martes, 6 de enero de 2015

Yo mataba junto al Z-40 Treviño Morales En Nuevo Laredo "La Historia de Karen" PAGINA 4

  • martes, 6 de enero de 2015
  • Comentarios
    <---Anterior Pagina 3
    Karen o El Gori realizó estos recorridos entre principios de septiembre de 2004 y mayo de 2005. Durante ese tiempo perteneció, sucesivamente, a todas las estacas de Nuevo Laredo. Tras dejar el grupo del 52, quedó a las órdenes de otro comandante apodado Lucky, luego de Mateo –especialista en explosivos y zeta fundador– y, finalmente, de Miguel Ángel Treviño, “durante este tiempo eran los únicos dueños de Nuevo Laredo”.

    La rotación en las estacas es una práctica zeta. Guarda el propósito de mostrar a los reclutas las diferentes formas de trabajar y la lección fundamental de mantener lealtad ante la organización en su conjunto y no hacia algún comandante en específico.

    A fines de octubre de 2004, Los Zetas de Nuevo Laredo levantaron a un hombre joven, de unos 18 años de edad. Bebía cerveza en el Señor Frog’s y tenía en el estacionamiento una pick up con 40 kilos de cocaína que llevaba desde Navolato, Sinaloa. Lo llevaron a un “punto” cercano a la plaza de toros donde lo interrogaron. El muchacho admitió trabajar para Joaquín El Chapo Guzmán. Heriberto Lazcano ordenó ejecutarlo en un chorro. Pidió que lo asesinaran con discreción, que usaran una pistola calibre .22.

    Llevaron al joven al borde de una excavación para la basura. El Lucky lo arrodilló y disparó una sola vez en la nuca. El Gori y otro nuevo integrante de la banda levantaron el cadáver y lo acercaron a un barril metálico de 200 litros con agujeros cerca de la base. El trabajo, en adelante, sería de dos cocineros o guisadores.

    –¡Que lo hagan ellos! –ordenó el comandante Mateo y señaló con el gesto al Gori y otros tres hombres.

    Como detalle biográfico de Mateo se debe decir que fue el militar designado por el Ejército para vigilar que los miembros de las fuerzas especiales, desplegados a fines de los noventa en la frontera para detener el avance del narcotráfico no se entregaran a este. No sólo ellos lo hicieron, sino que lo hicieron junto con Mateo, un hombre rudo y pendenciero.

    “Bañamos el cuerpo con diesel y le prendimos fuego, indicándonos los ‘cocineros’ que, cada minuto, aproximadamente, le echáramos más combustible para mantener la flama. Mientras, picábamos el cuerpo con una pala de mango largo para deshacerlo y quemarlo más rápido. El tiempo que tarda un cuerpo en reducirse a cenizas es de cuatro horas, pero si se pica frecuentemente, puede durar sólo dos horas y media. El cuerpo se consumió totalmente y quedó una cantidad muy pequeña de cenizas que, junto con los toneles, fueron enterrados por los cocineros”, describió El Gori, en ese momento bajo las órdenes directas del Lucky.

    Siguió la asignación en el comando de Mateo, ocupado en reventar casas, beber alcohol, fumar marihuana y alquilar prostitutas, en ese orden de importancia.

    “Enseguida trabajé para la ‘estaca’ de Miguel Treviño El 40, quien se dedica casi exclusivamente a los levantones. Es muy sanguinario, muy proclive a matar gente, la cual era ‘cocinada’ por los mismos ‘cocineros’ en una bodega vacía, ubicada entre los kilómetros 10 y 14 de Nuevo Laredo a Reynosa. Ahí sólo debe haber tambos y diesel”.

    ***
    En ocasiones, Los Zetas de Nuevo Laredo tomaban un descanso obligado de ocho o 10 días. De vez en cuando, “la leyenda” o “la ley”, casi siempre la PGR y el Ejército aparecían, derribaban puertas, interrogaban a quien supusieran era un rufián y dejaban la ciudad patas para arriba.

    Sicarios y contrabandistas abandonaban los puntos sin armas y, de dos en dos, salían de la ciudad en autobús, táctica que el propio Lazcano utilizaba con frecuencia. O viajaban con la familia completa. Se dirigían al municipio de Valle Hermoso, Tamaulipas, plaza escondite del Lazca. Entonces la cofradía de matones se repartía en las casas rentadas por La Compañía.

    Hacia marzo o abril de 2005, la estaca de Miguel Ángel Treviño recibió noticias de algunos hombres con armas y cocaína, pero sin permiso de Los Zetas. Eran los restos de una banda llamada Los Texas. Treviño poseía todos los contactos en la ciudad. El 40 conocía perfectamente Nuevo Laredo. Nació ahí en 1970. Guiados por policías bajo su sueldo, los hombres del 40 fueron recibidos a balazos. Los ex militares se distribuyeron entre los autos y respondieron el fuego. Hirieron a uno de Los Texas y detuvieron a otro antes de que entrara a la casa. Lograron el asalto del sitio, pero no encontraron nada. Debieron volver con un hombre temblando de miedo y otro con los intestinos de fuera.

    Cuando los subieron a la camioneta escucharon a Omar Treviño, Z-42, a través del radio, gritar por ayuda. Estaba en medio de una refriega con agentes de la Policía Estatal.

    –¡Voy atrás de ti! –escucharon a Mateo.

    –¡Nomás son tres pinches patrullas! ¡Jálense para acá! –instruía El 42.

    En el camino, el grupo de Miguel Ángel Treviño se encontró con la estaca del Pollo, también en dirección al enfrentamiento.

    La Cherokee de Omar Treviño, hermano de Miguel Ángel, estaba con las llantas reventadas y el frente impactado contra un poste. Mateo, con su vehículo utilizado como barricada, y detrás de Omar, apoyaba en la desventaja. Cuando llegaron los dos grupos de refuerzo, los policías estatales cesaron el combate y se mantuvieron bocabajo.

    Los Zetas avanzaron hacia El Flaco, un hombre de la estaca del 42, con dos tiros en la espalda y huyeron.

    Por el radio, los halcones no paraban de repetir que tenían al Ejército a nada de sus talones. Llevaron al Flaco al Centro de Especialidades de Nuevo Laredo y lo abandonaron en la entrada de la sala de urgencias. Continuaron a la salida a Reynosa y se internaron en el monte. Esperaron órdenes de Lazcano.

    –¡Equípense, reagrúpense y rescaten al Flaco aunque se tengan que partir la madre con el Ejército! –exigió el jefe zeta.

    A punto de partir hacia la clínica, Lazcano reapareció por el radio.

    –Déjenlo por la paz. No tiene caso arriesgar más vidas. Si El Flaco está grave, mejor muévanse para la base –pidió.

    Los hombres repartieron las camionetas y el equipo con personas de confianza. Vistieron de civil y salieron de Nuevo Laredo.

    Antes, Miguel Ángel Treviño entregó a los dos hombres de Los Texas, el moribundo y el muerto de miedo. Los dejó con los “cocineros” y, junto con El Gori, continuó su camino hacia Valle Hermoso.
    CONTINUA Clic aquí para Leer la PAGINA 5

    Apóyanos con un me gusta a nuestra página de Facebook/NarcoviolenciaOficial
    Compartir:

    0 comentarios:

    Publicar un comentario