domingo, 8 de febrero de 2015

"Memorias de un Capo" Miguel Ángel Félix Gallardo PAGINA 3

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    LAS GUACAMAYAS

    Cuando me fui de Mazatlán, Sinaloa, en marzo de 1987, me quedé a vivir en Guadalajara con mi familia, ellos en una casa y yo en otra, nos veíamos los fines de semana, a veces cada mes o dos. Yo estaba buscando la manera de presentarme a las autoridades (Juez 4° de Distrito en Guadalajara), me asesoraba el Lic. Fernando Martínez Inclán quien me decía: “Espérate un poco más al cambio de gobierno, te presentaremos amparado, tu caso es de presión política, espérate”.

    En Guadalajara por esos tiempos estaba de comandante Guillermo González Calderoni a quien yo ya conocía, le mandé pedir que no molestara a mi mamá y familia, él me mandó contestar que con ellos no era el problema y que quería verme, ya a las 3 o 4 llamadas no podía negarme y acepté, me envió a un hombre al que yo le tenía confianza, el agente Héctor Sánchez Landa y a 3 hombres más cuyos nombres me los reservo, me dijeron que la cita sería en la casa de Calderoni cerca de la Universidad de Guadalajara (en la pura esquina). Se trataba de una residencia con cochera doble, en ella sólo había un velador mayor que abrió la cochera para que entrara mi automóvil, recuerdo que Calderoni me recibió en la misma entrada, ya entrando había un par de guacamayas en una gran jaula blanca que me llamaron la atención y Guillermo me dijo “te las regalo”.

    Pasamos hacia el interior del domicilio, a la entrada a mano izquierda estaba la cocina, de frente un recibidor o sala con un comedor también a la izquierda, tengo entendido que la renta de la casa la pagaba un Sr. americano de apellido Ayala, con esta persona Guillermo habló por teléfono en mi presencia por medio de un dispositivo intercomunicador, el cual permitía contestar en la cocina, comedor o sala. Se jugaron bromas por teléfono tales como: “Tú me estás grabando, yo también”, etc., luego de esto Calderoni y yo platicamos de mi problema y me dijo: “Mira, con el que hablé es con quien llevo la investigación del caso donde se te menciona, esto es para llenar el requisito de joderte, pero no hay nada firme en tu contra, en el cambio ayudaré a que te presentes”, seguimos platicando de otros temas, me pidió un favor y quedamos de volver a vernos pronto; le señalé el domicilio de un amigo por la calle de Cosmos cerca del restaurant Izao, ahí me envió días después las guacamayas que tenía en su residencia, las recogí y las llevé con mi familia, ese Sr. Ayala con el que habló Memo por teléfono sabía de las guacamayas.

    “NO TE CONOZCO”

    Mientras Calderoni estuvo en Guadalajara nos vimos unas 5 veces, en una de éstas le pedí el favor de que no molestara a René Calderón, cuyo hermano Inés había sido asesinado por el equipo de Guillermo en un operativo en Culiacán. Después de un tiempo Guillermo fue asignado a la plaza de Monterrey y nos despedimos en la casa de Héctor Sánchez Landa; ya él en Monterrey seguimos en contacto, cuando se ofrecía hablar, él me dejaba recado con mi amigo Budy Ramos, y yo me reportaba de otro teléfono. Él enviaba a Guadalajara frecuentemente a Héctor Sánchez Landa y éste le llevaba recados y así seguimos la amistad hasta aquel 8 de abril de 1989 cuando me traicionó mandándome detener en la casa del Budy Ramos en Cosmos. Había llegado yo a ese domicilio minutos antes, pues a mediodía me vería con Calderoni en el restaurant Izao a media cuadra de ahí; al llegar el operativo a dicha casa, penetraron los agentes Cipriano Martínez Novoa y Roberto Sánchez, al igual que 3 elementos más quienes me tumbaron de un riflazo al suelo; esos elementos me conocían desde 1971 de Culiacán. Afuera apoyó el operativo el jefe de grupo Salvador Vidal, al estar yo tirado al suelo llegó Calderoni a quien le dije: “¿Qué pasa Memo?”, y me contestó: “No te conozco”. Fui levantado y sacado del domicilio en aproximadamente 1 minuto o 2, yo no iba armado ni poseía ninguna droga, a la familia que estaba en Cosmos la dejaron retirarse del lugar, me llevaron [a una] casa en una Ichi Van tirado en el piso, en este otro lugar había muchos dispositivos de intervención telefónica, radios, vehículos y otros elementos.

    Ahí me dijo Memo: “Discúlpame, pero esto es una orden de México y tuve que cumplirla, tú no tienes problemas graves, vas a salir pronto de la cárcel, yo te voy a ayudar”, etc., hizo una llamada a México con Javier Coello Trejo y le dijo: “Ya lo tengo, ¿qué hago?”. Recibió una instrucción y salimos rumbo al aeropuerto, tardamos unos 45 minutos en llegar, yo tirado en el suelo de la Ichi Van y una caravana de unos 5 carros escoltándonos, no hubo muchos agentes, en total habrán sido unos 15, entre ellos una mujer con una cámara fotográfica que tomó fotos cuando me aprehendieron y en el aeropuerto todos posaron conmigo, unos 20 minutos después llegó al aeropuerto un Lear Jet que decía Petróleos Mexicanos, aparato blanco al cual subimos Memo, unos 6 elementos más, entre ellos Roberto Sánchez y Cipriano Martínez, los pilotos y yo.

