viernes, 20 de noviembre de 2015

La caída de Osiel Cárdenas, el ascenso de Los Zetas y el surgimiento de La Familia Michoacana

  • viernes, 20 de noviembre de 2015
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    ....Al empezar el siglo el cártel que domina el negocio de drogas prohibidas en Michoacán es el llamado Cártel del Milenio, una suma de dos redes locales, la de la familia Valencia, que opera en Michoacán en alianza con el Cártel de Tijuana, de los Arellano Félix, y la banda de los Amezcua, que ha construido discretamente un pequeño emporio de producción de metanfetaminas en el estado vecino de Colima. Osiel se une en Michoacán a una pequeña banda llamada La Empresa, que ha roto con el Cártel del Milenio, y se ofrece como aliado en el territorio. El jefe de La Empresa es Carlos Rosales, apodado El Tísico, un guerrerense que al parecer fue un tiempo guardia comunitario, cuyos lugartenientes son Nazario Moreno, El Chayo, un migrante entrenado en el tráfico y la religión durante su estadía en Estados Unidos, y José de Jesús Méndez, El Chango, un traficante de marihuana de Michoacán hacia Reynosa.

    El Tísico ha tenido un problema personal con Armando Valencia, uno de los jefes del Cártel del Milenio. Su esposa Inés Hernández Oseguera, con quien El Tísico ha tenido un hijo, se ha puesto a vivir con Valencia, a quien le ha dado otro hijo. El Tísico ha roto entonces con el Cártel del Milenio y ha creado La Empresa y ofrecido a Osiel Cárdenas y al Cártel del Golfo una base de entrada a Michoacán.
    Los Zetas entran a Michoacán de la mano de La Empresa, pero se toman pronto todo el cuerpo. Establecen su base en Apatzingán, corazón de la Tierrra Caliente, y se despliegan sobre la zona. Es un despliegue particularmente violento que desplaza al Cártel del Milenio, con 100 ejecutados en 18 meses y el control sobre la región, la ruta y el puerto Lázaro Cárdenas ambicionado por Osiel Cárdenas. Las extorsiones crecen como plaga sobre productores de aguacate y limón, muy prósperos en la Tierra Caliente, pero también sobre otros negocios, grandes y pequeños que engrosan “las filas de contribuyentes forzados del impuesto zeta”.

    En 2002 matan a Guzmán Decena, con relativa facilidad para tratarse de quien se trata: mientras come en un restaurant de mariscos. Pero Los Zetas siguen, ahora bajo el liderato, más impersonal y temible aún, de Heriberto Lazcano, El Lazca, cuya fama sanguinaria no hace sino crecer.

    En 2003 cae preso Osiel Cárdenas en una historia digna a la vez de la tragedia clásica y de una mala novela moderna: una gitana le lee la mano y le dice que alguien cercano habla mal de él. El único cercano que hay en el entorno de Osiel, que vive en eterna fuga, es su valet y amigo Paquito, de quien empieza a sospechar. Cuando Paquito descubre que Osiel sospecha de él, sabe que irremisiblemente lo matará. Se entrega a las autoridades como testigo protegido y les da las claves para detener a Osiel, entre ellas su hábito de hablar todos los días con su familia en Matamoros y los números de los 30 teléfonos celulares que el propio Paquito ha organizado para que su jefe y amigo hable por uno distinto cada día y sea inmune a las intervencions telefónicas.

    Al momento de la detención de Osiel Cárdenas, Los Zetas son ya 300. No sólo militares de elite, también sicarios selectos de otras procedencias, pero todos con la disciplina del origen. Máquinas disciplinadas de matar. La prueba de que hay ese nuevo actor mortífero en las guerras del narco llega para los enemigos del Cártel del Golfo en el año de 2004, cuando el Cártel de Sinaloa, luego de un reagrupamiento y algún pacto con el Cártel de Juárez, decide tomar la plaza de Nuevo Laredo para dar inicio a la conquista de Tamaulipas. El jefe del brazo armado del cártel sinaloense, Arturo Beltrán Leyva, recluta pandilleros de la frontera y miembros de los temidos maras salvatruchas para asaltar Nuevo Laredo. En enero de 2004 hay más de 100 asesinatos en la ciudad fronteriza. Más de 600 en todo el estado de Tamaulipas ese año. Casi todos del lado de los invasores.

