viernes, 5 de junio de 2015

Mi Narcoamor Una historia de amor, peligro, dolor y narcotráfico....CAPITULO 16

  • viernes, 5 de junio de 2015
  • Comentarios
    CAPITULO 16
    Autor: Buchonahermosa/Julieta M.
    Esta historia fue publicada originalmente en wattpad
    Sigue en Twitter a la autora de esta historia Julieta M. @JulietaMd9
    <---Anterior CAPITULO 15
    Lo que aquella noche pasó, ahí se quedó y no volví a tener contacto con Gustavo. Lo único que supe fué qué nada más lo golpearon y lo tiraron ahí por la carretera. Silvia me contó que fué "un asalto".

    Conforme pasaban los días me sentía más sola pero me iba acostumbrando. Caminaba de aula en aula con las ilusiones hechas pedacitos, viviendo de nuevo en automático, intentando concentrarme en la escuela, aunque ya nada de lo que hacía me llenaba igual, ¿Pero qué cosa si lo hace?

    Por unas semanas así fué. No recibí más llamadas suyas, ni me vigilaron. Ya no me enviaba flores, ni iba a mi escuela. Volví a ser Julieta la normal: la qué no tiene sexo y se motiva con las salidas de los fines de semana; a la qué pretenden e invitan a salir pero qué no lo hace porqué no le dan ganas; con su vida bastante común y hasta aburrida, yendo de la escuela al hospital, y del hospital a casa.
    Recibiendo de vez en cuándo una llamada de Vivi para ir al crossfit, o viviéndosela en el gym en sus ratos libres. Aunque más bien la mayor parte del tiempo la pasaba recluida en mi casa estudi-ando, pens-ando en todo menos en lo qué estaba sucediendo.

    Pasé de llorar todos los días a hacerlo sólo cuándo el cielo estaba gris y lo recordaba. Hice un hábito caminar largos tramos cuándo me invadía la nostalgia; apagaba mi teléfono para no tener que ver qué no me llamaba. Definitivamente Mario no me había buscado más.

    Tal vez así era mejor para todos, pero lo extrañaba. Mi perro ladraba por las noches y lo primero que me venía a la mente eran esas veces cuándo Mario venía a mi casa ya muy de madrugada y nos quedábamos por cualquier rincón de la casa hablando tonterías; el sólo escuchar el motor del camionetón me emocionaba y apresuraba a abrirle la puerta; pero luego recordaba qué ya no era así, qué estaba a muchos kilómetros de distancia y era más qué lógico que no era Mario quién perturbaba a mi perro con su presencia. Cómo ya habrán notado, no soy buena narrando las cosas cronológicamente puesto qué no había contado eso antes, imagínenlo cómo un recuerdo de cuándo todo era bueno...

    Muchas veces eso pasó. Muchas veces vino por la madrugada a abrazarme, a hablarme, a decirme que ya se iba... Con un apretoncito de su mano me sentía más suya y más feliz... ¿Que importaba si era escolta, narcotraficante o sicario?! Me llenaba de calorcito y amor, y aunque sólo fuera idea mía, me hacía feliz! El lobo se convertía en oveja para regalarme las rosas más bellas y los besos más tiernos. Si tan sólo no hubieran sido así las cosas...

    Una mañana cuándo estaba en clase, mi teléfono sonó cómo era habitual. No era ninguna notificación de whatsapp o facebook, era mi alarma de periodo, el cuál siempre llegaba en la fecha en qué el calendario lo marcaba, pero esa vez no fué así. Decidí no perder la calma, esperé pacientemente varios días antes de comenzar a preocuparme, pero el sangrado que tanto esperaba, no llegó...

    Las probabilidades estaban al 50%, y a decir verdad, habían varias ocasiones de las que dudaba. Era muy pronto para hacerme una prueba, aún no lo podía saber pero las ansias me consumían... ¿Y si si estaba embarazada? ¿Que iba a hacer? ¿Cómo le iba a explicar a mis papás? ¿Cómo lo iba a mantener? ¿Y la escuela?

    A nadie le conté de mi situación excepto a Fanny, una amiga de Reynosa que conozco desde bien huerquita, ella una vez abortó. Su novio era militar. Al principio se veía muy entusiasmada, venía a Monterrey a cada rato a comprar cositas, pero era bien resbaloso el canijo, y entre que iba y venía de Reynosa, se consiguió a otra y la dejó con todo el paquete.

    No estuve con ella cuándo eso pasó; me marcó un día llorando para contarme qué se había metido cuatro pastillitas de misoprostol, y tras agonizar varias horas por los dolores que las contracciones le causaban, dejó de estar embarazada...

    Intenté ayudarla cómo pude. Conseguí que un doctor de la facultad la revisara, e intenté hacerla sentir mejor. Parecía estar bien, no parecía tan malo considerando qué no estaba en condiciones de criar a un bebé...

    La conciencia se me sacudía siquiera de pensarlo, y... Rayénmela si quieren, pero yo también pensé que sería lo mejor. Muchas veces mi papá me lo advirtió, qué si le salía con algo me iba de la casa. Me estremecía nada más de pensar en el regaño, en enfrentar a mi papá ¿Qué iba a ser de mí y qué vida iba a darle a ese bebé? En todo caso, ni me gustaban los bebés, ¿Cómo iba a cuidarlo o a hacerme cargo de él? De estar embarazada, habría cocido al feto a punta de sedantes y alcohol. No podía ser buena mamá, ni siquiera tenía la determinación de serlo. Diosito mejor mándale a este bebé a alguien que si lo desee y lo necesite...

    No podía dejar de cuestionarme. Vi la foto que puse en su contacto y me llené de nostalgia: él al volante con su cachuchita negra, con la carretera de fondo y el sol de la tarde pegándole en la cara; se la tomé la primera vez qué me llevó a Culiacán, casi cuándo lo conocí, y pensar que iba a pasar todo esto..

    Lo pensé unos segundos y después, rápido y sin muchas meditaciones, decidí apretar el
    botón de llamada. El teléfono me dió tono dos veces antes de que contestara. El corazón me latía fuerte y rápido, titubeé cuándo escuché su voz todavía un poco adormilada. -¿Mario? -Apenas y sonó cómo un murmullo. Mi pregunta era absurda, era obvio qué era él y él sabía que era yo. Después de la última vez que lo vi, en muchas ocasiones fantaseé con el momento en que volviéramos a hablar, pensé que seguro brincaría de alegría al escucharme, pero por sus palabras en las que ni por asomo se dejó ver algo de lo que me imaginé, conocí a un Mario frío y tajante.

    Escucharlo rompía mis ilusiones de volver al antes con ese hombre qué me había engañado, y al qué de alguna forma había traicionado yo también. No sabía que sentir, quería tirarme a llorar, sin embargo estaba llamándole con un propósito, y necesitaba hacérselo saber. No supe en ese momento cómo interpretar cada palabra qué el dijo, pero aunque insistí en qué no podríamos saber todavía, el insistió en ir a ver a un doctor...
    CONTINUA clic aquí para leer el CAPITULO 17

    Ver el INDICE de la lista de Capítulos de Mi Narcoamor
    Apóyanos con un me gusta a nuestra página de Facebook/NarcoviolenciaOficial
    Compartir:

    0 comentarios:

    Publicar un comentario