jueves, 11 de junio de 2015

Mi Narcoamor Una historia de amor, peligro, dolor y narcotráfico....CAPITULO 18

  • jueves, 11 de junio de 2015
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    CAPITULO 18
    Autor: Buchonahermosa/Julieta M.
    Esta historia fue publicada originalmente en wattpad
    Sigue en Twitter a la autora de esta historia Julieta M. @JulietaMd9
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    Siempre he pensado qué en ésas cosas, uno realmente nunca sabe lo qué quiere, o a quién quiere, hasta qué lo prueba. Y una vez qué lo prueba, tal vez decide qué ya no quiere dejarlo ir. Algo así me pasó a mí, y pasó así nomás, qué de repente me volví más suya...

    La vida se volvió buena, los días mágicos (o eso creía), despertar sabiendo que iba a verlo, qué tendría por quién pintarme los cachetes y las pestañas. Orgullosa de ir de su mano, de qué vieran qué era suya, qué nomas él me hacía sentir así.

    Y es qué él para mí era transparente, era sincero, noble, era todo lo qué mi papá me dijo un día que iba a ser el qué de verdad me quisiera. Era todo lo qué mi mamá me dijo qué tenía mi papá cuándo decidió "qué él era el bueno”; Mario era todo y ala vez nada. Nada de lo qué una vez creí qué era.
    Un buen sábado me despertó temprano con una llamada -Hey plebe... Plebe... Amor... Preciosa... Despierta qué pasó por tí- escuchaba entre sueños. Estaba en Monterrey; otra vez estaba aquí por mí, o eso creía. Me metí bajo la regadera y me dispuse a soñar, a tallar con el jabón mi cuerpo, qué ahora era suyo... ¿Qué querría hacer mi novio? Mi novio... Se sentía raro decirlo, pero ya me iba a acostumbrar. Me puse el primer pantalón qué encontré, mi suéter verde y botas de caña alta. Dejé atrás el maquillaje cargado y las faldas cortas, porqué él decía qué me veía bien bonita en natural, qué un maquillaje o un par de tacones no me hacían más o menos especial para él.

    Sequé mi cabello ondulado y me roceé con CanCan el cuello. Fué él quién me lo regaló... Creo que lo hizo poco después de conocerme, por lo qué todos nuestros encuentros a partir de ahí, se vieron armonizados por ese dulce aroma, ése qué me lleva a cada momento qué viví con Mario, qué me lo recuerda, qué me lo roza en el pensamiento, y en la piel.

    Me senté en el escalón de la entrada mientras lo esperaba, el viento movía los árboles, y la calle estaba sola. Sólo se escuchaban los pajaritos qué vivían en el jardín y el sonido fuerte del camionetón acelerado; se estacionó y bajó a encontrarme. Con las llaves dando vuelta en sus dedos, sus radios colgados en el cinto, esa polo roja y su caminar despreocupado, inspirando seguridad dónde pisaba. Olía rico... Era esa mezcla rara de su aroma limpio y jabón.

    Me abrazó al verme y me dió un beso, también tomó de mi mano y me ofreció el café qué me había comprado. El aromatizante de la troca, y su compañía por la mañana, comenzaban a sentirse familiares y seguros para mí; era esa sensación de protección qué sentía cada vez qué mi apá me recogía de la escuela cuándo era niña. Me sentía cómoda y protegida, y qué me moría de ansias por saber qué traía el vato entre manos!

    Al cabo de unos diez minutos, llegamos a una casa en Guadalupe. Grande, blanca, con cochera bien gran dota, bien chula, y la había comprado!. Casi me dá el infarto cuando supe! Estaba bien cerquita de mi casa, apenas y tenía qué manejar un ratito para ir a verme! Sabía que no iba a poder mudarse permanentemente por su vida en Culiacán, pero sí que podía estar viniendo mas seguido!

    -Quiero qué te vengas para acá mientras consigo algo seguro en Sinaloa- Reprimí el brinco degusto qué quise dar en cuánto me lo dijo! ¿Vivir con él? ¿Irme a Sinaloa? Pero fa, el viejo seguro me quitaba el habla en cuánto se lo dijera, para él la única forma de salir en paz de la casa, era con el velo bien puesto en la cabeza y se lo había contado a Mario innumerables veces... O es qué...¿Me estaba pidiendo matrimonio?