    Los Zetas explican a sus rivales la razón de los muchos cadáveres que aparecen tirados en las calles de Nuevo Laredo. Dejan una manta que dice: “Chapo Guzmán y Arturo Beltrán Leyva. Manden más pendejos como estos para seguirlos matando”. La masacre de Nuevo Laredo deja claro que los temibles sicarios de las guerras previas nada tienen que hacer en la era de Los Zetas. Se trata, dice Guillermo Valdés, de “un verdadero punto de inflexión en la historia de la delincuencia organizada en México: el de organizaciones criminales apoyadas en verdaderas maquinarias para matar”.

    La epidemia criminal de Nuevo Laredo produce el primer operativo de ocupacion militar y policiaca de una ciudad: la operación México Seguro, del año 2005, último de la presidencia de Vicente Fox. Será el modelo de intervenciones posteriores, en particular la de Michoacán, de 2007.

    En octubre de 2004, en otro escenario, aunque en una vía parelela del conflicto que estallará años más tarde, es detenido Carlos Rosales, El Tísico, jefe de La Empresa michoacana. Sus herederos, Nazario Moreno, El Chayo, y José de Jesús Méndez, El Chango, descubren al subir en la escala que la cuenta de sus negocios con Los Zetas les son desfavorables. El grueso de las rentas criminales va para Tamaulipas o se queda en Los Zetas. En particular parece haber una disputa por las rentas del puerto Lázaro Cárdenas, la verdadera gallina de los huevos de oro de la ocupación de Michoacán. Al liderato de El Chayo Moreno y el Chango Méndez, se ha incorporado en esos años Servando Gómez, La Tuta, profesor normalista cercano a las células del llamado Ejército Popular Revolucionario, un linaje resistente de la guerrilla de los setenta que sobrevive en la montaña de Guerrero y en la Tierra Caliente michoacana.

    El Chayo, El Chango y La Tuta diseñan su separación de Los Zetas con singular astucia. A mediados de 2006 formalizan el nacimiento de una nueva organización llamada La Familia Michoacana, cuyo objetivo es expulsar a Los Zetas de la Tierra Caliente. La oferta criminal de La Familia Michoacana es increíble en sus términos y sorprendente en su efectividad: una mezcla de redentorismo social, patriotismo michoacano, exaltación religiosa, autoridad sustituta y terror criminal. La resume Eduardo Guerrero:

    "Servando Gómez La Tuta consideraba que un elemento clave para el éxito de La Familia Michoacana era construir una relación armónica con las comunidades basada en la cooperación y en una lógica de beneficios mutuos, sin terror ni amenazas. Nazario Moreno fue especialmente receptivo a las ideas de La Tuta, a las que les imprimió un carácter evangélico de salvación personal. Justificaron sus acciones bajo la idea de que obedecían a una moral superior. Mediante un discurso que combinaba elementos de reivindicación social, evangelismo y exaltación de la identidad regional, esta nueva organización se presentó en las comunidades de Tierra Caliente como aquella que los liberaría de la opresión de Los Zetas. El elemento clave que permitió a La Familia Michoacana contar con una base social fue su capacidad para distribuir bienes y servicios. Para lograrlo el cártel puso en práctica una estrategia novedosa, pues además de construir una amplia red de vínculos con la policía municipal, extendió su presencia en las áreas de desarrollo social y obra pública de los ayuntamientos. De esta forma, las comunidades veían recompensada su colaboración mediante la construcción de un hospital, la pavimentación de una calle o el acceso a agua potable y a La Familia le permitió presentarse como una “autoridad” más eficaz para responder a las demandas sociales que el mismo gobierno."

    En su primera aparición pública, el 6 de septiembre de 2006, La Familia Michoacana arroja seis cabezas cortadas en una pista de baile de Uruapan. Su mensaje adjunto dice: “La Familia no mata por dinero, no mata mujeres, no mata inocentes, muere quien debe morir, sépalo toda la gente. Esto es Justicia Divina”. Días después explican que su organizaciòn está formada por trabajadores de Tierra Caliente y que su objetivo es terminar con la opresión criminal.

