viernes, 22 de mayo de 2015

Fuerzas Especiales; la otra guerra, ahora militares se enfrentan a los cárteles con igual poder de fuego

  • viernes, 22 de mayo de 2015
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    Por Jorge Medellín @JorgeMedellin95 / Estado Mayor
    El Cuerpo de Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano vive su propia guerra contra los cárteles de la droga. Sus operaciones han causado graves daños en la estructura del narcotráfico. Capturan a capos, a sicarios y a operadores financieros, pero los golpes recibidos por este grupo especial magnifican la guerra contra al narco de manera por demás significativa.

    Ciudad de México,-NARCOVIOLENCIA-Las fuerzas especiales del ejército mexicano libran su propia guerra contra el crimen organizado. Se trata de una confrontación que en los lustros recientes ha cobrado la vida de al menos 51 militares de élite y de miles de civiles en las filas de la delincuencia organizada.

    Las cifras de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) indican que en los últimos ocho años, sus tropas han sostenido más de 2 mil 500 enfrentamientos en la guerra contra el narcotráfico.

    La guerra de las fuerzas especiales en contra de los cárteles de la droga ha adquirido mayor relevancia, porque el poder de fuego de los narcotraficantes ahora está aparejado a un adiestramiento inusitado que compite precisamente con el de las fuerzas especiales en varios niveles.
    Los primeros datos obtenidos por el ejército tras el derribo del helicóptero Cougar 1009 de la Fuerza Aérea Mexicana indican que los tiradores del CJNG atacaron a la aeronave con un arsenal de diez lanzacohetes tipo RPG-7, RPG-27 y M-72, todos diseñados para detener el avance de carros de combate blindados.

    En el lugar del ataque había al menos 20 cohetes sin usar. Mandos militares estiman que en el ataque los sicarios dispararon no menos de 15 o 20 veces contra el Cougar. Dos de los tiros alcanzaron al aparato.

    Semanas después del derribo del helicóptero EC-725, medios norteamericanos obtuvieron declaraciones de presuntos integrantes del CJNG detenidos en Jalisco luego de la caída del Cougar. Los presuntos narcotraficantes aseguraron recibir entrenamiento por parte de ex soldados Kaibiles del ejército de Guatemala y de ex Marines de los Estados Unidos.

    Otra versión en torno a la preparación para militar del CJNG señalaba que sus integrantes habían recibido entrenamiento en Colombia por parte de las FARC (Fuerza Armadas Revolucionarias de Colombia) en campos de práctica del grupo guerrillero.

    Parte de ese entrenamiento habría consistido en el manejo de armas de fuego de alto poder, como los lanzacohetes RPG y M72, los más comunes en el mercado negro de armas de fuego. El manejo de explosivos, la colocación de minas antipersonales y la capacidad para atacar con éxito aeronaves militares son otras de las habilidades desarrolladas por las FARC.

    A esta clase de enemigos se enfrentan hoy las fuerzas especiales del ejército mexicano, cuerpo que en los últimos nueve años ha reducido el número de sus integrantes en poco más de la mitad.

    Cada vez menos

    En enero de 2014, la Sedena contestó a una solicitud de acceso a la información -que primero respondió negando los datos requeridos- acerca del número de elementos que han integrado al Cuerpo de Fuerzas Especiales.

    Se le pidieron a la dependencia cifras en torno a este tema que abarcaran del año 2006 al 2013 para conocer los cambios en el número de integrantes. La respuesta de la secretaría reveló que las fuerzas especiales del ejército mexicano se han achicado en los últimos nueve años.

    En el 2006 la Sedena contaba con 5 mil 106 elementos de fuerzas especiales. Con esa cifra de tropas altamente especializadas fue como el entonces presidente Felipe Calderón abrió su mandato e inició su guerra contra el narcotráfico en 2007.

    En los primeros días del calderonismo el ejército mexicano arrancaba la misión del combate frontal al narco con la Operación Conjunta Michoacán, en la cual participaron más de siete mil efectivos de diversas armas y servicios.

    El número de fuerzas especiales en el 2007 ya era menor; lo integraban 5 mil 046 efectivos (60 soldados menos). Para el año siguiente, 2008, la cifra disminuyó; de 5 mil 046 pasó a 4 mil 928 elementos (118 soldados menos).

    Un año más tarde -2009- hubo una leve disminución al pasar de 4 mil 928 integrantes a 4 mil 916 efectivos (12 soldados menos). En el 2010, en la parte más álgida de la guerra contra el narco, la Sedena trató de incrementar sustancialmente el número de fuerzas especiales para compensar la salida de 170 elementos altamente entrenados en plena lucha antinarco.

    Para esos momentos, al ejército se le había ido de las manos el equivalente a un grupo completo de fuerzas especiales, con mando, comando, grupo de inserción, grupo de asalto y apoyo logístico, médico y de comunicaciones.

    Así, la Sedena tan solo logró incrementar en 20 elementos el número de nuevos integrantes de las fuerzas especiales, para quedar en 4 mil 936 efectivos en el 2010. Para el 2011 las bajas, los abandonos de elementos de las fuerzas especiales fueron mayores. De golpe, 142 soldados de este cuerpo de élite abandonaron sus filas; una compañía completa de fuerzas especiales, medio batallón sumando los 170 del 2010.

