domingo, 4 de enero de 2015

Relatos: La vida de una mujer Sicaria, Las verdaderas Mujeres Asesinas PAGINA 8

  • domingo, 4 de enero de 2015
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    —¿Tú has tenido miedo?
    —Nomás esa vez que me levantaron, hasta se me secó un riñón.
    —¿Cómo que se te secó?
    —Pos así nomás.

    —¿Cuánto te paga el cártel?
    —Me daba quince mil por quincena.
    —¿Quince mil?
    —Y estaba a punto de que me dieran treinta y dos mil.
    —Mucho dinero.
    —Por eso entré a este jale, ya te dije.
    —Has de vivir bien, ¿no?
    —No te creas. He estado ahorrando el dinero para mis hijos. Yo sí quiero que estudien, que sean alguien en la vida. Ellos todavía están chicos y no saben a lo que me dedico. De perdida que si un día se enteran, que me perdonen viendo que no me gasté el dinero.

    —Al principio dijiste que mi vida valía igual que todas: nada, pero te pagan bien. Entonces sí hemos de valer algo, ¿no?
    —Pos a mí no me pagan por muerto sino por día. Y si al día me pagan mil pesos, quítale quinientos que ahorro, los doscientos o trescientos de la tragadera, los cien de la gasolina. O sea: el muerto vale las balas que le metas y aquí nos las venden a diez pesos.

    Por eso la vida, en estos tiempos, desaparece igual que el ruido del disparo.\\
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