    En los siguientes meses la feria de ejecuciones de la guerra de La Familia Michoacana y Los Zetas sacude al estado. Éste es el litigio de sangre que decide la intervención del presidente Felipe Calderón en Michoacán, en los primeros días del año de 2007, el primer paso de lo que será un proceso sostenido de intervenciones militares y policiacas en gran escala para contener el crimen organizado durante todo el gobierno de Calderón (2006-2012) y hasta ahora.

    La intervención militar en Michoacán tiene el efecto buscado de contener la espiral de homicidios pero el efecto no buscado de golpear más a Los Zetas que a La Familia Michoacana, dejando a ésta quedarse con el campo y garantizar, con su propio ejercicio de captura del territorio, cierta estabilización de la violencia, incluso cierto clima de tranquilidad pública, en el contexto de un más amplio dominio criminal.

    Durante los siguientes años, hasta la rebelión de las llamadas autodefensas de la Tierra Caliente en el año 2013, la Familia ejercerá sobre Michoacán el modelo Zeta de control y expoliación territorial, pero con una dimensión completamente nueva en la guerra del narco, la del control político y la solidaridad social del territorio. En 2009 algunos miembros de la organización dicen ser nueve mil hombres armados, todos con adoctrinamiento religioso en la funambulesca religión inventada por Nazario Moreno y resumida en su libro Pensamientos. Muchos de cuyos pasajes, dice Ioan Grillo, que lo ha tenido en sus manos, “tienen ese estilo de autoayuda evangélica que puede oírse en sermones que se pronuncian desde Mississippi hasta Río de Janeiro”. Por ejemplo:

    Le pedí a Dios fuerza, y me dio dificultades para hacerme fuerte. Pedí sabiduría, y me dio problemas para resolver. Pedí prosperidad, y me dio cerebro y músculo para trabajar.

    A plata y plomo, dice Eduardo Guerrero, la Familia se hace de lealtades en todos los ayuntamientos. Si el funcionario no accede a colaborar a cambio de una cuota o se descubre que trabaja para Los Zetas o el Cártel del Milenio, es eliminado. Sólo en 2006 son “ejecutados en Tierra Caliente un total de cinco directores y un subdirector de seguridad pública municipal, un comandante y siete policías municipales, presumiblemente por no alinearse con La Familia Michoacana”. El control llega a ser tan efectivo que Servando Gómez, La Tuta, puede hacer una asamblea de presidentes municipales para no tener que hablar uno por uno con ellos. Les dice que todos deben pagar “diezmo”, es decir, un porcentaje fijo de la nómina municipal y otro tanto del destinado a obras públicas.

    Rafael García, presidente municipal de Coalcomán, describe la captura de esos años:

    "Cuando yo ingresé a la administración, el primer mes de enero, tuvimos una reunión en Las Bateas, en Apatzingán. Ahí se nos dijo que finalmente les teníamos que dar el diezmo de lo que era del ramo de obras, y aparte de lo que se consiguiera, ya fuera obra convenida u obra federal. No había necesidad de que nos dijeran los vamos a matar, vamos a secuestrarlos, era por demás. Mientras estuviéramos pagando no había amenaza, todos felices y contentos. La policía municipal nos la tenían sometida, yo no mandaba. A mí me mandaban a través de los comandantes de la policía municipal. Es una gran presión sobre todo de la población, con la gente que tú te comprometiste de que vas a hacer obra y programas sociales y no poder hacerlo. Es que tú estás metido, estás coludido pero ¿yo qué hago? El que se atrevió a ponerles el dedo ya no está aquí."

    El dominio sobre la economía local y sus rentas es efectivo también. A semejanza de lo que hace con los alcaldes, La Tuta puede convocar a una asamblea de productores de aguacate, limón o ganado para fijarles las cuotas que van a pagar por sus huertos y ranchos. Más tarde tendrán el control directo de los huertos y dirán cuánto y cuándo puede cosechar cada quien.

