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"Memorias de un Capo" Miguel Ángel Félix Gallardo PAGINA 4

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EL CASO CAMARENA
La última noche en los separos de Interpol me manda llamar Coello Trejo. Yo no podía caminar de lo hinchados que tenía los pies por los golpes y estar parado los días anteriores. Me dice: “Mire, ya le pedí que no ratificara el amparo que promovió su familia. Quiero que me haga un último favor, están aquí unos elementos de la dea, quiero que los vea, le van a hacer preguntas”. No contesté nada, fui llevado a una mesa de juntas donde había más comandantes y Coello, todos mirándome. Ahí fui presentado con los de la dea. Recuerdo que uno dijo llamarse Edward Heath, nos saludamos, querían platicar, sólo contesté que no tuve participación en el caso Camarena y dije: “Ustedes dijeron que había sido un loco y yo no estoy loco, lamento profundamente la pérdida de su elemento”. Ellos vieron que estaba yo torturado, no pudimos seguir platicando porque Coello me levantó, me despedí de esos personajes a quienes nunca volví a ver, ignoro el motivo, pero fueron testigos de mi mal estado físico y también de cómo Coello no me permitió expresarles mi inocencia con pruebas del caso.

LA LEY FUGA
El último día en pgr a todos mis coacusados les hicieron firmar actas en las cuales me hacían acusaciones risibles, mismas que yo rechazaba, como la del mayordomo del campo y Jesús “El playero”. Éstos asentaron en su declaración que me habían hecho un traslado de enervan-
tes en un compartimento de un Volkswagen en 1982. También a un mecánico que estaba de visita el día que detuvieron a mi gerente de hotel, le hicieron declarar que él había hecho el compartimiento del Volkswagen en 1987. Nada de todo lo que acusaron tenía tiempo, lugar y modo.

El último día me permitieron acostarme un rato a las 2 o 3 de la mañana. Antes de amanecer fui despertado y llevado al estacionamiento del edificio junto con mis coacusados, menos Andrés Herrera, ahí hicieron a todos firmar las actas ministeriales sin ver y a base de golpes. A mí me pasaron unos legajos que tuve que firmar sin leerlos, pero pedí a Corzo Marín los viera y me dijo: “Firma, es un extracto de todos los coacusados pero tú no los señalas”. Acto seguido nos subieron; a ellos en una suburban y a mí solo en otra, no sabía a dónde me llevaban.

Creí que me aplicarían la ley fuga, pues iba vendado, esposado, tirado al piso del vehículo, así pasó mucho tiempo de frenones y arrancones, por fin el vehículo paró, todavía no amanecía, me quitaron la venda de los ojos y me sentaron al frente. Había un portón que al abrir y entrar el vehículo, vi que había custodios uniformados de azul. Alguien dijo: “Es el Reclusorio Sur”. Los agentes de la pgr acompañando a los custodios, se introdujeron a una oficina y ahí me entregaron al comandante en turno, Jesús Méndez Rico, a quien yo conocía. Fui llevado al módulo de alta seguridad y encerrado en una celda, de inmediato me acosté, pues tenía 4 días sin dormir y sin comer, a eso de las 11 de la mañana me llevaron a juzgados, casi no recuerdo nada por mi mal estado de salud, ahí ante el juez se presentó un abogado ofreciendo defenderme, era el Lic. Federico Livas Vera; el juez me tomó lo que se llamó preparatoria, no recuerdo más, sólo que no podía estar de pie, había unos reporteros que vieron que estaba golpeado, de allí me llevaron a la celda donde caí rendido. De esa celda no me permitieron salir como 3 meses, sólo a juzgado y a enfermería, a mi familia me permitieron verla 1 hora a los 3 meses, sólo mi abogado me visitaba. Mis coacusados estaban en otro reclusorio, pude verlos meses después en los careos, ahí conocí a 2 o 3 de ellos que hacían acusaciones de cohechos o encubrimientos sin habernos visto nunca en mi vida.

EL BOTÍN
A los meses me enteré que tanto a mi esposa, madre, hermanos, sobrinos y amigos, les habían quitado casas, muebles, carros, joyas, dinero en bancos, ranchos, que Coello los repartió y dio posesión a gente que trabajaría para darle utilidades. Le fueron entregadas las cosas a quien él nombrara, igual a todas sus gentes les puso altos sueldos.


LA QUINA, EL CASO BUENDÍA Y EL ENCENDEDOR
Después de mi presentación y posterior consignación Coello y pandilla engañan a la opinión pública y al mismo Ejecutivo declarando barbaridades en mi contra, que yo era el número uno, que poseía una fortuna de miles de millones de dólares, tratando de tapar su viejo pasado y el exceso, como Joaquín Hernández Galicia, a quien hubieran aprehendido con unos cuantos elementos, sin necesidad de que muriera el mp Zamora. Con lo mío primero la prensa llenó una plana, a los meses no me mencionaban, pero Coello les hacía nuevas declaraciones, nunca probó que yo tuviera dinero, pues ni siquiera pude pagar buenos abogados, todo me lo quitó, tuve que rentar casa al sur de la ciudad para mi familia y siempre los molestó y a todo el que se me acercara.

A los meses de estar en el Reclusorio Sur Coello fue una noche junto al fiscal Domínguez del caso Buendía, custodios me llevaron a la dirección del penal, al entrar en la oficina casi me desmayo al verlo; se levantó del mueble de la sala y al acercarse dijo: “No tema don Miguel, vine a saludarlo”. Me pidió me sentara frente a él y el subprocurador de distrito Domínguez prendió un cigarro y me ofreció la cajetilla pasándome un encendedor Dupont y me dijo: “Se lo regalo”, le dije “gracias” y me lo eché a la bolsa.

Me preguntó cómo estaba y le dije: “Oiga licenciado, cuando fui presentado ante usted le dijeron Calderoni y el comandante Luis Soto Silva: ‘lo aprendimos, no se resistió, no le encontramos armas ni droga’, y usted me dijo, ‘no le agarramos nada’, entonces ¿por qué me consignó con 5 armas, y unos gramos de droga?”. Él contestó: “Teníamos que consignarlo con algo, pero le prometo que va a salir pronto”. También me dejó sin casa, muebles y carros, sin ranchos y hoteles, “se los voy a regresar, vengo a pedirle que me apoye a investigar el caso Buendía, usted sabe que es prioridad del gobierno”. “Mire licenciado —le dije—, no sé nada al respecto, yo vivo encerrado en una celda, en 3 meses no he tenido acceso a un teléfono”, y me dijo: “Le instalo uno, ayúdeme”. El fiscal Domínguez escuchando y a veces hablando, me negué a inmiscuirme pues como preso, sólo quería dedicarme a defenderme y a mi familia, que todavía no los autorizaban para visitarme, al no acceder, me dijo: “Oiga deme el encendedor, luego le mando otro”, y me pidió retirarme, pues había otros internos que atender.

A los meses pusó algunos bienes míos y de mis familiares a disposición del juez noveno para que se aseguraran con fines de decomiso, nada físicamente, sólo el papel al juez, los siguientes años me dio carrilla al igual que a mi familia, sin devolver nada, todas las rentas uno de sus subordinados las recibía y mi familia sin con qué comer.

"Memorias de un Capo" Miguel Ángel Félix Gallardo PAGINA 4 "Memorias de un Capo" Miguel Ángel Félix Gallardo PAGINA 4 Reviewed by Redacción on febrero 08, 2015 Rating: 5

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