domingo, 8 de marzo de 2015

Carmen Aristegui: Sin miedo al poder PAGINA 4

  • domingo, 8 de marzo de 2015
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    —¿Qué piensas del gobierno, la situación del país y el papel de los medios?
     —Aquí hay un elemento muy importante que se llama dinero. Dinero público destinado a medios de comunicación. Hace unos días Reforma publicó cómo se ha incrementado el presupuesto para medios de comunicación. Tenemos una promesa incumplida de Peña Nieto y en particular de su secretario de Hacienda cuando era coordinador de campaña. Prometieron que iban a reglamentar el uso del dinero público en medios de comunicación. Lo pusieron en un decálogo. Es evidente que la zanahoria y el garrote es un elemento distorsionador del trabajo de la prensa. Porque si la existencia y la sobrevivencia y la bonanza depende de un dinero que se da discrecionalmente, es un problema enorme. Lejos de cumplir lo prometido han agregado más millones a la mesa. Eso afecta la manera en la que unos medios de comunicación puedan ver a un gobierno y enfatizar o no alguna información y ser susceptibles de recibir alguna sugerencia desde el poder político que distribuye recursos millonarios y que puede estar deseoso de que un medio haga o no una publicación diga o no un asunto, elimine o no una noticia, la mande o no a interiores, quite o no una fotografía, desista o no de una investigación. Ha corrido dinero en serio. Mares de dinero.

    —También se te liga a Carlos Slim. ¿Cuál es tu relación con él?
    —Te voy a confesar: soy su asesora financiera (risas). No, no, no. Ninguna. Con Slim no tengo ningún vínculo personal ni profesional. Hay una cosa extraña porque no veo cómo se conecta una cosa y la otra. Me causa un poco de gracia ¿En qué punto se plantea la idea de que yo pueda ser muy cercana a Slim, casi su asesora financiera? Es un poco de carcajada.

    —¿Te fijas ciertas reglas de conducta con los personajes públicos?
    —Cuando llegué aquí propuse un código de ética donde ponemos por escrito ejes de actuación profesional. No cruzar la frontera entre el periodismo e intereses empresariales o políticos. No veo en qué punto surgió en algún lado esta idea de que soy muy cercana a Slim. Tal vez porque MVS y Telmex hicieron un convenio para cobrar Dish en los recibos, pero no es una persona con la que me encuentre cada tercer día a comer ni con la que haya hecho un viaje.

    —Quizá porque eres el símbolo más antitelevisa que existe.
    —Quizás.

    En el otoño de 2 014 Daniel Lizárraga trazó en el pizarrón una línea de tiempo y de sucesos para entender todo lo que cruzaba La Casa Blanca: Peña y la fecha en la que dio el anillo a la Gaviota, y las inmobiliarias del empresario Armando Hinojosa, una medusa entreverada e incomprensible de compañías hermanas e intereses. Con frecuencia veían a Aristegui para presentarle informes y ella siempre planteaba dudas e inquietudes. Le preocupaba que no hubiera evidencias de que las casas de Sierra Gorda y Palmas estuvieran conectadas. Para comprobarlo, Cabrera se sumergió por días en el directorio telefónico de Telmex hasta que encontró los números de Sierra Gorda. Iving Huerta llamó y una mujer respondió: “Está llamando a Grupo Higa”. Una tarde Lizárraga salió a comer con Cabrera y Huerta. Sebastián Barragán se quedó en la oficina. Era el jueves 6 de noviembre y en ese momento Los Pinos informaba de la cancelación del tren México-Querétaro. En las noticias se citaban nombres de compañías, entre ellas la empresa Teya. “¿Dónde vi ese nombre?, se preguntó Barragán. Alzó la vista y al mirar el pizarrón vio que ahí estaba. Llamó a su jefe y sus compañeros y les dijo que tenían que regresar a la oficina.

    —Trabajaste en Televisa. ¿Por qué lo decidiste? ¿Es posible trabajar en un espacio con el que no estás de acuerdo? Cuéntanos detalles de tu salida.
    —Trabajé con Javier Solórzano en Círculo Rojo. Fue el momento de la alternancia, cuando llegó Fox y empiezan a suceder cosas inéditas y Televisa se acerca a medios distintos en el quiebre político de la alternancia. La televisora más importante del país dijo: “aquí van a cambiar las cosas”. Invitaron a Milenio, que después derivó en una relación mucho más estrecha, a Proceso y a nosotros. Era un convenio donde nosotros poníamos el contenido y la televisión la estructura. Y funcionó muy bien. Un momento histórico de colaboración de cosas extraordinarias, como la entrevista de Scherer a Marcos, en Canal 2. Duró lo que duró esa posibilidad. Proceso ya no hizo más ejercicios pero ese único te permite darte cuenta de lo que podía haber pasado si aquello hubiera tenido un camino mayor. Mi participación ocurrió de esa manera. Fue muy interesante porque pudimos presentar los programas sobre el padre Maciel en Canal 2 y eso fue motivo de disputa y ruptura con Grupo Imagen. El socio capitalista Alfonso Romo se volvió loco, enardeció y maquinó las cosas para echarnos de Imagen. Terminó en ruptura porque no estábamos dispuestos a aceptar que Romo impusiera una línea editorial dirigida por Pedro Ferriz. No estuvimos de acuerdo en que nuestra posición editorial cruzara por la dirección de Ferriz ni de nadie, porque nuestro convenio indicaba que éramos directores de nuestro espacio. Creímos y sigo creyendo que fue una buena idea estar ahí porque 
expusimos todo lo que pudimos hacer con libertad de acción total.

    —Hace un tiempo denunciaste una campaña en redes en tu contra que envolvía cuestionamientos sobre tu inclinación sexual. Hiciste una explicación sobre tu vida personal, algo que no había sucedido antes. ¿Te incomodó? ¿Te molestó que se sugiriera que eras gay?
    –Sí, me molestó porque me molesta que se use el tema de la homosexualidad para dañar. Yo soy promotora de la libertad de las personas a su condición sexual y me molesta que México no haya logrado madurar el asunto y ser un país tolerante a la sexualidad de las personas. El hecho de que eso no se haya superado y se utilice para denostar y tratar de dañar moralmente. Tal vez no fui eficaz en transmitir esta idea que me impulsó a hablar del tema. Quizás algunos consideraron indebido de mi parte decir: soy heterosexual, no soy lesbiana, como si serlo fuera o me pareciera una condición denigrante. No quise decir eso. A lo mejor no tenía que decir que era heterosexual y tal vez eso se me puede criticar y acepto la crítica. Qué mal que les funciona utilizar algo que no es cierto, pero que si fuera no importaría. En algunos casos puede ser un señalamiento espontáneo, pero yo veo una construcción de campañas para levantar estigmas, denostar, demeritar el trabajo de activistas sociales, de periodistas. No lo digo de memoria. Hemos hecho un estudio reciente de cómo se pueden echar a andar estos ejércitos de bots. Te vas de espaldas si ves las gráficas y lo que se puede generar en las redes para dañar a alguien. Eso que ha sucedido conmigo ha sucedido con varios personajes. Hay algo siniestro: desde el anonimato con dinero se montan campañas terribles y eso trastoca, distorsiona, envilece algo fantástico como las redes sociales. Es algo que la civilización tendrá que resolver a favor de la libertad de expresión, pero evitando que esos mecanismos perversos y tramposos produzcan daño a las personas. Esto que dije ya venía impulsado por una cantidad impresionante de mensajes. Veía la gráfica y pensaba: ¿qué es esto? Algo deliberado y sin duda construido.
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