y brebajes. Para finalizar los rituales y a modo de trofeos, Constanzo se hacía corbatas con sus columnas vertebrales. El 6 de mayo de 1989 la policía acorrala a Constanzo y a varios miembros de su organización en un supermercado de México D.F. Tras un tiroteo y viéndose cercado, Adolfo de Jesús Constanzo muere después de ordenar a un miembro de su banda que le dispare. Sara Aldrete fue detenida y cumple actualmente una condena de 647 años de prisión. Se considera inocente y víctima de un complot policial para salvar a altos cargos de la política involucrados en el narcosatanismo, denuncia que hizo al escribir el libro “Me dicen la narcosatánica”.

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    Probablemente el caso de Los Narcosatánicos sea el episodio más espeluznante en la historia mexicana del crimen del siglo XX, muchos libros se han escrito sobre el tema, al menos cuatro películas se han inspirado en los hechos suscitados en el rancho Santa Elena, cercano a la ciudad de Matamoros Tamaulipas, precisamente en los márgenes del Río Bravo, y en you tube circula un documental extenso del famoso programa Discóvery Chanel. Considero de manera muy personal que todos estos medios narran el caso de una manera imprecisa, siguen la tendencia de darle a un cruel criminal como lo fue Adolfo de Jesús Constanzo y a su “Sacerdotiza“ Sara Aldrete Villarreal ciertos poderes místicos, misteriosos, sobrenaturales, además de darle el mérito de la investigación y localización de los restos del estudiante norteamericano Mark Kilroy a policías norteamericanos del Servicio de Aduanas y del FBI. Mientras que por otro lado le dan a sus respectivas narraciones un aire peliculesco, supongo que para hacerlo más interesante para la gente, pero en ese intento desvirtúan la verdad histórica de los acontecimientos. En forma genérica todos los medios matizaron la información y coincidieron en hacer público que: “El 9 de abril de 1989, agentes de la Policía Judicial del Estado y de la Judicial Federal, con apoyo de preventivos mexicanos e investigadores de Estados Unidos, arrestaron a cuatro personas -luego hubo más involucrados-, por el secuestro del ciudadano americano Mark Kilroy, de 21 años, sin embargo las investigaciones dieron con una banda de personas que hacían ritos satánicos, mataban y descuartizaban a sus víctimas.” Mientras que Magali Tercero, cronista urbana y cultural, autora del libro Cuando llegaron los bárbaros… vida cotidiana y narcotráfico (Temas de Hoy-Planeta, 2011), manifestó en cierta ocasión que “Hacia 1987 ya había crecido mucho el tráfico de drogas en nuestro país y los Narcosatánicos formaban una banda menor, como tantas otras surgidas al amparo gubernamental. Aunque en México no se investigaron las pistas aportadas por los detectives estadunidenses, o no se quiso hablar sobre ello…” Me pregunto a cuales detectives estadounidenses se refiere y a cuales pistas en particular hace alusión, cuando la verdad es que el mérito de las detenciones iniciales que condujeron a la localización en el Rancho Santa Elena de diecisiete cuerpos inhumados clandestinamente, y entre los cuales se localizó el del estudiante norteamericano, corresponde exclusivamente a los integrantes de la Policía Judicial Federal destacamentados en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas al mando del comandante Juan Benítez Ayala.
    En el año de 1989, en los días de la desaparición del estudiante norteamericano, yo trabajaba para la Policía Judicial federal, Sección antinarcóticos (PGR) en la ciudad de Matamoros Tamaulipas, y participé activamente en las detenciones de los primeros cuatro integrantes de la célula del narcotráfico comandada por Adolfo de Jesús Costanzo, en el aseguramiento de aproximadamente media tonelada de marihuana, en la localización de las tumbas clandestinas y de los diecisiete cuerpos inhumados clandestinamente –entre los cuales se localizó el de Mark Kilroy-en el Rancho Santa Elena, mismos que habían sido asesinados por el grupo de narcotraficantes que después fueron conocidos como los Narcosatánicos.

    Presentó aquí mi versión como Agente de la Policía Judicial Federal involucrado en las investigaciones y operativos relacionados con este asunto de talla internacional...
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