domingo, 4 de enero de 2015

Relatos: La vida de una mujer Sicaria, Las verdaderas Mujeres Asesinas PAGINA 5

  • domingo, 4 de enero de 2015
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    Se fue caminando con la seguridad de las cabras en el monte.

    SIETE
    Chihuahua es una de las siete maravillas del mundo moderno. Y si no, debería serlo: es un bife bien cocido de casi 248 mil kilómetros cuadrados en el que no para de escurrir la sangre. Cada día, desde diciembre de 2006, siete personas son asesinadas; tres o cuatro de ellas, según el humor de los narcos, ocurren en Ciudad Juárez. La nota roja ha caído en frases sin sujeto por verbos y predicados muertos. El periodista Charles Bowden dice que en Chihuahua "la gente puede convivir con los asesinatos y saber que las personas desaparecen a plena luz del día y seguir tan campante diciendo: bueno, eran malas personas". En Chihuahua la violencia arrecia. Tin Tan se debe estar revolcando en su tumba por ver a su tierra adoptiva convertida en una máquina de la muerte.
    Pero ya me desvié. Yo vine aquí a contarles sobre las chicas Kaláshnikov Las mujeres sicarias que conoci y que les comparto sus historias en narcoviolencia.

    OCHO
    Yo he muerto dos veces. (Yaretzi se jala la camiseta y me muestra un agujero en el hombro. Dice que tiene otro en la espalda). Es verdá. Los tiros ni se sienten, pero qué frío te da. Parece como si fueras de hielo o no sé de qué. Y luego se te va la fuerza, ai andas como un pinche muñeco de alambre. Pero eso no se compara cuando te levantan y te torturan. Ahí sí le pides a Dios que ya te mueras. Eso de que torturen es el peor de los dolores. Muchos que han levantado debían dinero, y justo ese día que los levantan andan vendiendo hasta su madre. Yo no. Yo no les ofrecí nada a los cabrones que me levantaron. Yo nomás me dejé llevar. Creo que me violaron todos, los cuatro cabrones que eran. (Yaretzi mira hacia el piso, como si quisiera agarrarse a un punto. Un rato después dirá que aquel día, cuando abusaron de ella y le arrancaron dos uñas, fue cuando encontró a Dios). Lo vi cuando ya nomás miraba todo blanco, blanco. Era Dios. No pongas esa cara, pero allá tú si no me crees. De pronto abrí los ojos y el bato que me cuidaba estaba bien dormido, bien drogado. Y no me preguntes cómo, pero Dios me dio fuerza para desamarrarme y corrí, corrí como pinche loca y no me detuve. Yo le he dicho a Dios que cuando salga de aquí, nomás voy a matar a los que me levantaron y me retiro de este jale.

    —¿Es posible dejar al cártel? —le pregunto.
    —No. De ahí no sales si no es con las patas por delante.
    —¿Entonces cómo te vas a retirar?
    —No sé. Pero Dios me hará libre.

    Yaretzi va a su celda. Regresará con una desmadrada Biblia y me señalará su salmo preferido. "No temas, porque yo estoy contigo. Siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. Isaías 41:10".

    Órale.

    NUEVE
    A veces, sin saberlo, uno va en curso de colisión y no puede hacer nada por cambiarlo.

    Malandrín 1, el encargado de cobrar las extorsiones en la parte centro de Juárez, tuvo que ir a Ojinaga para vigilar un cargamento porque a Malandrín 2, el que debía hacerlo, lo habían ejecutado la noche anterior. Mientras Malandrín 1 llegaba a Ojinaga, acá en Juárez el jefe reacomodaba a su gente. A Marta le tocó reemplazar a Malandrín 1 y ella reclamó: "Pero yo soy sicaria, no la chingues". Él, acostumbrado a mandar, le dijo a Marta que no la hiciera de pedo. "Es nomás esta semana", fue irreductible. El jefe le ordenó que primero le cobrara la renta a un vendedor de ropa, con quien tenía viejas rencillas, y luego se largó a la cantina de siempre. Mientras el jefe pedía su whisky dieciocho años, Marta iba manejando y mentaba madres. Ella ya había matado a tres y ahora la habían reducido a una especie de abonero tacuachón. "Está bien, lo haré —pensó—. Pero lo voy a hacer a mi manera". Y su manera fue empezar por los negocios que le quedaban de paso por el Eje Juan Gabriel. Al vendedor de ropa lo iría a ver hasta el final, nada más para hacer renegar al jefe. Antes, sin embargo, pararía a comer.

    ¿Y si sólo algo hubiera sido diferente?

    Si Marta no hubiera ido a esos tacos de asada o le hubiese hecho caso al jefe; si a Malandrín 2 no lo hubieran asesinado y el jefe no hubiese sustituido a Malandrín 1 con Marta, seguro ella seguiría en las calles con su cuerno de chivo y la veintidós. Pero así como es la vida, por una serie de incidentes encontrados que nadie puede controlar, Marta llegó a un restaurante a cobrar la extorsión y le cayeron los militares.
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