domingo, 5 de abril de 2015

El Fentanilo el hermano mayor de la heroína, conoce esta poderosa droga que esta preocupando a la ONU y a EU

  • domingo, 5 de abril de 2015
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    Por Drogoteca
    Ciudad de México,-NARCOVIOLENCIA,-Una droga que apareció en escena la década pasada ha comenzado a preocupar a la Organización de Naciones Unidas (ONU) y al gobierno de Estados Unidos. Se trata de una sustancia que se creía había desaparecido, pero volvió silenciosamente. Autoridades han asegurado que la caída del consumo de cocaína, la legalización de la mariguana y el repunte de la heroína impulsaron el regreso del fentanilo y sus derivados, como la mezcla llamada “china white”.

    Aquel fantasma está de nuevo en las calles, e incluso ya hasta hay alertas porque representa una “amenaza” en el país norteamericano. Los cárteles mexicanos han entrado a este negocio, y según reportes, podrían ser los proveedores de estos narcóticos.

    En el sexenio de Vicente Fox Quezada (2000-2006), la palabra fentanilo comenzó a leerse en los boletines de la Procuraduría General de la República (PGR). A nivel oficial sólo se le había hablado de esa sustancia por su uso médico, puesto que el fentanil es un calmante –más fuerte que la morfina– usado para tratar enfermedades graves como el cáncer. Sin embargo, durante la gestión de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012), ex Presidente mexicano que declaró la “guerra contra el narco”, se informó sobre el desmantelamiento de dos laboratorios clandestinos –uno en Sonora y otro en el Estado de México– donde se sintetizaba el fármaco, el cual mató a tres personas en Estados Unidos a finales de 2005 y principios de 2006, según declararon autoridades de ambos países.

    El fentanilo o también llamado “heroína sintética”, porque pertenece a los opioides sintéticos, tiene su historia en Afganistán que, ante la escasez de heroína producida por una enfermedad en la adormidera de opio, migró a varios países europeos en la década pasada y de ahí brincó a otros mercados, de acuerdo con el “Informe Mundial Sobre las Drogas 2012 de la Organización de las Naciones Unidas”.

    Los opiáceos son un grupo de narcóticos que incluyen drogas naturales derivadas de la adormidera –como el opio–. Los integrantes de esta familia son: la morfina, codeína, sustancias semisintéticas como la heroína, así como los opioides completamente sintéticos como la metadona, la petidina, fentanilo y otros inventos como desomorfina (también conocida como “krokodil”), el opio acetilado (conocido como “kompot”) y la buprenorfina, por decir algunos.

    Algunas de estas sustancias son inhibidores del sistema nervioso central y se usan para el tratamiento del dolor y otros trastornos, bajo supervisión médica cercana, según la guía llamada “información sobre trastornos del uso de drogas”, publicado por la Fundación Gónzalo Río Arronte, I.A.P [Institución de Asistencia Pública].

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    Te presentamos la historia de una persona que ha probado esta poderosa droga considerada como el hermano mayor de la heroína
    Era mi primer libro comprado como adulto: Para una fenomenología de las drogas de Antonio Escohotado. Me lo devoré una y otra vez imaginando cómo sería experimentar todas esas sustancias que nunca había probado. A esa edad ya había consumido todas las drogas que había en el mercado negro más inmediato (no existía internet, al menos no como ahora) y de las legales —incluyendo las de farmacia—, por lo que conocía un par de docenas de especialidades psicoactivas.

    Algunas como el éter o el cloroformo me gustaban por su olor intenso a química, pero no por sus efectos; el LSD me maravillaba y lo tomaba como quien come M&Ms; la cocaína no me llamaba mucho por aquel entonces; el speed —y la Dexedrina o la Centramina— me servían para trabajar jornadas de 12 horas como mesero; el 5-MeO-DMT me daba "yuyu" pero me gustaba; odiaba el popper y los inhalantes; y la heroína, la codeína, la morfina y el opio me ayudaban a relajarme ocasionalmente. Supongo que soy de esas personas extrañas a las que los opiáceos y opioides en lugar de provocarnos una relajación "babosa", nos activan y nos permiten enfrentar mejor los trabajos intelectuales de largo recorrido (no sirven para estudiar una noche antes para un examen).

    De todas las drogas sobre las que leía en aquel libro de Escohotado, hubo una que me llamó mucho la atención: el fentanilo. Era una sustancia de muy alta potencia que parece que ya se había usado en alguna ocasión para adulterar heroína o para fabricar su "falsa versión". No sólo se mencionaba el fentanilo, que tiene unas 100 veces la potencia de la morfina. También había alguna mención a la famosa "China White" que lejos de ser simple heroína blanca (clorhidrato de heroína) era un compuesto creado en el mercado negro por un químico clandestino: el alfa-metil-fentanilo. Un pequeño cambio en la molécula que la hacía caer fuera de las listas de prohibiciones en ese momento —como ocurre ahora con los research chemicals legales— pero que rápido solventaron las autoridades incluyéndolo en la más restrictiva prohibición.

