jueves, 1 de octubre de 2015

Yo mataba junto al Z-40 en Nuevo Laredo "La Historia de Karen"

  • jueves, 1 de octubre de 2015
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    NARCOVIOLENCIA-El Neto juró de todas las maneras posibles que él no era, que él nada había dicho a nadie de cómo era el ir y venir cargado de coca, heroína y muertos por Nuevo Laredo.

    Que él nada tenía que ver con “la contra”, como Los Zetas se refieren a sus enemigos, más concretamente a todo quien tenga algo que ver con El Chapo Guzmán y el Cartel del Golfo.

    Miguel Ángel Treviño había golpeado al Neto durante toda la noche. Horas antes, Heriberto Lazcano, entonces líder de los militares desertores hacia el narco, le ordenó reunir a todos los halcones de la plaza, los ojos y oídos de Nuevo Laredo.

    –Un cabrón está hablando. Le dicen El Neto, búscatelo –pidió a Treviño Morales El 40, afamado desde entonces, 2005, por su implacable capacidad para encontrar y levantar enemigos. Desde antes era temido y reverenciado por su crueldad.

    Miguel Ángel Treviño era un L viejo o un cobra viejo, como en la nomenclatura zeta se llama a los miembros leales y antiguos del cártel, pero de origen impuro por no provenir del Ejército Mexicano.

    Esta regla de oro en La Compañía sería una ley que El 40 desafiaría hasta convertirse en rey cruel.

    El Neto juraba que él no lo había hecho, pero también ya estaba en un momento de la tortura en que podía decir cualquier cosa. Treviño y su estaca, una escuadra de hombres de distintos rangos diseñada a manera de una unidad militar, ya estaban cansados.
    El silencio barría el paraje escogido a las afueras de Nuevo Laredo, cerca de un árbol.

    Treviño Morales caminó hacia la camioneta blindada de su estaca y volvió con un enorme marro.

    –¿A quién, hijo de tu pinche madre? –preguntó sobre el halcón, postrado en el piso.

    El Neto balbuceó cualquier cosa, nada de utilidad para su vida.

    El 40 se aferró al marro con ambas manos, tomó impulso y golpeó sobre la pierna derecha del vigía.

    El hueso salió más rápido que el grito.

    –Amárrenlo al árbol. Que se muera de dolor –pidió Treviño Morales, el hombre que gobernaría a Los Zetas y del cual contaremos parte de su historia y crímenes en base a un testigo protegido en sus andanzas por Nuevo Laredo Tamaulipas durante sus años de gloria ahora preso en una cárcel de máxima seguridad....
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