lunes, 19 de octubre de 2015

"Memorias de un Capo" Miguel Ángel Félix Gallardo

  • lunes, 19 de octubre de 2015
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    Éste es uno los testimonios que hemos recopilado entre gente metida contra el Narco que forman parte de Los Narco Relatos un proyecto que recopila las historias que se cuentan a diario en México son la huellas de la Guerra contra el Narcotrafico y que damos cuenta aquí.
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    Por: Diego Enrique Osorno
    En sus diarios, escritos desde el penal, el narcotraficante Miguel Ángel Félix Gallardo uno de los mas grandes narcotraficantes que haya tenido México y tío de la celebre "Reina del Pacifico" Sandra Avila quien ahora se encuentra libre, cuenta su relación con policías y funcionarios asi como la traición a manos de un comandante y la historia de pan y circo que se acostumbro en el sexenio de Salinas de Gortari y su vida en la cárcel en la crónica de un capo de los grandes.
    En el año de 1997, el disco el Jefe de jefes de los Tigres del Norte se convirtió en uno de los diez más vendidos en español, por encima de los boleros de Luis Miguel. La canción que da nombre al disco narra la historia de un hombre conocido y respetado, que lo mismo navega debajo del agua que vuela en las alturas. Muchos han querido tomar su lugar, pero han muerto en el intento. La gente se acerca a pedirle favores, y se acoge a su sombra y grandeza.
    El corrido expresaba la importancia que había  tomado en la cultura popular la figura del capo de las drogas, luego de intensos años de lucha entre los policías y el crimen organizado, así como entre bandas de narcotraficantes por el control del territorio. Tras el lanzamiento del disco, una tienda de armas de California puso a la venta 200 revólveres calibre .30, a 2 000 dólares cada uno, con el gatillo y el martillo de acero inoxidable, los tornillos de oro  y la frase “El Jefe de jefes” unida al grabado de un caballo bronco y al escudo nacional de México. Si el mercado musical cambiaba, el de los armeros también: en lugar de las pistolas conmemorativas de Pancho Villa, ahora preferían vender las inspiradas en el “capo de la droga”.

    Aunque no lo hacía explícito, la gente suponía que la canción estaba inspirada en Miguel Ángel Félix Gallardo, el líder que durante los años ochenta logró controlar bajo su mando el negocio de la droga en México: El Jefe de jefes (Más tarde, el ahora fallecido Arturo Beltrán Leyva adoptaría como mote el título de Félix Gallardo).. Cuando salió la canción, Félix Gallardo, que había sido apresado en 1989, purgaba su condena en la prisión de alta seguridad de Almoloya de Juárez, ahora llamada del Altiplano.
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    Mediante una pagina web que se hizo dedicada a Miguel Angel Felix Gallardo y administrada por sus hijos fue como pude contactar con uno de sus hijos para saber mas sobre este capo.

    Así fue como inicié correspondencia con uno de los 17 hijos de Félix Gallardo, un joven treintañero al que tampoco le gustan los corridos y al que la historia aparecida en periódicos europeos sobre el periplo del hijo de Bin Laden, buscando un país donde vivir, le pareció conmovedora, quizá porque algo de eso ha vivido él también. “No estudié leyes pero en algún momento quise hacerlo al igual que también algo de política, pero de haberlo hecho quizás no hubiera tenido éxito ya que la gente, cuando sabe de dónde vienes, le pone un “narco” a tu profesión. Por ejemplo narco-abogado, narco-político, etc. Así jamás te dejan trabajar. Los problemas de los padres a veces se heredan de cierta forma”, publicó el hijo de Félix Gallardo, en la página web dedicada a su padre.

    Durante el intercambio de cartas, Jif -que es cómo se identifica por internet- me escribió: “Hay personas que escuchan el nombre de mi papá y lo asocian a sucesos lamentables en los que en general no tiene mucho que ver. Le tachan de envenenador y demás. Yo no puedo afirmar ni negar que haya sido traficante de drogas, eso es un asunto legal en el que no me puedo meter. Lo que yo tengo entendido es que en los setentas y ochentas, México solo era un trampolín hacia Estados Unidos y que el ‘producto’ no se quedaba aquí. En 1989, cuando mi papá fue detenido yo era muy joven. Lo que nunca olvidaré es que en las noticias lo presentaron acompañado de imágenes de niños de África desnutridos y otros aquí en México oliendo resistol, como si mi padre hubiera sido el responsable del hambre y las condiciones sociales del país”.

