miércoles, 11 de marzo de 2015

Las masacres de los Templarios a sus victimas les sacaban el Corazón y se bebian su sangre PAGINA 2

  • miércoles, 11 de marzo de 2015
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    Los autodefensas de la región, en los límites de Apatzingán y Tumbiscatío, avanzaron hasta tomar la ermita construida a propósito de la falsa muerte del Más Loco, en diciembre de 2010, “abatimiento” festejado por los gobiernos de México y Estados Unidos, como “un golpe demoledor, insuperable” al “sanguinario cártel” de Los Caballeros Templarios de Michoacán.

    A principios de marzo de 2014, un hombre con la boca seca y los ojos aguados, apareció en la barricada de los autodefensas.

    – ¡Mi hermana, mi cuñado, mis sobrinos, mi compadre…! –gimió Valentín Torres Marín, hermano de Alicia, la difunta jefa de la familia masacrada.

    –Oye, ¿cuánto tiempo hace de esto? ¿Qué mes fue? –averiguó Aarón.

    –Los levantaron el domingo 26 de agosto para amanecer lunes 27. Se los llevaron a todos.

    – ¿En agosto del año pasado? –Aarón comenzó a atar los cabos.

    –Sí –aseguró Valentín.

    – ¿De 2013?

    –Sí. Sí, de 2013.

    –Mira, yo en agosto traía una mano de chango trabajando en una parcela en el Tuerto –explicó Aarón.

    Reunieron algunos hombres y buscaron rastros de los entierros donde el maquinista refirió la excavación, pero no encontraron nada, así que buscaron al operador.

    – ¿Qué lo pusieron a hacer?

    –Me pusieron a hacer tres pozos, uno grande, dos chicos.

    – ¿Dónde fue?

    –Arriba de su parcela, don Aarón.

    –Ahí no hay nada. ’Ira, te vas a emproblemar si no vas y señalas dónde fue. Tú tienes que ir y decir “aquí fue”. Yo te apoyo contra las represalias. A ti nada te pasa, porque los Templarios ya se fueron y primero nos pasa a nosotros que a ti, porque es fue tu trabajo. Si no lo haces, te vas a quedar solo.

    El 3 de marzo de 2014, el operador regresó al árbol en que murió Cruz Emmanuel.

    –Aquí, aquí fue.

    Al día siguiente, el paraje se convirtió en un hervidero de policías. El Servicio Médico Forense reunió los restos en ocho bolsas de plástico negro que acomodó en la batea de una camioneta y cruzó el puente de piedra en sentido contrario al que cruzaron los 13 viejos, hombres, mujeres y niños la noche del 26 de agosto.
                                                           Civil armado en Yurécuaro.
    ***
    “El asesino está preso en Morelia. Se llama Pedro Naranjo García y lo hizo con una regata de pistoleros que traía con él. Hay unos libres todavía. Uno de ellos se llama Rigoberto Morales Valencia”, comenta Aarón con sus ojos azules puestos en las cañadas de alrededor, por donde los restos de los Templarios se ocultan para emboscar federales y rurales. “El tal Antonio Álvarez dicen que no tarda en salir”.

    – ¿Eran usted enemigo de Pedro Naranjo antes del levantamiento de los autodefensas?

    –Si antes hubiéramos sido enemigos, me habría matado. Uno tenía que hacer amistad con ellos. Al encontrarles había que saludarlos a toda madre, como que se llevaba uno muy bien con ellos, porque si miraban que uno no les saludaba, se encabronaban. Uno tenía que fingir que era un amigazo de ellos –habla como militar–. Nosotros no decíamos “mañana haré esto”; nosotros decíamos “si Dios me da licencia”, porque sabíamos que la vida era un constante peligro. Ahorita estamos armados y de perdida nos defendemos y morimos en la pela, no levantados y martirizados. A un muchacho muy querido de aquí lo caparon, le arrancaron los ojos, le mocharon oídos y le tumbaron la cabeza.

    – ¿Usted percibe en estos hombres algo distinto a los demás?

    –Son personas que no creen en Dios –ahora suena como sacerdote–. Son personas satánicas que ya no piensan que van a tener un día que dar cuentas al Creador de lo que hacen. Y son personas que les han lavado psicológicamente ya la mente. Cuando Nazario hacía las pláticas, les daba terapias para que ellos no sintieran temor de matar y que vieran el asesinato como algo necesario y obligatorio. Cuando mataban a una persona la abrían y le sacaban el corazón… Y órale: “¡Cómete un pedazo, tú otro, tú otro!”.
    – ¿Eso se dice que hacía o hay alguien que lo afirma?