    En ese año el número de integrantes de las fuerzas especiales era de 4 mil 794 miembros. En el 2012 solo se registraron 10 bajas, diez salidas de soldados de las fuerzas especiales, quedando en 4 mil 784 integrantes.

    Finalmente, en el 2013, la cifra de tropas de las fuerzas especiales del ejército mexicano quedó en 3 mil 380 efectivos.

    Sobran muertos, faltan muertos

    Como ocurre en muchos otros aspectos del desempeño militar que deben ser indagados mediante solicitudes de acceso a la información gubernamental, los datos sobre la muerte de soldados de las fuerzas especiales son dispares e incompletos.

    En una de las respuestas de la Sedena proporcionadas en febrero de 2011 sobre este tema, la dependencia informaba que entre los años 2000 y 2011 fallecieron 43 militares pertenecientes a las fuerzas especiales del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos.

    Según esta información, los peores años para los integrantes de las fuerzas especiales fueron el 2003 y el 2010, en los que fallecieron 8 y 10 elementos respectivamente.

    En el año 2000 fueron dos los miembros de las fuerzas especiales fallecidos en combates o en operativos contra cárteles de la droga. En 2001 la cifra se elevó a seis elementos caídos. Para 2002, ya avanzado el sexenio de Vicente Fox, la cifra fue otra vez de dos elementos fallecidos. En 2003, ésta aumentó a 8 militares de fuerzas especiales abatidos.

    En 2004 fueron cuatro los soldados caídos mientras que en 2005 murieron cinco militares y en 2006 fallecieron tres. Paradójicamente en el 2007, el primer año del gobierno de Felipe Calderón y su guerra contra el crimen organizado, cayó ningún militar perteneciente a las fuerzas especiales.

    En el 2008 cuatro soldados de este cuerpo especial murieron en un operativo en el norte del país. El 2009 no registró ninguna pérdida fatal en las filas de las fuerzas especiales, pero en el 2010, el año más violento de la guerra calderonista contra el narco, murieron 10 efectivos de este cuerpo de élite. Un año más tarde la cifra fue de cero elementos caídos.

    En total, la Sedena indicaba que hasta el 2011 eran los 43 soldados de élite muertos en acción y que entre 2006 y 2011 la cifra de militares de fuerzas especiales abatidos era de 17 efectivos.

    Sin embargo, en octubre de 2012, durante una visita de los medios de comunicación al Cuartel General y Centro de Adiestramiento de las Fuerzas Especiales en el campo militar de Temamatla, estado de México, el coronel Manuel Aroche Palacios, entonces comandante del 10° Batallón de Fuerzas Especiales, dijo a los reporteros que el cuerpo estaba integrado por unos 5 mil elementos (eran 4,784) y que en el sexenio habían fallecido en combates 12 efectivos.

    En la visita a las instalaciones militares se dijo también que de 1997 a octubre de 2012 el número de elementos de fuerzas especiales muertos en diversas circunstancias era de 45. Otras fuentes periodísticas nacionales y foráneas consignaron aquel día que la cifra de militares fallecidos era de 47 efectivos en el mismo lapso.

    Los datos contrastan con la respuesta de Sedena de febrero de 2011, en la cual podía verse, en una tabla elaborada por la secretaría, que entre 2006 y 2011 murieron 17 elementos, no 12. En la tabla no aparecen los datos del último año del mandato de Calderón, pero aun sin ellos la cifra es superior a lo señalado por el mando en Temamatla.

    Conforme a las cifras proporcionadas por la Sedena en febrero de 2011, y agregándole los decesos recientes como consecuencia del ataque del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), en donde fallecieron 8 tropas de fuerzas especiales y un policía federal, a la fecha han muerto 51 integrantes de este cuerpo especial.

    Según notas periodísticas fechadas en octubre de 2012 en el contexto de la visita a Temamatla, el 28 de ese mes fallecía en Santiago Papasquiaro el coronel Felipe Villalobos Díaz, integrante del Cuerpo de Fuerzas Especiales, al recibir un balazo en el cuello.

    Sin embargo, los diarios impresos y digitales de Durango y Coahuila que consignaron lo sucedido señalaban que fue un compañero de la misma unidad quien le disparó sin que se hubiera determinado si fue un accidente o una agresión. La muerte del coronel Villalobos nunca se aclaró de manera pública.

    Hasta ese momento, este era el deceso más reciente de un elemento de las Fuerzas Especiales, ya sea en enfrentamientos con el crimen organizado o en otras circunstancias.

    La mañana del pasado primero de mayo, la lista de soldados de las fuerzas especiales caídos en acción se incrementó de golpe con el ataque y derribo del helicóptero EC-725 Cougar, Matrícula 1009, de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM).

    El deceso de ocho elementos pertenecientes a la unidad controlada exclusivamente por el  Alto Mando (el general secretario Salvador Cienfuegos Zepeda), no solo significó un golpe de proporciones mayúsculas para la institución y una demostración contundente de fuerza por parte del crimen organizado.

