lunes, 16 de febrero de 2015

Me dicen: "El más loco" la Historia del Capo que murió 2 veces y que publicaba libros PAGINA 2

  • lunes, 16 de febrero de 2015
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    El Más Loco se describe en los forros de su libro como un hombre meditabundo y reflexivo en el Cerro del Húngaro, cercano a su pueblo, Apatzingán, corazón de la Tierra Caliente de Michoacán.

    La referencia de sí mismo, espiritual y en las alturas, es un lugar común tomado por Nazario de John Eldredge, su principal influencia evangélica y autor estadunidense de Salvaje de Corazón, libro obligatorio para los narcotraficantes iniciados como Caballeros Templarios.

    La estructura y tono del libro de Nazario González quedan claros desde el comienzo, con la reproducción de un acróstico:

    “Es una verdadera fuente de sabiduría
    “La obra que ahora nos presenta el autor

    “Motiva, ilustra, enseña y proporciona
    “Ánimo y empuje hacia la superación
    “Siendo ‘El Más Loco’ un verdadero mentor

    “Loco, para nada ciertamente no lo es,
    “Objetable en lo absoluto esa denominación.
    “Cuerdo, sabio e inteligente, en cambio,
    “Opino merece esta obra honorífica mención”.

    ¿Y la masacre?

    Las palabras escritas por El Más Loco en el Cerro del Húngaro no fueron las únicas publicadas por La Familia Michoacana en 2006.

    El 12 de agosto de ese año, en Apatzingán mismo, un grupo de hombres vestidos de negro y encapuchados entraron a casa de los hermanos Colima Hernández. No dudaron. Tras asesinarlos, siguieron la estampida. Dejaron un mensaje escrito: “El tiempo no borra el odio. Para que sepan que todo el que se mete con La Familia con su vida ha de pagar, saludos de don Andrés”. El mensaje hacía referencia a un hombre asesinado 12 años atrás.

    Nueve días después, una cabeza humana apareció en un puente del municipio de Tepalcatepec. Había un pliego de papel cascarón: “Asi sucede cuando piensas o imaginas que mis hojos no te pueden mirar y que pronto estaras aquí la familia te saluda… Piensa en mi ‘bay chatos’ [sic]”.

    *********************

    LA GUERRA EN TIERRA NARCA


    Nazario no tiene [o no tuvo] un nombre, posee otros seis: El Chayo, El Dulce, El Pastor, El Doctor, El Macho Loco, El Más Loco. Y sólo una fecha de nacimiento: el 8 de marzo de 1970, en Apatzingán, capital de la Tierra Caliente michoacana.



    Mide 1.65 metros. Es moreno claro y tiene cejas gruesas, la nariz afilada, ligeramente aguileña. La barbilla es prominente –o las fotos obtenidas por la policía lo muestran en permanente desafío–. Tiene ojos oscuros y entrecerrados, acechantes, frente amplia y abundante cabello negro. Una placa metálica está incrustada en el parietal izquierdo de su cráneo. Pocos saben que llegó ahí por una patada en un juego de futbol descompuesto en una bronca campal. Desde entonces sufre terribles dolores de cabeza.

    Su historial también menciona su detención en 1994, en Mc Allen, Texas, por tráfico de droga.

    Al menos desde inicios de la década anterior, un grupo de michoacanos al que él perteneció se empecinó en hacer negocio con la droga en Estados Unidos, alentados por las historias de sus padres y abuelos braceros, quienes no paraban en relatar la fascinación de los gringos por la marihuana.

    Cuando volvió de aquel país El Chayo aún no era El Más Loco, pero ya era un hombre que andaba por las ardientes cañadas michoacanas con una biblia en la mano y el cuerno de chivo en la otra. Para entonces ya le hacían guerra a Los Valencia, jefes del Cártel del Milenio.

    Nazario Moreno González y Jesús, El Chango, Méndez Vargas iniciaron el cobro de cuotas a narcotraficantes para que pudieran operar en Michoacán al tiempo que su grupo, en aquel tiempo llamado “La Empresa”, se consolidaba como una célula del Cártel del Golfo.

    Algunas claves de la actividad de Nazario fueron dadas por “Ricardo”, un policía judicial de Michoacán vendido al narcotráfico y luego reconvertido por la Procuraduría General de la República en testigo protegido y que consta en la averiguación previa PGR/SIEDO/205/209

    Desde 1991, el agente “Ricardo” trabajó para los cárteles del Golfo, del Milenio y de la Familia Michoacana. El policía no era más que un transportista de cocaína, marihuana e ice.

    Aún subordinados al Cártel del Golfo, los michoacanos eran dirigidos por Carlos Rosales Mendoza, apodado El Negro o El Tísico, lugarteniente de los tamaulipecos en Guerrero. En aquellos días, Nazario era jefe de plaza en Morelia y mantenía similar jerarquía con Jesús, El Chango, Méndez Vargas, apostado en Apatzingán.

    A fines de los 90, Nazario, según las acusaciones de la PGR, tenía una relación privilegiada en la capital michoacana. Era compadre del primer comandante regional de la policía ministerial en ese entonces, Noé Medina.

    Tras la detención del líder del Cártel del Golfo en esa época, Osiel Cárdenas Guillén, los terracalenteños buscaron su independencia en choque frontal con aquella organización y, poco tiempo después, con Los Zetas.

    Si algo está claro en el pensamiento de Nazario es su voluntarismo. Después de Dios la idea más arraigada en sus Pensamientos es la superación de los problemas.

    “Muchachos, ánimo y nunca le tengan miedo a nada ni a nadie, al contrario hay que vencer los obstáculos con valor y decisión, siempre pensando en el éxito porque sólo los perdedores no lo enfrentan [...]

    “Convéncete de que el mundo no es un parque de diversiones, sino un ambiente de trabajo, no, no es un día festivo que se nos dio para descansar, sino un curso intensivo de aprendizaje [...] y empieza a amar a todos sin hacer preferencias y trata a la gente como te gustaría que te trataran y nunca desprecies a nadie”.

    El gobierno federal persiguió a los michoacanos, alentado por las pretensiones políticas y sociales de estos, y en julio de 2006 arreció la acometida. Nazario se refugió en Estados Unidos, pero no por mucho tiempo. Volvió en septiembre de ese año para llorar sobre la tumba de su hermano Eliodoro, asesinado pocos días antes en Morelia. Por esas fechas escribió Pensamientos.

    “Aquí postrado a los pies de mi propia muerte quisiera estar. Es tanto el dolor que ya no quiero existir más, elevando una plegaria a Dios le pido me fortalezca. Abatido le hice una petición, le pedí que me diera su perdón y me dio clemencia, le pedí me diera alegría y me dio tristeza, le pedí me diera amargura y lapidaba mi alma y me dio soledad”.

    En el mismo mes de la muerte de Eliodoro a El Más Loco se le vio en La Piedad. Viajaba en una Hummer amarilla. Por eso también llama la atención lo escrito por esas mismas fechas en Pensamientos:

    “No es más rico quien más dinero tiene, sino el que menos necesita”.
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