martes, 24 de febrero de 2015

Mariguana, un trabajo de mucho peso

  • martes, 24 de febrero de 2015
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    Culiacán, Sinaloa.-NARCOVIOLENCIA- Llega puntual a la cita. Viste casual: un pantalón de mezclilla, playera, tenis y cachucha, su acento delata que es un hombre de campo y muy ranchero. Éste no nos dio su nombre real, pero le apodan ‘El Chuy’ para que lo identifique durante el relato. Es una persona de aproximadamente 30 años quien, como muchos, se ha dedicado a cosechar mota en sociedad con otros dos individuos.

    La travesía. En una entrevista señaló qué era lo primero que hacían para empezar con el trabajo de este tipo. "Pos buscar la tierra adecuada, limpiarla, barbecharla con arado a todo pulmón y a puro chi...". Después se dedican a buscar quién les consiga la semilla que van a sembrar.
    Tras ser cuestionado sobre quién se las vende, comenta tajante: "un conocido de uno de mis camaradas", sin dar más detalles de su identidad.

    Después, al parecer ya un poco más relajado, señala que este negocio tiene mucho más trabajo del que parece ya que se empiezan a hacer los hoyos para echar.

    Posteriormente, instalan un sistema de riego para tratar de levantar una mejor cosecha y se cuida todos los días como cualquier otra siembra. Se tiene que estar bien atento para evitar que se llene de pasto o le vaya a caer plaga, recalcó el entrevistado.

    Perdidas.
    "Después, uno tiene que soltar billete pa' comprar fertilizantes", añade con un tono de voz muy seguro, que se nota que sabe de lo que está hablando. "Luego de la ch... que nos aventamos, una vez, cuando sembramos más de una hectárea en Badiraguato, cayeron los wachos y lo fumigaron", dice El Chuy. Pueden llegar a levantar por lo menos 90 kilos de mota por hectárea. Agrega que en otra ocasión también pasaron por una mala situación. Cuando tenían un plantío en Sinaloa, municipio, en un rincón a donde pueden entrar pocas personas, llegaron lo soldados y acabaron con todo.

    Pero señala que en esa ocasión hubo gente que sí alcanzó a cosechar. Luego de todo el proceso, se asegura de que los compradores de la droga acudan al sitio para tratar de hacer negociaciones. Hay quienes la venden muy rápido, otros que la llevan a la frontera para tratar de ganar un poco más de dinero. Incluso hay quienes la fían a personas para que traten de cruzarla a Estados Unidos y así, conseguir más ganacias; pero eso tiene más riesgo, según manifiesta, ya que hay quienes jamás regresan a pagarle. "Eso es parte de este negocio", comenta.

    Por último, agrega: "yo ya me retiré de este jale y tengo familia. Pues es mucho riesgo, eso es para cuando uno está plebe", dice. Aunque, a pesar de preguntarle en repetidas ocasiones cuántas veces había alcanzado a levantar la cosecha, asegura que nunca alcanzó a hacerlo.

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