martes, 27 de octubre de 2015

Me dicen: "El más loco" la Historia del Capo que murió 2 veces y que publicaba libros

  • martes, 27 de octubre de 2015
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    Éste es uno los testimonios que hemos recopilado entre gente metida contra el Narco que forman parte de Los Narco Relatos un proyecto que recopila las historias que se cuentan a diario en México son la huellas de la Guerra contra el Narcotrafico y que damos cuenta aquí.
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    Nazario Moreno, el Chayo, uno de los narcos más extraños de la historia del narcotráfico. Primero, porque quizá sea uno de los pocos hombres que oficialmente murió dos veces. En diciembre de 2010, el gobierno de Felipe Calderón anunció con bombo y platillo la muerte del capo en las inmediaciones de un pueblo llamado Holanda, municipio de Apatzingán. Aunque se explicó que había sido abatido en un enfrentamiento con policías federales, nunca se presentó el cadáver. Sin embargo, su nombre fue borrado de las listas de los hombres más buscados por las autoridades.

    Pero en Marzo del 2014 se hizo oficial, cosa inverosímil, la muerte de un hombre muerto. Esta vez, la versión fue apoyada por las cuentas en redes sociales que tienen las autodefensas de Michoacán. Después el gobierno de Peña Nieto  hizo la confirmación oficial y comenzaron a circular fotografías. Lo segundo y tal vez, lo más increíble de este caso, es que con la muerte del Chayo, se termino la historia del capo que publicaba libros. Se sabe que ordenó la impresión de por lo menos tres. El primero, Código de los Caballeros Templarios de Michoacán, es un reglamento de lo que deben y no deben hacer los hombres que aspiraban a ingresar a esta organización. Pensamientos, en el que da vuelo a sus aires de erudito y comparte su visión sobre la vida, la guerra y el hombre. El último y quizá el más polémico fue Me dicen: "el más loco", en donde cuenta sobre su infancia, su juventud y vida adulta. Reconoce su adicción al alcohol y las drogas y decide rehabilitarse. A partir de ahí, Nazario Moreno González cuenta que se interesó por el conocimiento, lee y acude a conferencias. Vaga por todo México disfrazado de pordiosero, en busca de la sabiduría.
    Ya como líder de La Familia, intentaría sin éxito, contagiar esta hambre del saber a sus correligionarios. En Me dicen: "el más loco" indica que pagó a Carlos Cuauhtémoc Sánchez y Miguel Ángel Cornejo por una serie de conferencias para su gente. Esta publicación fue distribuida de forma masiva en las áreas costeras de Michoacán y Guerrero. Escuelas, transporte público o edificios oficiales fueron inundados por cajas y cajas de este libro, cuya prohibición solo alimentó el morbo de leerlo. En dos ocasiones se detuvo a personas que lo repartían de casa en casa.
    En este libro, el cual constituye una especie de autobiografía, es posible entrever algunos motivos que orillaron a este hombre a encabezar una de las organizaciones más violentas del mundo. Pobreza, injusticia, migración y tráfico de enervantes están presentes sí, pero también, una personalidad escondida en un humilde niño que luego, dejaría salir toda su furia desde el lado de las armas.

    Pero que hay de su historia de este hombre que recuperado de la adicción a las drogas que vendió industrialmente se levantó, anduvo y lideró a Los Caballeros Templarios y que conquistó con un cuerno de chivo en una mano y una Biblia en la otra. Esta es su historia…
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    Narcoviolencia.com.mx-La refriega trajo consigo el silencio salpicado de la voz metalizada a través de la radio. Los narcotraficantes michoacanos escucharon a los combatientes de las fuerzas especiales del Ejército Mexicano y de la Secretaría de Seguridad Pública preguntarse si en el enfrentamiento había muerto El Chayo.

    El ataque a Holanda, en el municipio michoacano de Apatzingán, había cesado. El asalto fue diseñado por el gobierno mexicano en conjunto con la DEA, presumiría el jefe de operaciones de entonces de la agencia antidrogas norteamericana, Thomas Harrigan. El funcionario relató ante el Senado de Estados Unidos cómo las detenciones y abatimientos de los capos mexicanos presumidos por la administración de Felipe Calderón como propias eran, en realidad, operaciones aprobadas por Washington.

    Y Harrigan aseguró que Nazario Moreno, El Chayo, estaba muerto, aunque nunca nadie vio su cuerpo.

    El día del abatimiento, 8 de diciembre de 2010, y cuando terminó el tableteo de los fusiles, El Chayo pegó la oreja en el aparato de intercepción de comunicaciones. Escuchó a los militares preguntarse si lo habían asesinado y él asintió.

