viernes, 29 de mayo de 2015

Mi Narcoamor Una historia de amor, peligro, dolor y narcotráfico....CAPITULO 13

  • viernes, 29 de mayo de 2015
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    CAPITULO 13
    Autor: Buchonahermosa/Julieta M.
    Esta historia fue publicada originalmente en wattpad
    Sigue en Twitter a la autora de esta historia Julieta M. @JulietaMd9
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    Me reí al principio, quise decirme que no pasaba nada, qué se fuera a la chingada porqué yo no lo necesitaba pero mi idea de fortaleza se cayó en cuánto colgué el teléfono...

    No se pregunten mucho cómo hice contacto con ella (aunque claro que tuve que hacer toda una labor de inteligencia digna del FBI), sería tedioso entrar detalles qué de todos modos nos van a llevar al hecho de qué ese día, comenzó un infierno mental que aún hoy no supero.

    Tras hablar con ella intentando convencerme a mí misma de qué nada pasaba, insistió en llamarme y me contó toda la verdad: en el punto en el qué mas enamorada y convencida me sentía de Mario, él la conoció y comenzaron un torrencioso amorío. Ella decía qué Mario tenía varias semanas yendo a verla después de haber intercambiado mensajes de twitter por varios días. Su nombre era Diana; estudiaba negocios internacionales y vivía en Culiacan.
    Él rápidamente le ofreció sexo; ella rápidamente le dijo que hasta que fueran algo; el insistió, le habló de un futuro juntos, de quererla, cuidarla y respetarla hasta qué ella decidiera que ya era tiempo, argumentando qué la necesitaba, todo esto para qué cayera...
    Y lo hizo.

    Mis ilusiones se cayeron, mis planes, mis ideas todas se me volvieron agua entre los dedos... El rollo de saber que mi cuento de amor no tenía nada de amoroso apagó mis neuronas al instante. Lo que yo consideraba especial, único e inigualable, ya no lo era. Él muy probablemente no se sentía igual que yo, no me quería igual que yo a él; ni siquiera había sido algo "cósmico", ni correspondido en ese sentido y el hecho de qué me hubiera acostado con él... Me rompió no sólo el corazón, sino la mente, la cabeza y la serenidad. Tal vez no le fui suficiente, tal vez por eso sintió la necesidad de buscar a alguien más.

    Ya no me parecía un envío de Dios. Me parecía mas bien un castigo, sí... Uno frío y de dolor- punzante, semejante a lo que debe sentirse el corte de un hielo filoso.

    Había grabado la llamada porqué pensaba qué necesitaría tener pruebas para mostrarle a Mario que la huerca me había llamado para meter sisada, pero en vez de eso me derrumbé llorando a escuchar la grabación una y otra vez. Las mismas palabras, las misma excusas, su actitud distante y nerviosa, sus salidas... Todo me confirmaba lo verdaderas que eran las palabras de Diana.

    Pensé en lo que iba a hacer. Lo pensé mucho... ¿Me alejaba sin decir nada? ¿Hablaba con él? ¿Lo citaba y me aparecía ahí con ella? Ella me sugirió ésta última, segura de qué no podría mentirnos a las dos. No tenía una idea de lo peligroso qué eso pudo haber resultado.

    Como sea él ya sospechaba. No respondía mis mensajes, ni los de Diana, ya sabía qué le queríamos tender un cuatro. Entonces supe qué lo qué realmente quería no era vengarme, no era ridiculizarlo, ni siquiera quería discutir con él... Sólo quería una explicación. Las preguntas daban vueltas en mi mente y nuevamente mi mantra de no pasa naranja, terminó por contradecirme a mi misma. No era lo que Diana quería hacer, no era lo que toda la gente opinaba que debía hacer, era como me sentía yo, y yo en ese momento no podía hacer más que quebrarme. Su actitud cambió al instante cuándo me escuchó llorando, diciéndole que necesitaba verlo y me pidió qué le indicara la hora en qué quería que viniera. -A las ocho...- le dije.

