martes, 13 de octubre de 2015

Mis tres años como teibolera, La Historia de Ahtziri

  • martes, 13 de octubre de 2015
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    En el negocio del placer un negocio que en México es manejado en su mayoría por el crimen organizado y la política, donde los excesos, drogas y alcohol y la trata de blancas son el pan de cada día, te presentamos la historia de una joven que teniendo todo familia, hogar y estudios decidió envolverse en este mundo.
    Autora: Ahtziri Lagarde/ VICE
    NARCOVIOLENCIA-Uno de los pocos remakes de películas que me gustan es el de Lolita, de Adrian Lyne. Claro, pocas películas en el mundo le llegan a los talones al trabajo de Kubrick, eso queda claro.

    Adrian Lyne hizo su versión de Lolita en 1997, 35 años después de la de Kubrick, y aunque era bastante fiel a la original, creo que si hubieran hecho un remake inspirado en las problemáticas de esos años, se hubieran podido basar en mi historia. Lolita era una adolescente de buena familia que por las perversiones del destino terminó muy mal y entre ese esquema y el mío, no hubo ninguna diferencia.

    Tenía planeado bailar sólo seis meses, pero bailé poco más de tres años. La gente piensa que la teibolera es una chava guapa como de 24 años que se está pagando la universidad con lo que gana bailando, pero la verdad es que la teibolera que está estudiando la universidad pertenece al uno por ciento de la comunidad stripper, y que sólo el .5 por ciento realmente se gradúa y como se dice en el ambiente, "se retira". El 99 por ciento de las teiboleras, es un mix de mujeres con hijos paridos a una tempranísima edad, muchas veces extranjeras —dependiendo del tipo de téibol—, y en general son mujeres bastante ignorantes. La mayoría tiene pareja, que usualmente es su cliente (que a su vez está casado), o es otro estríper (sea hombre o mujer) y en el caso de que la pareja sea masculina y no sea un cliente o un estríper, es generalmente un mantenido que le ayuda con todo lo que se les pueda ocurrir. Es un ambiente más bien oscuro, todos los perfumes y el glamour que se ve en las películas, se queda en las películas y en las ocho o diez horas diarias que pasan dentro de esos locales con luces neón.
    Mi historia es un poco diferente, no hay hijos y no necesitaba pagarme la universidad, además de que soy mexicana. Estudié en un colegio católico francés casi toda mi infancia y adolescencia. Mi mamá era una mujer mocha y muy ortodoxa, además de ignorante —eso sólo para corroborar que la ignorancia puede estar presente en dosis muy fuertes en la alta alcurnia.

    Durante mi adolescencia fui a siete fiestas, más o menos, y de seis pasaron por mí a las 11 de la noche. En general, la pasaba sentada con algún conocido cuando la fiesta todavía estaba bastante vacía. Tenía prohibido fumar y tomar, así que siempre tenía un juguito de uva en la mano. Para mis amigos era la clásica niña santurrona.

    Desde los diez años, el único sueño erótico que tuve fue escaparme de la casa. También me atraía mucho la macabra idea de morir en los brazos de mi madre, gracias a una de las múltiples golpizas "educacionales" que me propinaba.

    A los 17 años estaba harta de mi vida controlada y sobreprotegida por mi madre. Sabía que si me tenía que ir de la casa, tenía que tener una estrategia y que el tiempo estaba contado: 365 días. Insistí hasta el cansancio para que mi mamá me dejara trabajar, cosa que me había sido rotundamente negada hasta ese momento. Tuve la oportunidad de trabajar en el departamento de contabilidad de una multinacional, gracias a un amigo de la familia. Trabajé ahí alrededor de ocho meses hasta que me despidieron en un recorte de personal.

    El destino es una cosa fascinante. El día que retiré parte de mi liquidación del cajero, estaban dos colegas de otro departamento en frente de mí y a su vez, frente a ellos estaba una mujer alta, de cabello rubio platinado que le llegaba hasta la cintura.

    —¿Viste el saldo de esa vieja? Era como de cien mil varos —dijo uno.

    —Seguro trabaja en el Solid —respondió el otro con una naturalidad académica.

    La palabra "Solid" volvió a aparecer en el periódico mientras buscaba trabajo desesperadamente. Era un anuncio mucho más grande que los demás, tenía la imagen en blanco y negro de una mujer muy atractiva y decían solicitar edecanes de 18 a 35 años, de buena presencia y con una frase que despertó mi curiosidad: "Alto criterio y absoluta discreción". No tenía idea de qué significaba esa frase, pero algo me decía que no podía preguntárselo a mi mamá.
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