    Fue también una afrenta y una dura batalla perdida para el Cuerpo de Fuerzas Especiales del Ejercito Mexicano, encargado de las operaciones más complicadas, riesgosas y secretas contra los cárteles de la droga.

    Evolución

    En octubre de 2007, el general de Brigada Arturo Vallarta Tafolla, escribió un artículo para la Revista del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos en el que describía a grandes rasgos la historia y el desarrollo de las Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano.

    En general señalaba que “el antecedente inicial de la creación de las unidades de Fuerzas Especiales en épocas contemporáneas, sucedió en enero de 1986, cuando se previeron posibles actos de terroristas durante el desarrollo del Mundial de Fútbol, que se realizaría en nuestro país, durante el mes de junio de ese año; dentro de otras medidas tomadas por el Gobierno de México, se organizó una unidad antiterrorista, la cual fue adiestrada por elementos de la Gendarmería Nacional Francesa, en las diversas especialidades con que un organismo de esta naturaleza debe operar.

    “Debido a las condiciones sociales delictivas en las que se encontraba nuestro país, en octubre de 1986, fue necesario adoptar medidas pertinentes para coadyuvar a la seguridad nacional por el Gobierno de México; una de estas medidas, fue la creación del “Grupo de Montañismo Anáhuac”.

    Vallarta recuerda que después de un mes de exámenes a 156 militares voluntarios, se seleccionaron 64 elementos; “la selección fue realizada por militares mexicanos y civiles extranjeros (sic), especialistas en el estudio de la conducta humana, auxiliados por equipos electrónicos, aplicando criterios, cuya naturaleza alcanzara objetivos, con valores y comportamientos”.

    Una vez recibido su adiestramiento en cada una de sus especialidades, la unidad fue reunida con las tripulaciones de helicópteros de la Fuerza Aérea Mexicana, organizada y adiestrada en conjunto.

    Al regreso del adiestramiento, estableció su base de operaciones dando inicio a sus actividades a partir de julio de 1987, señalaba el general.

    Así, en junio de 1990, el Gobierno Mexicano dio por terminado el proyecto con el que se originó la unidad; con fecha de 16 de agosto de 1990, se autorizó la plantilla orgánica, denominándose Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales, con matriz en La Paz, B.C.S., y destacando en la ciudad de El Salto, Pueblo Nuevo, Durango. En noviembre de 1990, el G.A.F.E. fue cambiado a la Ciudad de México, Distrito Federal.

    El alzamiento del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas en enero de 1994, aceleró los programas de modernización planeado para el año de 1995, y detonó el apoyo definitivo para las Fuerzas Especiales.

    Se crearon 10 Grupos los cuales fueron repartidos a las diferentes Regiones Militares y en 1996 se crean los dos últimos GAFE de Región Militar. Entre enero y abril de 1997 se crean 53 Grupos Aeromóviles de Fuerzas Especiales adicionales, los cuales son repartidos en todas las Zonas Militares del país y se agrega una Fuerza de Intervención Rápida, señalaba Vallarta en su artículo.

    En enero de 2002 se reorganizó a los Grupos Aeromóviles de Fuerzas Especiales agrupándose en 9 Batallones de Fuerzas Especiales y una Fuerza de Intervención Rápida.

    El general Arturo Vallarta detallaba en su texto los programas de adiestramiento de cada una de las unidades de Fuerzas Especiales:

    -Operaciones Urbanas

    -Patrullas

    -Asalto a vehículos

    -Adiestramiento de operaciones aeromóviles

    -Rescate de rehenes

    -Conducción de seguridad y evasión

    -Búsqueda, localización y destrucción de artefactos explosivos

    -Agresivos químicos

    -Plan DN-III-E

    -Tiradores selectos

    -Explosivos

    -Motociclismo

    -Sanidad militar

    -Fotografía aérea y de objetivo

    -Armamento

    -Transmisiones militares

    -Buceo de combate

    A este temario se han incorporado materias como Antiterrorismo, Guerra cibernética y Guerra bacteriológica.

    Vallarta añadía que en esos momentos la estructura del Cuerpo de Fuerzas Especiales estaba compuesta de: un Cuartel General, 11 Batallones, 5 Grupos Anfibios y una Fuerza de Intervención Rápida, encuadrados en 3 Brigadas, además de un Grupo dependiente directamente del Alto Mando de la Secretaria de la Defensa Nacional.

    Sin embargo, esta estructura ha sido modificada varias veces para encontrar un modelo que permita mayor movilidad y reacción en casos de confrontación amplia o de una escalada violenta en uno o varios puntos de país.

    De 11 batallones el Cuerpo de Fuerzas Especiales pasó ahora a 6 batallones, más las Fuerzas Especiales del Alto Mando y un Grupo de Reacción, todos agrupados en tres Brigadas: Primera Brigada de Fuerza Especiales, en Puebla, Puebla; Segunda Brigada de Fuerzas Especiales, con sede en Tijuana, Baja California; y Tercera Brigada de Fuerza Especiales, ubicada en Ixtepec, Oaxaca.
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