    ¿Era qué se sentía igual qué yo? ¿Qué quería esa garantía de tenerme más tiempo en su vida y no perderme, y construir cosas juntos cómo tantas noches me imaginé? Yo sentía qué el volvía buena mi vida, y la volvía feliz. Creo qué lo descubrí una de esas veces qué llegaba y se me acostaba en las piernas, me platicaba cosas y yo veía cómo le brillaban los ojitos mientras sonreía mirando a la nada, cómo recordando algo, cómo si sus ojos en realidad estuvieran observando de nuevo eso qué le causó felicidad, y la mirada se le llenaba de nostalgia, cómo si quisiera regresar el tiempo. Pero hey, ahora estoy yo aquí, y soy parte de tu presente, y no me voy a ir, y, te amo, pensaba.. Lo amaba, y no me desagradaba en lo absoluto la idea, es más, me encantaba!

    -No, no, no plebe, eso es irse muy rápido, yo lo único qué le estoy pidiendo es qué se venga para acá conmigo y tener más libertad cuándo yo venga, eso en lo qué arreglamos un lugarcito más cerca en allá en Sin; ni muy cerca, ni muy lejos de Culichi... No la quiero todo el tiempo expuesta a mis asuntos... Ando viendo si en Maviri, o más cerquita... Ocupo tenerte más tiempo pues! Sabes qué hay días en qué no hago nada y otros qué ando cómo alma qué lleva el diablo, 'tas muy lejos plebe, aveces no puedo venir, y acá siempre tienes cosas qué hacer. Si te importa mucho la escuela, les hacemos unos regalitos a tus profes y todo bien!..

    ¿Y después qué?¿Cuándo ya no le sirva me tira? Qué fácil, y qué práctico. Cómo los vasos desechables, qué les metes lo qué sea y cuándo los desocupas los tiras, pensé. Y así sin pensar en mis sueños, y en mi dignidad propia, cómo si fuera cualquier plebe hambreada qué busca dinero, le dije qué iba a pensarlo. Qué incómodo ha sido sentirse un empaque abre fácil, y... No supe lo qué se siente decepcionarse a uno mismo, hasta qué le dije qué sí.

    Aunque luego me echara a llorar cuándo me preguntó camino a casa qué tenía, aunque luego él me convenciera de qué, no era qué no quisiera casarse conmigo, o qué no me quisiera, sino qué me quería tanto, qué lo hacía por mí y para qué lo conociera mejor, para qué estuviera segura de querer estar con él y todas esas mentiras qué con él tiempo aprendí a descifrar por la forma en la qué desviaba su mirada, y endulzaba la voz.

    Terminé con sus dedos en mis párpados limpiándome las lágrimas, y yendo con él a culichi para qué se me olvidara la pena qué me había hecho pasar. Cómo si le diera un dulce a una niña en el dentista... Nomás quería pelarme y ponerme a llorar... O en su defecto, sacar la botella de whiskey qué esperaba guardada en el fondo de la guantera, y agregarle agua mineral con hielos; encender el bluetooth del estéreo, y ponerme a cantar con cuál mujer dolida qué era. Disfrutar del momento, de la carretera... Sentía una profunda tristeza qué no expresaba pero qué anudaba mi garganta y qué el whiskey anestesiaba; sin importar lo qué Mario me dijera, comenzaba a darme cuenta de qué mi vida no era una película, ni él el protagonista de ella... ¿Cuál era el problema en sí? Qué prometía, qué expresaba, qué demostraba cosas, qué se quedaban en palabras. Siempre se lo dije, más al principio cuándo aún no tenía la voluntad cegada por el amor, qué cuándo lo qué dices, no coincide con lo qué haces, es porqué lo qué dices, no es verdad. Porqué hablar siempre es más fácil qué actuar, y actuar se vuelve imposible cuando no lo sientes.

    Me dolía qué Mario no se sintiera igual qué yo, aún cuándo pregonaba amor. ¿Porqué yo estaba dispuesta a dejarlo todo y él no?
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