domingo, 31 de mayo de 2015

Habitantes de Ocotlán extrañan al Cártel de Jalisco Nueva Generación, dicen ellos los protegian

  • domingo, 31 de mayo de 2015
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    Ocotlán, Jalisco.-NARCOVIOLENCIA.- En el altar improvisado para los ‘Guerreros del Cinco’, los jóvenes son nombrados por sus apodos: ‘Pollo’. ‘Nacho’. ‘Blanquito’. En las fotos, algunos tienen tatuajes elaborados, otros portan armas.

    Once de los hombres que murieron este mes en uno de los choques más mortíferos de la guerra mexicana contra las drogas salieron de las cuadras del Infonavit 5, una colonia pobre llena de bares y burdeles en esta ciudad agrícola del estado de Jalisco.

    Sus familiares y vecinos no niegan que por lo menos algunos de ellos pudieron haber trabajado para el Cártel Jalisco Nueva Generación. Pero esa etiqueta significa poco aquí.
    No los ven como mafiosos sino como amigos de la infancia que vigilaban casas, cuidaban carros estacionados e impedían que los ebrios faltaran al respeto a las mujeres.

    Es la Policía, aseguran, quien se lleva cosas de la tienda de la esquina sin pagarlas, te revisa cuando caminas hacia tu casa, hace que tu hija de 12 años se desabroche la blusa.

    “La gente ya no sale a la calle porque le tienen miedo al Gobierno”, dijo Graciela Pineda, cuyo hijo de 21 años, Martín García, fue el segundo de sus hijos en ser asesinado por las autoridades en los últimos tres años.

    “Estos muchachos nunca le faltaron al respeto a nadie. Ellos nos cuidaban”.

    En el funeral de un hombre de Infonavit 5, mientras los mariachis tocaban canciones tristes y los familiares vertían whiskey en el féretro, la multitud gritaba consignas contra el Gobierno. “Esta era una ciudad muy bonita, pero ya no”, dijo una tía del difunto, quien se negó a dar su nombre. “Ahora hay mucho miedo”.

    Después de la emboscada contra federales en Ocotlán, los residentes del Infonavit 5 dijeron que la Policía empezó a vigilar la colonia, hostigando a los vecinos y robando relojes y celulares.

    Muchos consideran a los jóvenes que murieron, y al Cártel Jalisco Nueva Generación, sus defensores contra estas agresiones.

    Fue el cártel, dijo Luis Gerardo García, quien llevó colchones y cobijas cuando las casas se inundaron y envió camionetas llenas de juguetes y bicicletas para los niños en Navidad.

    “Aquí hay mafiosos”, dijo. “Pero se aseguran de que nadie robe, nadie extorsione, nadie secuestre. No se meten con la gente de aquí”.

    Ahora que su hermano y otros 10 de la colonia han muerto, los residentes se sienten preocupados y temerosos. En el gimnasio de García, sus compañeros luchadores se arrodillaron en el ring y aplaudieron en su honor, luego se levantaron cantando “¡Draco!”.

    Afuera del altar de los Guerreros del Cinco, un carro se estacionó y empezó a tocar una de las las canciones favoritas de los muchachos, “Un Millón de Balas”.

    Viendo desde una silla de plástico, Graciela Pineda se preguntó: ¿Y ahora quién nos va a proteger?”. (Joshua Partlow/The Washington Post)
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