martes, 6 de enero de 2015

Yo mataba junto al Z-40 Treviño Morales En Nuevo Laredo "La Historia de Karen" PAGINA 5

  • martes, 6 de enero de 2015
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    “Nuevo Laredo está muy caliente. Aguántense unos días aquí. Van a estar en 10”, pidió Lazcano en persona y en referencia a que los hombres harían adiestramiento.

    Cinco días después, Lazcano consideró que el clima había mejorado en Nuevo Laredo y ordenó el regreso de Miguel Ángel Treviño con su grupo. Les comisionó el secuestro de algunos de Los Texas y de un halcón que, según Los Zetas, filtraba información al Cártel de Sinaloa.

    Viajaron durante la madrugada de ese mismo día. Llegaron al retén de la entrada de Nuevo Laredo y continuaron a pie por el cerro para burlar el cerco militar. Recuperaron las camionetas encargadas en una gasolinera y obtuvieron nuevo armamento entregado por un hombre de confianza de Miguel Ángel Treviño. El arsenal oculto en la cabina de un tráiler incluía chalecos antibalas, granadas de mano, escopetas calibre 40 milímetros, lanza granadas, fusiles R-15 y pistolas.9mm.

    Ya equipados, volvieron al campo. Esperaron el resto de ese día y todo el siguiente por instrucciones. A la medianoche, recibieron la orden de convocar inmediatamente a todos los halcones. Citaron a los vigías en la gasolinera de la salida de Nuevo Laredo rumbo a Piedras Negras, Coahuila.

    –¿Quién es El Neto? –preguntó Treviño al grupo de hombres perplejos.

    El Neto no tuvo más opción que identificarse. El 40 pidió al resto que dejaran el lugar y pidió al soplón quedarse para una comisión. Apenas quedaron solos en la estación de servicio, Treviño solicitó a sus gatilleros que esposaran al halcón.

    “Llevamos al Neto a un paraje. El 40 interrogó a Neto sobre la información que se decía proporcionaba. Neto negó que pasara información. Entonces El 40 le pegó con un marro en la rodilla derecha y se la fracturó, dejándolo sin atención médica para que se muriera de dolor. Al día siguiente, Neto amaneció agonizando. El 40 ordenó que lo amarráramos a un árbol. Ahí lo dejamos a su suerte”, relataría El Gori bajo el pseudónimo de Karen.

    Volvieron a la ciudad. Un informante de Treviño los condujo a la guarida de Los Texas. Los capturaron sin mayor problema y los llevaron al mismo terreno en que estuvieron horas antes. El Neto ya había muerto. Quizá sólo fueron ahí para que sus rivales en el tráfico de drogas, secuestro, extorsión y trata presintieran su destino. Pero no lo cumplieron ahí. Volvieron a Valle Hermoso y los entregaron con vida a Lazcano, un hombre que entre sus apodos tuvo el de Verdugo donde tuvieron  su triste final.

    –Denles cinco días de vacaciones y 500 dólares a cada uno –reconoció Lazcano el jefe absoluto los servicios de Treviño y su estaca.

    ***
    El entrenamiento de Los Zetas estaba hecho a imagen y semejanza del impartido a los militares de fuerzas especiales. Por esto es que Los Zetas admiran a los kaibiles guatemaltecos, hombres que sobreviven a uno de los entrenamientos más duros en el mundo.

    Los expedientes relacionados con el cártel incluyen relatos de hombres ahogados por cansancio en una práctica de natación ante la mirada reprobatoria de un instructor. O ejecuciones instantáneas por actos de insubordinación. O suicidios por miedo puro.

    A principios de junio de 2005, durante un adiestramiento físico en una cancha de Valle Hermoso, el comandante Mateo ordenó al Gori realizar 600 lagartijas como castigo por llegar a tarde a la formación. El hombre logró hacer únicamente 100 flexiones antes de desplomarse.

    –Ya no puedo –suplicó El Gori.

    –¡Me vale madres y vuelves a empezar! –bramó Mateo Díaz López, a quien también le tocaría turno de hablar ante el Ministerio Público.

    El Gori se incorporó y, en un descuido, dio la espalda a Mateo.

    –¡¿Te me rebelas hijo de tu pinche madre?! –rugió el comandante zeta y de inmediato levantó su fusil R-15. Caminó hacia El Gori y le disparó en el codo derecho.

    –¡Perdón! ¡Perdón! –suplicó el sicario.

    –¡Si quiero te mato! –gritó Mateo.

    Los demás hombres intervinieron y Mateo aceptó bajar el arma. Obligado a reportar cualquier incidente con Lazcano, le mintió por radio diciendo que se trató de un accidente. El Verdugo quiso cerciorarse personalmente del estado de la tropa y se apersonó en la cancha de básquetbol del pueblo. Escuchó la versión del incidente.

    –Dar la espalda a un superior es señal de desobediencia que se paga con la muerte –sentenció Lazcano, quien mostró algo parecido a la benevolencia y ordenó que llevaran al Gori a atenderse con un médico al servicio del cártel.

    El Gori recibió la prescripción de dos meses de reposo y un obsequio de mil dólares, además de su sueldo regular. Volvió a Veracruz con la consigna de reportarse dos veces al día con Miguel Ángel Treviño.

    –Ya deja de tirar la hueva y concéntrate en la base –ordenó El 40 al Gori.

    Adolorido de todas las formas en que un hombre puede estarlo, El Gori volvió a Valle Hermoso. Le ordenaron seguir a Treviño y asistirlo en la toma del Puerto Lázaro Cárdenas, en Michoacán. Se le debía arrancar la plaza a Los Beltrán Leyva, entonces aliados y principal grupo de fuerza del Chapo Guzmán.

    La avanzada de Los Zetas a Michoacán se hizo con dinero. De acuerdo con las declaraciones valoradas por el juez, los ex militares repartían hasta 50 mil dólares a cada uno de los funcionarios de la Policía Federal, de la Agencia Federal de Investigaciones y de la Policía Municipal de Lázaro Cárdenas.

    Antes del asalto a Lázaro Cárdenas, instruyó Lazcano, la estaca de Treviño debía secuestrar a Arturo Beltrán Leyva en Zihuatanejo. Fueron al puerto de Guerrero, pero no encontraron al Barbas, sino a un grupo de hombres jóvenes a quienes engañaron presentándose como policías federales y luego los ejecutaron.

    “Regresamos a Lázaro Cárdenas. Horas después nos enteramos que uno de los sujetos que matamos era hijo de Arturo Beltrán Leyva y que poco después de que nos retiramos del lugar llegaron 30 camionetas con gente de La Barbie, quienes se llevaron los cuerpos”.

    Cosas de la vida, pragmatismo de los negocios. La traición del Chapo a los hermanos Beltrán Leyva empujaría a que Arturo pactara una coalición con Lazcano y Miguel Ángel Treviño contra el Cártel de Sinaloa.

    Los Zetas fracasaron en la toma de Lázaro Cárdenas. La Familia Michoacana, primero, y los Caballeros Templarios después, mantuvieron la resistencia de ese puerto clave para el ingreso de precursores químicos para la producción de metanfetaminas.

    Al poco tiempo, el gobierno detuvo a varios zetas, entre ellos al Gori. Con el brazo tieso y herido de todas las formas en que un hombre puede estarlo, el ex soldado, ex herrero y ex policía habló. Habló tanto que al final ya también era un ex zeta. Y ya no era El Gori, sino Karen.

    Y dio los detalles del ir y venir con coca, sangre y policías por Nuevo Laredo, la Capital Zeta. *
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