    “Yo vi a Nazario”, son palabras repetidas por toda la Tierra Caliente michoacana. “Lo vi en una fiesta en Apatzingán”, detalla alguien que reclama la omisión de cualquier detalle de su persona. “Nos sentamos en la misma mesa. Me platicó que sus migrañas son por una placa de acero metálica que le pusieron en la cabeza. Yo sabía de esta condición y siempre pensé que había sido un tiro, pero no: le patearon la cabeza en una pelea campal durante un partido de futbol”.

    Desde entonces, Nazario Moreno es [o fue] un hombre que sufre [o sufrió] jaquecas como si dentro del cráneo tuviera un tren descarrilando. Quizá desde antes fuera excéntrico, locuaz, arrebatado, violento. Tal vez desde que se fue de mojado a Estados Unidos y, en el norte de California, pescara una adicción a las metanfetaminas que, en ese tiempo, principios de los 90, no significaban nada en el mercado de las drogas.

    Pero lo harían.

    Atrapado en el cristal, Nazario conoció un ministro de culto religioso o, al menos, tuvo contacto con su ministerio religioso. El pastor evangélico, John Eldredge, sería una de las mayores influencias religiosas del michoacano, quien volvería a México curado de las metanfetaminas y dispuesto a fabricarlas y a fundar un imperio que fue, al mismo tiempo, la promesa de una tierra sagrada.

    Desde 2008, los reportes de las agencias antinarcóticos de Estados Unidos reportaban la emersión y fortalecimiento de la banda de traficantes michoacanos proclives a comportarse al “estilo Robin Hood”. Los informes mexicanos los describían con tendencias “políticas anti neoliberales”. La organización, entonces plegada en un solo cártel, La Familia Michoacana, mostraba una atípica propensión por la propaganda y su difusión en los medios de comunicación y las escuelas rurales.
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    EL LIBRO DE NAZARIO

    Son realmente excepcionales las páginas de su libro, Pensamientos, en el que El Más Loco no mencionara a Dios. Las referencias al perdón, la humildad, la honestidad y la caballerosidad atascan el centenar de páginas que, para las autoridades federales, representan una suerte de biblia o evangelio del fundador de La Familia Michoacana e inspirador fundamental de Los Caballeros Templarios de Michoacán.

    Al mismo tiempo, es casi imposible encontrar ausencia de tortura o mutilaciones en las miles de ejecuciones cometidas por órdenes directas o indirectas de El Más Loco. Es mucho más frecuente el hallazgo de rótulos dejados a lado de esos cadáveres: “Esto es justicia divina”.

    Las contradicciones de los narcotraficantes michoacanos, peculiares por el ejercicio de la brutalidad y su carisma religioso, se explican en la personalidad e influencias literarias de Nazario.

    Durante los últimos años, la policía federal y el ejército han confiscado miles de armas, kilos de marihuana, heroína y de precursores químicos para la producción de metanfetaminas y detenido o abatido a cientos de miembros de la Familia Michoacana o de su escisión, Los Caballeros Templarios.

    En el curso de esas operaciones las agencias mexicanas apoyadas en las estadunidenses, principalmente la DEA, también han asegurado material propagandístico, ideológico y ritual del que podría ser, por sus propósitos sociales y evangélicos, el cártel de las drogas más peculiar, en este momento, del continente.

    Uno de estos materiales fue encontrado en un albergue de recuperación contra las adicciones llamado Gratitud, en febrero de 2007. Es un libro impreso en serie llamado Pensamientos y escrito por el propio Nazario.

    No se indica editorial alguna ni taller de producción. El libro tiene 100 páginas numeradas y casi todas están rematadas con la leyenda El Más Loco. Su tipografía es cursiva y las faltas de ortografía y sintaxis son abundantes. Los tiempos verbales sufren súbitos giros y las ausencias de puntuación colocan a El Más Loco dirigiéndose con frecuencia a sí mismo o pontificando en calidad de Dios.

    Al final se indica que ese ejemplar se imprimió como parte de su cuarta edición, de la que, entre noviembre de 2006 y septiembre de 2007, se habían impreso 26 mil 500 copias.

    Algo más sobre el libro incautado y del que posee copia: está firmado por el mismo puño de El Más Loco:

    “Ni el hierro ni el acero ni siquiera el oro tienen el balor [sic] de un hombre honesto honrado trabajador integro… La mejor erencia [sic] que le puedes dejar a tus hijos amigos y familiares es tu propio ejemplo. Atte. ‘El Más Loco’”.......
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