    –Hay alguien que lo afirma. Nosotros agarramos una persona en El Morado que había amagado con matar una familia. Nos confesó que eso era positivo, que sí comían los corazones. Dijo que él nomás se echaba los pedazos a la boca, los mascaba y tiraba el pedazo. Nazario quería ver que se llevaban el corazón a la boca.

    – ¿Y explicó cuál era la idea de Nazario para hacer eso?

    –La idea de él era para endurecerles más el corazón y que les valiera poco matar, que se les hiciera algo común, que no tuvieran lástima. También tomaban sangre. Cocinaron carne de personas y ahí no había que alguien no quería comer. Todos lo tenían que hacer. Le entregamos esa persona a la Policía Federal y lo repitió todo.

    – ¿Recuerda el nombre de ese hombre?

    –Yo no más lo conocí como El Mudo. Y claro que habló. Sí. Refirió a una fosa, por estos cerros, con más de 300 cuerpos. Ha de ser cierto porque esa información también la traía el Ejército por su parte de alguien que lo confesó allá, en el DF. Un día nos fuimos a buscar ese entierro, pero no hemos dado con el agujero. Otro, que le dicen El 24, lo agarramos y nos confesó que le abrió el vientre a una mujer embarazada con una motosierra para sacarle al bebé. Esa mujer era de Acatlán y también mataron su familia entera, esa vez se llevaron entre ocho y 10 personas.
    – ¿Él lo confesó?

    –Él lo confesó. Lo tuvo el Ministerio Público en sus manos y lo soltó. Tres horas después de que lo soltó, se giraron las órdenes de aprehensión en su contra. No más lo soltó por algún billete y tres horas después se volvió libre. ¡Tres horas! ¿Pa’ qué quería más?....
    ****
    Pedro Naranjo, Peter Botas, enfrenta su proceso en una cárcel de mediana seguridad de Morelia. Ha sido señalado por el maquinista, el hombre que sobrevivió para ver la masacre, Aarón y Valentín Torres Marín, hoy convertido en miembros de las Fuerzas Rurales, cuerpo integrado por el ex Comisionado Alfredo Castillo y en vías de desaparición oficial, pues en la realidad los hombres de la Tierra Caliente no muestran disposición para el desarme.

    Los sicarios Enrique Arriaga Herrera, de 24 años de edad, y Miguel Padilla Pedraza, de 27, ambos vecinos de la colonia Pénjamo, municipio de Apatzingán, están también sujetos a proceso.

    Durante la primera mitad del año pasado, los 13 familiares muertos fueron llevados a El Carrizo, el pueblo de Parácuaro de donde eran originarios y del que migraron para sobrevivir en la pizca de limón.

    Los dos hombres con que ya tenían detenidos los templarios la noche del 26 de agosto no fueron identificados y terminaron en la fosa común.

    Antes, Evaristo Cortes Torres, Víctor Manuel Cortes Torres y Jorge Luis Carranza Jaimes desfilaron por las calles del centro de Apatzingán hasta alinearse sus ataúdes frente al Palacio Municipal de la capital templaria.

    El padre Gregorio López, promotor de los grupos de autodefensa en la Tierra Caliente, atizó al Alcalde de Apatzingán, Uriel Chávez Mendoza, familiar de Nazario, El Más Loco:

    “Ahorita anda desenterrando a 13 muertos que tuvo que haber visto él indirectamente, pues su policía municipal fue la que los levantó… Todos sus cuerpos de seguridad está involucrado trabajando para el crimen organizado.”
    Diana Lissette Jaimes fue desenterrada y separada de su pequeño Jorge luego de siete meses y siete días en que estuvieron abrazados en el infierno michoacano más conocido como la Tierra Caliente, lugar del que los diablos salen despavoridos por el calor y el miedo.

    Por razones burocráticas, la Procuraduría de Justicia de Michoacán entregó los cuerpos de Lissette y Jorge a sus deudos con meses de diferencia.

    En consecuencia, madre e hijo fueron velados ni enterrados juntos y quedaron separados en la muerte. *
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