    Llegamos al hangar de la pgr en México una hora después, ahí nos esperaban un Cte. Manuel Pozos y 2 suburbans que nos transportaron a la calle de Soto, oficinas de la pgr. Pozos me quitó los calcetines y me bajó a los separos del edificio, me introdujo en una celda del fondo con guardias de vista, serían la 1 o 2 de la tarde, minutos después llegó otro comandante, quien me condujo a una sala con una mesa redonda, habría unas 8 personas de las cuales reconocí al frente a Coello Trejo. Bueno, antes quiero relatar que tanto en la casa de seguridad tanto como en el avión, Calderoni me rogaba que no le dijera a Coello Trejo que nos conocíamos, ya que a cambio él me ayudaría en el futuro y dejaría en paz a mi familia.

    “USTED CHINGÓ A SU MADRE, DON MIGUEL”

    De frente a Coello Trejo y los que lo acompañaban, éste (Coello) prepotente y grosero me dijo: “Usted chingó a su madre don Miguel, ya está en mis manos, cante todo su rollo por la buena o se lo saco a chingadazos, a quiénes soborna, con quiénes trabaja, cantidades de dinero, dígame todo o se va a arrepentir y de todas maneras me lo dirá”. Yo le contesté: “No tengo nada que decirle, confórmese con que ya me tiene aquí, qué quiere que diga, tengo años sin ver a nadie, pocas veces veo a mi familia, no he cometido ningún delito y si me prueban algo, pagaré con cárcel”. Los presentes vieron cuando le dije: “Me hubiera llamado y me hubiera presentado”. Me dijo: “No te agarramos nada, pero te voy a chingar”. Irritado ordenó me sacaran de la sala y me condujeron a los separos, estuve más de un día bajo torturas, toques, tehuacanazos, a veces desmayado, otras sentado o parado. Lo que me preguntaban yo no sabía nada de ello, mejor que nadie ellos lo sabían, ahí estuvieron los comandantes Manuel Pozos, Luis Manuel Palafox, Muñoz Leyva, Martínez Salgado y otros que me reservo sus nombres. Nunca supe si era de día o de noche, me subían a oficinas obscuras una veintena de agentes del mp [Ministerio Público] y comandantes, elaboraban declaraciones y yo no las firmaba porque eran puras mentiras.

    Todos estaban bajo órdenes de Coello Trejo. El mp que dirigió las investigaciones del caso Camarena, me dijo: “Tú no participaste, pero las presiones que tenemos son fuertes. Florentino Ventura ordenó al último que te inmiscuyera porque no te pudo probar nada, te hizo famoso, ahora hay que hacer un teatro. Declara cualquier cosa del pasado o invéntala o te va a matar Coello Trejo, caíste como anillo al dedo, además por patriotismo, colabora”. Me pasó primero a que me investigara el Cte. Miguel G. Rodríguez Lorrabaquio, quien me dijo: “A quiénes les has dado dinero, dime todo”. Le contesté: “Tú sabes que no soy culpable, tú me metiste en un parte sabiendo que no tuve participación en ese hecho, pon que te di dinero a ti en el pasado”. Me contestó: “Mira, yo soy amigo, lo del parte nos lo ordenó Florentino Ventura Gutiérrez, pero eso no te perjudica, es paja, amacízate, te van a investigar otros comandantes”. Entre todos ellos hicieron un parte que supuestamente yo declaraba, mismo que no firmé. Me pasaron con ese parte a los ministerios públicos y al igual hacían y escribían, y no se llegaba a nada.

    LOS FLASHAZOS


    El mp que estuvo al cargo se llama Lino Corleoni y varias secretarias; los primeros dos días corregían, volvían a empezar. Ese día por la noche vi a Coello Trejo, había citado a unos federales de caminos, uno de ellos estaba ahí, Fernández Cadena. Él rentaba una casa en Culiacán a mi mamá y me conocía de antes. Coello le gritó de una manera que lo intimidó y me dijo que yo le había dado un automóvil y puso a otros 2 de caminos que no tenían nada que ver, sólo que eran de Culiacán, Ramón Medina Carrillo y Hugo Palazuelos Soto, este último amigo de mi familia. A los 3 los hicieron confesar que yo les daba cantidades de dinero porque me dejaran andar armado en la carretera México-Lechería y la Marquesa, territorios que en mi vida conocí.

    El último día me dice Coello Trejo: “Hágame el favor de pasar conmigo ante la prensa”. No contesté nada: “Pase al tocador, dese una arregladita, póngase esta chamarra”. Poco después me condujo a una sala donde había cientos de periodistas, un sofá que había con pistolas o rifles, no vi que era exactamente. Muchos flashazos me destellaron, posé un minuto, no lo sé, luego me tomó del brazo Coello y me sacó de la sala. En un pasillo me topé con gente que después fueron mis coacusados, un mayordomo del campo al que mi mamá le dio una cortesía en un hotel y éste habló por un teléfono intervenido, etc., topé también con los jefes de policía de Culiacán, uno que sí conocía del tiempo que yo no tenía problemas y otro que no conocía y también, al subcoordinador de la pgr en Culiacán, Lic. Gregorio Corzo Marín, quien tenía una grabación de algo entre Coello Trejo y yo, a éstos los citó el Cte. de zona militar en Culiacán General Jesús Gutiérrez Rebollo y los detuvo y los mandó a México. Coello no quería a un político sinaloense del cual me hizo preguntas absurdas, quería joderlo, pero como yo no lo conocía tal vez por eso no pudo fregarlo. Quería Coello hacer de un ratón un elefante, eran los días del inicio de un sexenio, que se distinguió por sus excesos y escándalos que al principio la gente creía y más tarde se decepcionaba, pan y circo. Entre los coacusados que vi en el pasillo iba mi gerente de hoteles Andrés Herrero Cuamea, quien duró casi un mes en la pgr, señalando todos los domicilios y propiedades de mi familia, que luego fueron aseguradas y administradas por la gente de Coello y pandilla.
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