    La Familia Michoacana y luego Los Caballeros Templarios, alcanzan también un grado de solidaridad social y de respaldo a sus métodos sin antecedentes en otras organizaciones criminales, entre otras cosas garantizando la seguridad, ejerciendo funciones de policía y protección contra otras bandas, en particular Los Zetas. Es el momento culminante de lo que se ha llamado la pax narca: ser los criminales más eficaces y confiables que la autoridad en materia de seguridad pública.

    Fátima Monterrosa, reportera del programa noticioso Punto de partida, tuvo una experiencia directa de este fenómeno una noche de agosto de 2013, en Tumbiscatío.

    "En la madrugada tocaron a su puerta y era Servando Gómez, La Tuta, líder de Los Templarios. Le dijo que quería hablar, darle una entrevista. A la mañana siguiente, a plena luz del día y con la gente reunida, se presentó La Tuta en la plaza central de Tumbiscatío. Quería que lo grabáramos, que fuéramos testigos de cómo lo recibía la gente. Una niña se apresuró a besarle la mano, lo llamó padrino. La Tuta, con una pistola al cinto con incrustaciones de metales y piedras, saludaba y ordenaba. Las mujeres competían por ganar su atención, pedían dinero, favores, lo halagaban. La presencia de la cámara no las disuadió."

    En el entorno de la pax narca las fuerzas federales que actuaban en Michoacán terminaron siendo vistas como “fuerzas de ocupación”, en parte, dice Denise Maerker, porque el enfoque general de la intervención policiaca y militar se planteó en términos tajantes de buenos y malos, de federación contra estado, de delincuentes y sospechosos locales contra incontaminados miembros de las fuerzas federales.Sigue Denise Maerker:

    "Plantearse el problema del crimen organizado y de su arraigo en Tierra Caliente como un asunto de buenos contra malos fue uno de los errores del gobierno de Felipe Calderón. Vistos desde afuera, sin un conocimiento de la zona y de su historia, todos los habitantes de la región podían entrar en la definición de malos."

    De la Tierra Caliente michoacana ha escrito el historiador Luis Gonzalez y González que es un “infierno fértil” donde la gente sabe “matar y morir sin aspaviento”. Es una de las zonas frágiles, indomesticables de México, refugio histórico de guerrillas y delincuentes desde la Independencia.

    No obstante su identificación con el entorno, en muchos sentidos su condición de pez en el agua, La Familia Michoacana y luego Los Caballeros Templarios, son ante todo una organización criminal. Su estructura organizativa, como se ha dicho, procede de Los Zetas, pero ellos añaden a la brutalidad Zeta su propia dimensión feroz. Más que elocuente al respecto es el testimonio de un instructor de reclutas de La Familia llamado Miguel Ortiz, El Tyson, detenido en 2010. El Tyson cuenta a sus interrogadores que una noche, en un monte próximo a la ciudad de Morelia, le reunieron a 40 reclutas de La Familia para que los entrenara como sicarios. Junto con los reclutas le llevaron unos prisioneros zetas. “Los pusimos a que los mataran, los degollaran, los destazaran”, dice El Tyson, para que fueran “perdiendo el miedo a cortar una pierna, un brazo”.

    "Usamos un cuchillo de carnicero de unos treinta centímetros, un machetito… No es fácil porque hay que cortar el hueso y todo, pero se busca que sufran para que pierdan el miedo a ver sangre. [En descuartizar una víctima tardan] aproximadamente diez minutos. Es mucho, puede durar mucho menos, pero ahí se van poniendo a prueba los muchachos, para que no se pongan nerviosos. Aproximadamente duran diez minutos. [Yo tardo] tres, cuatro minutos.....
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    1 comentario:

    1. que IGNORANTES...quien escribio esta ''historia'' confunde a los pandilleros fronterizos con MARAS SALVATRUCHAS.. LOS MARAS SON PANDILLEROS CENTROAMERICANOS..y estos pandilleros fronterizos en los que se refiere esta historia en la frontera mexico-usa.. son pandilleros mexicanos o chicanos.. nada que ver con las pandillas centroamericanos es decir con las ''maras'' NO SE CONFUNDAN,, jejeje yo no se por que confuenden las pandillas chicanas/mexicanas con las pandillas centroamericanas...

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