jueves, 12 de noviembre de 2015

La misteriosa desaparición de los 12 autodefensas, solo hallaron 2 "cabezas"

  • jueves, 12 de noviembre de 2015
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    Tierra Caliente, ese pedazo de México incendiado por Los Caballeros Templarios y las autoridades coludidas, parece serenarse. Pero nuevos indicios indican que la tragedia tardará en entenderse y que la impunidad no terminó con la captura de Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, ni la muerte de Nazario Moreno, “El Más Loco”.

    Apenas parece disiparse la nube de polvo en que se convirtió Michoacán y los muertos salen de sus fosas clandestinas. Algunos lo hacen de carne y hueso y otros con sus historias. Es el caso de una docena de autodefensas desaparecidos en Uruapan a fines de noviembre pasado y de los que sólo han aparecido las cabezas de dos: las testas de los hermanos Serafín.

    Familiares y autodefensas a quienes les tocó despedir a los ausentes dicen tener “datos confirmados del propio Gobernador para saber que a nuestros muchachos se los llevó y los mató la Policía Federal”.
    Mauseleo señalado como la morada final de uno de los templarios. Foto: Humberto Padgett
    Por Humberto Padgett/SinEmbargo
    Uruapan, Michoacán,-NARCOVIOLENCIA.– A principios de diciembre de 2014, el crematorio del cementerio municipal de Apatzingán se descompuso por tanto uso, así que la cabeza de Pedro Serafín, único despojo del Policía Rural debió ser sepultada en un ataúd completo.
    La banda de corridos norteños tocó durante hora y media, recuerda el sepulturero. Y lo recuerda porque ese tiempo de cantos, cervezas, gemidos y aullidos que prometen venganza es atípico para los hombres que se oponen al narco. Es, más bien, el rato que suelen durar las juergas panteoneras de los narcotraficantes.

    Con excepción de la música, todo lo demás en el entierro de Pedro Serafín fue común y corriente. Su cabeza con el pelo bien recortado y la barba de candado bien delineada, quedó acomodada en un cajón regular de cobertura metálica y pintura brillante gris. No hay lápida, sino un montón de tierra suelta aún abultada y cuarteada por el calor que ni el invierno echa para atrás. Una sencilla cruz de fierro con su nombre y su fecha de nacimiento, el 27 de junio de 1985, y de su muerte, el 24 de noviembre de 2014.

    El sepelio de su hermano, Gerardo Serafín, no fue muy diferente, aunque ocurrió en Uruapan. Pero lo demás se hizo igual: su madre o su esposa no pudieron recortar sus uñas, desarrugar el traje formal en que debía sentirse incómodo, lustrar sus zapatos y calzarlo para entregarlo elegante a la Tierra Caliente. Sólo hubo una cabeza para acomodar y la misma fecha, el 24 de noviembre.

    Al menos una cabeza que enterrar, porque de los otros 10 alzados contra los Templarios de Michoacán desaparecidos junto a los hermanos Serafín nadie sabe nada.
    Tumba de Serafín Mora. Foto: Humberto Padgett
    La Comisión para la Seguridad y el Desarrollo Integral en el Estado de Michoacán, órgano desconcentrado de la Secretaría de Gobernación, dijo no saber nada. Que en Michoacán nadie extrañaba a Rurales y, con este tecnicismo, negó la desaparición.

    En tanto, nadie sabe nada de Nicolás Licea Blancas, de 21 años. Ni de Sergio Gilberto Gómez Magaña, de 33 años. Tampoco de Armando Villanueva Torres, “La Pulga”, de 37. Ni del “Mico”, “El Borre”, “El Moto”, “El Fu”, los dos “Guachos”, “El Rojo” ni Alejandro…

    –Fuimos con el Gobernador [interino Salvador Jara Guerrero] y él nos dijo así, clarito: a esos muchachos los desaparecieron Policías Federales –dice un familiar de uno de los ausentes.
    –¿Se los dijo tal cual?

    –Como se lo estoy diciendo a usted y se lo juro por los niños que ‘orita no saben si esperar o rezarle a su papá –solloza la fuente.

    –¿Sólo se lo dijo a usted?

    –No. Nos lo dijo a varios familiares. Nos recibió porque le cerramos la carretera luego de unos días que no aparecían nuestras gentes.

    –¿Policía Federal o Ejército o Marina?

    –Policía Federal.

    * * *
    “Mataron todos mis compañeros. Nomás quedamos otros tres y yo, los únicos que no salimos a esa patrulla ese domingo 23 de noviembre”, dice un hombrón a quien una pequeña gorra de visera corta le hace ver la cabeza todavía más grande. Sus ojos son verdes y alargados, así que parece un gigantesco gato de angora. “Salieron para Apatzingán y ya no volvieron. No supimos más que de Gerardo y Nicolás, cuando fuimos a reconocer sus cabezas por allá, en Tiamba”.

    Gerardo Serafín era el jefe del grupo de autodefensas, todos en proceso de certificación como policías rurales luego de haber entregado, todos, sus documentos para ser reconocidos por la Comisión entonces encabezada por Alfredo Castillo Cervantes, político cercano al Presidente Enrique Peña Nieto.

    –¿Por qué el gobierno no está admitiendo que sean las cabezas de ellos? –se le pregunta al autodefensa....
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