    Así esperé desde medio día hasta la hora acordada. Ni siquiera pensé en qué decirle, sólo quería sacarlo así. Diana seguía contándome cosas, metiendo sus dos manos en mi herida, fingiendo cierto apoyo qué bien, nadie ofrece así nada más; no era mi amiga, no decía las cosas porque me quisiera, no lo hacía por evitar que sufriera, pero yo en ese momento no lo entendí así.

    Esperé casi contando los minutos; hice un cheque por la misma cantidad de dinero que me había dado la vez pasada que estuve en Culiacán y la firmé cómo mi papá; sólo dejé vacío el campo del remitente puesto qué tampoco sabía completo el nombre de Mario. Me arreglé un poco el cabello y me di cuenta de qué en lo qué hace unas semanas hubo una mirada llena de ilusiones, ahora sólo se encontraba un par de ojos hinchados y tristes. Me ricé las pestañas pesadas por la humedad y les puse un poco de rimmel, pero no podía quitarme esa mirada triste y desencajada.

    -¿Qué te hice? - Fué la pregunta del millón.

    Apenas pude decir eso sin llorar en cuánto estuvimos en posición de hablar. Dio un gran suspiro de alivio, cómo diciendo ahhh era eso! Está asi por mi distancia! ¿Qué me hiciste? No me hiciste nada - Entonces porqué crees tú qué merezco que juegues asi conmigo?-

    Se quedó pasmado, y tras pensarlo un momento sólo soltó un -Yo no he jugado contigo...-. ¿Estás seguro?Hasta ese momento parecía medianamente estarlo, pero en cuánto comencé a reproducir la llamada y escuchó esa voz, su expresión cambió por completo. Escuchó pacientemente mirando al piso casi hasta el final, entonces tomó mi teléfono e intentó quitar lo que restaba; yo alegué que lo escuchara todo, y aunque sabía que era cierto, no me encontraba totalmente preparada para lo que diría después -Es verdad', todo es cierto...Ya quítalo-.

    Me quedé muda.

    Muy en el fondo esperaba que me dijera que era mentira o que hiciera algo por mitigar mi dolor, pero él no hacía más que mirar al piso. -¿No vas a decirme nada?¿No me vas a explicar porqué?-

    -Por cabrón- me dijo.

    No puedo desatar este nudo que se forma en mi garganta de sólo recordarlo... Este vacío frío qué se abre en mi pecho cada vez qué pienso en ello, ni evitar estas ganas de llorar. Pasaron las horas cómo minutos. Me dolía cada segundo, cada palabra, quería que me tragara la tierra y me escupiera hasta el momento en que lo conocí y evitarlo.

    En su argumento, incluyó cosas cómo no tengo cara para pedirte qué me perdones, todo lo que te dije de nosotros era verdad, no supe decirle que no, y qué incluso si decidía terminar con todo, no volvería a saber nada de Diana. Ahora que lo pienso y lo conozco mejor, sé qué Mario en lo único que dijo la verdad fué en eso último. Sacié mi sed de respuestas, me asqueé de ellas... Sólo quería irme a dormir. Me pregunto si era lástima lo qué realmente sintió por mí en esos momentos, lástima por un manojo de nervios que no paraba de llorar.

    Él insistía, me sostenía del brazo, me miraba fijamente a los ojos; yo no dejaba de verlo casi con admiración deseando que todo esto fuera un mal sueño, no podía estarme pasando.

    No lo soportaba más. Me envolví en las sábanas de la cama vestida y el fué después de mí, se metió también en la cama y me abrazó; insistí en qué me soltara pero no lo hizo, ni mis gritos ni mis rechazos impidieron que se quedara ahí conmigo; acarició mi cabello y mi cara hasta qué el llanto fue cesando y me quedé dormida... No imaginaba ya mi vida sin él, y bueno... Me prometió cambiar.

    A la mañana siguiente desperté y él ya no estaba, la tristeza me volvió a helar el pecho. Me bañé mientras escuchaba la canción predilecta de mis tristezas, una qué escuché por primera vez en Bélgica, I hate everything about you de Three Days Grace, recogí mis cosas, hice mi maleta y tomé mi vuelo a Monterrey.

    Con Diana seguí hablando unos días más, aplastaba mi autoestima con cada declaración que hacía, y sin más no volví a saber de ella hasta pasados dos días...
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