    Cuando encontró el mejor momento para hacerlo, el hijo de Félix Gallardo le planteó mi inquietud a su padre. Él aceptó de inmediato recibirme en el Penal de Máxima Seguridad del Altiplano para concederme una entrevista, sin embargo, al poco tiempo me di cuenta de que podía ser más fácil que se legalice la mariguana en México que el que un reportero entre a Almoloya para tratar de hacer su trabajo. A lo largo de la historia de la penitenciaría diseñada por el criminólogo Juan Pablo de Tavira, apenas un puñado de periodistas, entre ellos el reciente fallecido Julio Scherer, Carlos Marín y el fallecido Jesús Blancaornelas, han podido tener conversaciones periodísticas con internos. En comparación con Colombia, donde más de un jefe del narcotráfico ha dado su testimonio sobre uno de los mayores negocios que existen en América Latina, en México pocos han sido los personajes importantes del crimen organizado que han relatado sus experiencias, como lo hizo antes Rafael Caro Quintero y en México con Sandra Ávila Beltrán, “La Reina del Pacífico”.

    Hablar con el diablo nunca ha sido fácil.

    “El escrito le apena por la calidad en comparación con lo que hacía antes, esto debido a sus problemas de la vista y al tener que escribir a escondidas y con prisas.”, me dijo el hijo de Félix Gallardo que me entregó el manuscrito hecho por su padre durante los últimos meses en el interior de la cárcel.* Tras revisar las 35 cuartillas del texto pregunté a varios especialistas en el tema del narcotráfico, si conocían alguna reflexión escrita en primera persona por un capo mexicano de la droga. Ninguno recordó que existiera tal antecedente.

    Estos diarios de “El Jefe de jefes” que se publican a continuación, comienzan relatando los días previos a la detención de Félix Gallardo. Sus captores, los superpolicías de la época, Guillermo González Calderoni y Javier Coello, protagonizan el relato inicial. El entonces comandante de la policía judicial federal, González Calderoni, aparece descrito por Félix Gallardo como un amigo que lo traiciona por órdenes del subprocurador de la PGR, Coello Trejo. El 5 de febrero de 2003, González Calderoni murió ejecutado en Texas, después de varios años de haber huido de México, donde enfrentaba cargos por el asesinato de los propietarios del Café La Habana de la Ciudad de México. Por su parte, Coello Trejo, conocido como “El Fiscal de Hierro”, se retiró de la vida pública y de acuerdo con notas periodísticas puso un despacho de abogados en Chiapas, estado en el que llegó a ser secretario de gobierno.

    En sus apuntes, Félix Gallardo hace acusaciones y cuenta pasajes de sus días en el Reclusorio Sur de la Ciudad de México, donde permaneció tres años antes de ser trasladado al Penal de Máxima Seguridad de Almoloya. Nunca se dice inocente y tampoco exige que lo liberen. Se queja, en cambio, de que sus propiedades le fueron arrancadas como un botín y relata el miedo que tuvo a ser ejecutado, mediante la ley fuga. “El Jefe de jefes” a veces va sin avisar de un asunto a otro en los textos escritos hechos en su celda. Lo mismo recuerda su presentación ante la prensa o diserta sobre el caso de Enrique Camarena, agente de la DEA asesinado en 1985; equipara su detención con la de Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, ocurrida, al igual que la de él, durante el comienzo del gobierno de Carlos Salinas de Gortari; así como desvela que algunos policías, a través de la mediación de Amado Carrillo, lo visitaban en la cárcel buscando que los auxiliara a resolver crímenes famosos como el del periodista Manuel Buendía.

    Almoloya es otro de los protagonistas en los diarios. La cárcel mexiquense lo mismo puede ser el lugar donde los internos discuten con el maestro de la Universidad Iberoamericana, Germán Plascencia, sobre el alzamiento del EZLN y la muerte de Colosio en 1994, que un sitio horrendo de donde nunca saldrá nadie con vida, y en el que hasta Raúl Salinas de Gortari puede padecer los mismos infortunios de los que se quejan los demás internos.

    “El Jefe de jefes” enseña parte de su árbol genealógico y lo compara con el de la familia Arellano Félix para rechazar el supuesto parentesco con los hermanos que dirigieron el Cártel de Tijuana. A Sandra Ávila Beltrán, “La Reina del Pacífico”, asegura que nunca la conoció. Félix Gallardo reflexiona en sus escritos sobre la histórica lucha contra el narco desde los tiempos de la Operación Cóndor en los setenta,  hasta la fecha, y hace sus propias recomendaciones para acabar con la problemática. Vicente Fox, por quien, asegura, votó esperanzada toda su familia, lo decepciona como presidente, aunque defiende también su papel en la fuga de Puente Grande de Joaquín “El Chapo” Guzmán, a quien evita mencionar por su nombre.

    “Cuando nosotros los viejos capos...”, escribe con un aire nostálgico en la penúltima hoja de sus diarios. Ahí cuestiona el hecho de que la justicia lo haya alcanzado a él y a otros de los suyos como Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, pero no a los banqueros acusados de fraude, Carlos Cabal Peniche, Jorge Lankenau y Ángel Isidoro Rodríguez “El Divino”.
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