jueves, 21 de mayo de 2015

Mi Narcoamor Una historia de amor, peligro, dolor y narcotráfico....CAPITULO 12

  • jueves, 21 de mayo de 2015
  • Comentarios
    CAPITULO 12
    Autor: Buchonahermosa/Julieta M.
    Esta historia fue publicada originalmente en wattpad
    Sigue en Twitter a la autora de esta historia Julieta M. @JulietaMd9
    <---Anterior CAPITULO 11
    En este punto de la historia yo ya no era capaz de dar marcha atrás con mi amor por Mario. Mientras cualquier otra muchacha que acaba de enterarse de qué su "novio" anda en cosas turbias estaría asustada, mi enamoramiento jugaba el papel de un filtro de Instagram: pintaba todo más bonito y atenuaba los defectos de la situación. Me dolía más pensar que se fuera de mi vida, no verlo, no tocarlo, no abrazarlo, no ser suya... Podía mas eso que mi raciocinio, o qué mi "moral"; yo no era consciente de los peligros que esto implicaba, realmente me encontraba como cedada bajo los efectos del amor y aunque Mario a mi me parecía inofensivo, estaba metido hasta el cuello en cosas qué con el tiempo fui descubriendo, pero aún no es momento de contar eso.

    Regresé hasta el lunes a Monterrey. Con el dinero de Mario soborné a algunos maestros para que me dejaran presentar después el examen que igual reprobaría, me cancelaron el intercambio a Holanda, comencé a discutir en demasía con mis papás y eso era sólo la punta del iceberg...

    Esa semana las cosas cambiaron drásticamente en mi cabeza: me obsesioné. No lo sabía, pero ahora que lo recuerdo, si no me llamaba me ponía cómo loca y no dormía en toda la noche; cómo ejemplo les contaré qué así sucedió un día que se fué para Hermosillo, él prometió llamarme pero no lo hizo. Esa fué la primera vez que consideré terminar lo más hermoso y literalmente tangible que he iniciado con alguien.
    Me revolvía en la cama, no podía dormir. Una parte de mí sabía que ese día no me iba a llamar, y yo literalmente <n ec e s i t a b a > que lo hiciera. Me levanté a alaciarme el cabello a las 3:00 a.m., prendí mi ipod y comencé a escuchar "Mentirosa" de Elefante mientras cantaba a todo pulmón y lloraba convencida de qué si me llamaba le diría que ya no quería nada con él. Al día siguiente me quebré por completo en clase de anatomía y terminé llorando en el baño echándole la culpa a todo el mundo sin saber que sólo una cosa la tenía: Que Mario no me había llamado. Ahora qué lo analizo así tal vez Mario no tenía la culpa de las crisis en las qué entraba, ni de qué no durmiera... Tal vez me obsesioné desde el principio y hoy, escribiendo esto es qué me doy cuenta; tal vez sólo es necesario aceptar que soy una mierda obsesiva y trabajar en ello para "estar bien”.

    Un muy mal día discutí muy fuerte con mi papá y tomé el primer vuelo a Culiacán. Presenté un justificante en la escuela, pero ciertamente poco me importaba si tendría validez o no. Estaba completamente quebrada si no hablaba con él...Todo lo que quería era ver a Mario , tenerlo cerca y olvidarme de Monterrey y los problemas que en el habitaban. En ese momento no me interesaba mucho nada qué no fuera Mario, ni nada que no fuera con él.. Mi felicidad se limitaba a recibir sus llamadas y mensajes. Creo que el sólo hecho de haber sabido la verdad me obsesionó con el tema de perderlo, o de un día sin mas dejar de verlo; así descubrí Wattpad y encontré un nuevo refugio: escribir.

    En mi obsesión por saber que pasaba cuándo él no me escribía, imaginaba que se iba y no me volvía a hacer el amor de nuevo, o no me volvía a hablar más. No tenía motivos para pensar eso y sin embargo lo hacía. Si intentaba ver la tele o estudiar, seguía esperando a que Mario me escribiera; así qué borré su número cómo diez veces para "no esperara ver su nombre en mi pantallita" (según yo), pero Él siempre terminaba enviando algo explicando porqué no se había reportado y la tranquilidad regresaba a mí.

    Lo que quiero con todo esto es ser lo más explícita posible al respecto, no sé si a este punto tengan la capacidad para imaginarse cómo era que me sentía, cómo lloraba o me torturaba a mi misma imaginando cosas (que al menos hasta ese punto) no tenía motivos para imaginar, pero para no hacer todo esto más largo e ir a lo verdaderamente importante de este capítulo, diré que las veces que lo vi durante la semana y media que estuve en Culiacan, iba apresurado, llegaba tarde, o siempre se escudaba tras el pretexto de qué tenía que ir a trabajar. En una de esas ocasiones me pidió verme más temprano de lo que habíamos acordado, era un viernes... Me dijo qué los viernes era costumbre ir a jugar cartas con sus primos, y qué ya había quedado, qué no podía faltar.

    Puedan o no verle algo extraño a eso, a mi algo no me olía bien (eso o era mi tendencia negativa a sentir siempre qué hay algo malo) y la puntualidad con la que decía tener que irse, no le ayudaba mucho a mis presentimientos. Algo definitivamente no andaba bien, me lo decía su mirada, su nerviosismo, mi subconsciente mismo o tal vez la paranoia que en esas semanas había desarrollado.

    Comencé a investigar su círculo, las chicas qué le hablaban por twitter, incluso en su whatsapp.

    Esa mañana el día amaneció gris, mi estomago vacío, y mis ganas de llorar llenas. Ese día sentí el corazón roto. Roto sin más, sin preámbulos, sin avisos, cómo cuando tu sueño va perfecto y te despiertan, y ese frío combinado con ácido gástrico recorre tu esófago y hace que sientas los calzones hasta los piés. Entonces tus intestinos se retuercen y sientes caliente la cara, y duelen las sienes y te encierras en el baño a llorar.

    Mamá me dijo un día qué Mario no le daba buena espina, y con justa razón: unos días después descubrí qué efectivamente, Mario estaba viendo a otra muchacha...
    Apóyanos con un me gusta a nuestra página de Facebook/NarcoviolenciaOficial
    Compartir:

    0 comentarios:

    Publicar un comentario