    No era la primera vez que escuchaba algo sobre una droga de esa familia. De niño recuerdo haber escuchado en televisión que hablaban de una droga que ellos bautizaban como "Tango & Cash" y que no era sino una variación del fentanilo. En aquella época se vendía mucho lo de comparar "el poder de adicción". Y habían decidido que esa droga era 600 veces más adictiva que la propia heroína. No 600 veces más potente, sino más adictiva... decían.

    Yo me preguntaba, si se suponía que la heroína era el-gran-shot-superadictivo-que-engancha-a-la-primera, ¿cómo podía ser una sustancia 600 veces "más adictiva"? Sabía, ya a esa edad, que no enganchaba a la primera, que exigía algo más de frecuencia y una predisposición previa al asunto. Pero el mito de algo mucho más potente y más adictivo, como los derivados del fentanilo, se quedó en mi cabeza durante años, pensando que era improbable que tuviera ocasión de cruzarme con esa droga y saberlo. Podía encontrarla como adulterante pero no había mercado a mi alcance para ella.
    La siguiente vez que escuché hablar de ella fue en uno de los episodios más sucios en la historia de la medicina de España. Seguro que muchos de los afectados de Hepatitis C lo recuerdan: Juan Maeso. El yonki Maeso era el anestesista de un hospital público en Valencia y le gustaban los opiáceos, con especial atención al fentanilo. Los anestesistas son las personas que tienen la llave de la vida y la muerte entre los fármacos de acción inmediata para un ser humano. A Juan Maeso se le olvidó durante diez años, de 1988 a 1998, que cuando te inyectas con una jeringuilla o la metes en un bote con sustancia una vez usada, estás transmitiendo tus posibles virus a quien la use después, y por eso deben ser desechadas siempre. Pero él no era tonto y no lo hacía al revés: él no se inyectaba después de usar las jeringas en los pacientes, sino se hubiera contagiado de todos los virus que pasaban por el quirófano.

    El informe de los genetistas era aplastante. Nunca habían encontrado un grupo epidémico donde brotara el virus de la Hepatitis C y se pudiera trazar con tanta cercanía el origen vírico: el 80% de sus pacientes habían sido infectados por el médico.

    Por supuesto, Maeso fue condenado en un larguísimo juicio y a más de mil años de cárcel, de los que no cumpliría más de 20 por la ley en ese momento. Le pusieron una multa de medio millón de euros a cada paciente infectado, que tuvimos que pagar todos los contribuyentes por ser responsables subsidiarios del hospital público. Uno de los actos médicos más miserables que he conocido jamás con un personaje igual de miserable, nuestro yonki Maeso.

    Tras aquello, solo una vez más volví a saber del fentanilo y esta vez fue como arma química.

    ¿Recuerdan la crisis de rehenes del Teatro Dubrovka, en Moscú? El 23 de octubre del 2002 un grupo de 50 hombres armados y equipados con explosivos tomaban un teatro a mitad de una función. Tomaron cerca de 900 rehenes, de los que cerca de 90 consiguieron escapar en los primeros momentos. Cuando la cosa se fue alargando en una situación sin salida para los secuestradores y los rehenes, el gobierno de Putin tomó la decisión de tomar el lugar con tropas especiales, y con medios únicos. Hasta el momento y que se sepa, jamás se había usado el Kolokol-1 en una acción con personal civil. El producto ruso secreto es una mezcla de halotano o alguna variante de dicho gas anestésico y un aerosol de alguna variante del fentanilo, de manera que mediante la simple respiración en un lugar inundado con ese gas (que no huele ni se ve) uno va quedando anestesiado en cuestión de minutos.

    En principio la idea no era mala. No era la peor de todas, al menos. Intentaban entrar sin tener que hacerlo disparando en un lugar abarrotado de rehenes. Pero la política de drogas rusa les jugó una mala pasada. Putin dio la orden y se usó el Kolokol-1, que cayó como una bomba en los agotados cuerpos de personas retenidas sin aseo, descanso ni buena alimentación bajo un secuestro, así como en los de sus secuestrados. Apenas se disparó una pistola, pero murieron 192 rehenes como consecuencia del uso de esas drogas. ¿Por qué? Porque Rusia se opone a todo tipo de aproximación racional a las drogas, de manera que no existen programas de metadona o de buprenorfina para desengancharte, y los usuarios de drogas ahí no importan nada. Por esa razón, las reservas que tenían disponibles de naloxona —el antídoto del fentanilo y los opiáceos— eran las de uso normal en el quirófano, para revertir el efecto de la anestesia. Pero no tenían naloxona suficiente para 900 personas y 192 murieron drogadas por su gobierno.

    ¿Fue la salida menos mala? Nunca lo sabremos.

    Y años después, ya con la llegada de los mercados de drogas online como Silk Road o el recién desaparecido Evolution, tuve la posibilidad de acceder a la droga: podía comprar fentanilo.
    La primera curiosidad es que —aunque barato en cuanto a cada dosis— es una sustancia que se mide en microgramos: millonésimas de gramo. Así que no resulta buena idea comprar fentanilo en ese estado, puro y en polvo, si no tienes un traje HAZMAT. Una corriente de aire es suficiente para que respires varias dosis mortales. Las únicas formas fiables de fentanilo, a mi entender, son las preparaciones farmacéuticas desviadas del mercado lícito. Vienen en un vial para inyección o en los parches conocidos popularmente como "parches de morfina", aunque no tengan morfina alguna.

    Como yo no pensaba inyectarme, me quedaba con los parches. Y por ellos fui, Bitcoin en mano, a comprar al darknet de las drogas. Al cabo de unos días recibí un discreto paquete que contenía el pedido: una caja de cinco parches de 50 microgramos/hora de fentanilo. Caros, porque cada parche contiene en total unos ocho miligramos de fentanilo —varias dosis mortales para un novato— que se puede usar en trozos por vía de la mucosa bucal y también fumado, aparte de su uso correcto sobre la piel, pero cuesta unos 60 euros el parche de 50 mcgs/h en el mercado negro.

    El uso correcto no es que carezca de riesgos: hace poco murió una niña que había tomado un parche ya usado de la basura e, imitando a su abuela enferma, se lo había puesto sobre la piel. Se fue a dormir y no despertó jamás. El fentanilo es, sobre todo y ante todo, una sustancia muy peligrosa en su manejo y uso fuera de manos entrenadas.

    Personalmente me resultó un fármaco que al principio califiqué como "opioide psiquedélico" porque cuando lo fumaba, a veces en mitad de una frase o caminando a algún lugar de la casa, me quedaba dormido —pero de pie y sin caer— y con visiones geométricas muy intensas en bellos colores azules y amarillos. Duraban algo menos de un minuto y me despertaba en el mismo sitio, con memoria de lo visto en esos pliegues oníricos. Las primeras veces tienen un color y una intensidad tan vívidas como las primeras veces con heroína u opio en grandes dosis, y no son iguales cuando adquieres tolerancia.

    El fentanilo, aunque es un opioide, produce un exceso de liberación de dopamina, lo cual hace que quieras redosificarte —como si fuera cocaína— cada poco tiempo, pero sin embargo los efectos opioides no se van tan rápido. Si tuviera que darle un consejo rápido a algún suicida de las drogas que piense probarlo, eso sería lo primero: que no lo haga nunca estando solo y que limite antes de empezar a consumir la cantidad que va a usar. Dos: que encargue a su cuidador que retire el resto para no sobrepasar el límite. No es bueno redosificar, pero si alguien quiere entregarse al impulso de hacerlo, que use porciones mucho más pequeñas que las mencionadas, o se enfrentará al fentanilo como anestésico: es un puto animal como fármaco.

    Por supuesto que a los añadidos de los riesgos de usar opioides se le tiene que sumar el riesgo de caer inconsciente durante breves lapsos, pero no en la forma de la heroína sino algo mucho más brusco. Si esto te agarra con una tijera (cortando un trozo de parche, por ejemplo) puedes caer sobre ella y metértela por el cuello sin enterarte. Y así todas las cosas malas que pueden pasar si de repente quedas inconsciente y anestesiado al dolor. Por eso el lugar más seguro es un asiento o sillón amplio, donde si caes lo hagas en blando, lejos del fuego de los cigarros o velas, sin instrumentos cortantes cerca y vigilado por alguien para que no te hagas daño, o por si hay que llamar a una ambulancia.

    Hay quien cree que fumar algo desconocido tiene menos riesgo que esnifar o ingerir algo desconocido: bienvenidos al mundo de las drogas de altísima potencia en las que una calada de humo puede ser suficiente para matar a una persona. Y si alguna vez pensaste que la heroína era un fármaco peligroso, no querrás conocer a su "hermano mayor": el fentanilo.

    Advertencia: El autor no pretende incitar a nadie al consumo de fentanilo. De hecho, lo desaconseja —como opinión personal— por ser una droga demasiado peligrosa en su manejo y efectos. Su capacidad adictiva no es menor que la de la heroína y ya puede suponer el lector lo que le acarrearía engancharse a algo similar. El fentanilo dentro de una terapia con un médico no conlleva los riesgos mencionados, sino que es similar a la morfina en su gestión como analgésico. Para una descripción mucho más detallada de los riesgos, efectos y peligros, aquí puedes leer un manual con más imágenes y algunos consejos.
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