viernes, 24 de julio de 2015

“El Chapo” y la traición a Peña

  • viernes, 24 de julio de 2015
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    Ciudad de México.- El presidente Enrique Peña Nieto está solo. Después de la fuga de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán se estrechó aún más su círculo de confianza. Más allá de Aurelio Nuño, el jefe de oficina de la Presidencia, y de Francisco Guzmán, su coordinador de asesores, el presidente no tiene en quien confiar.
    Cienfuegos, Peña y Soberón durante un acto público el 21 de julio pasado. 
    Foto: Octavio Gómez
    Fuera de Los Pinos tiene que cuidarse de sus colaboradores. Dos de ellos centrales para la estabilidad de su gobierno y del país: el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el secretario de la Defensa Nacional, el general Salvador Cienfuegos, quienes lo han colocado en situación de crisis antes que resolverle problemas.
    A Osorio Chong lo hizo un supersecretario. Le entregó el aparato de seguridad –la Comisión Nacional de Seguridad (CNS)–, responsable entre muchas otras cosas de los penales federales, y lo dotó de la Policía Federal con la adición de su preciado, pero disminuido proyecto de la Gendarmería. Además, le mantuvo el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), el órgano de inteligencia civil del Estado mexicano.

    Con todos esos recursos, expresamente le encargó al secretario de Gobernación la custodia de ‘El Chapo’ en febrero del año pasado. Osorio no pudo. El titular de la CNS, Monte Alejandro Rubido, tampoco. Eugenio Ímaz, el director del Cisen, ni parece existir.

    El general secretario Salvador Cienfuegos también colocó en una crisis al gobierno al pretender ocultar la ejecución sumaria de civiles en Tlatlaya por parte de elementos del Ejército. El desprestigio internacional del gobierno de Peña empezó cuando el general mintió y el mundo entero se dio cuenta.

    El descrédito creció aún más con la detención y desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en donde el papel del Ejército sigue sin aclararse. Su gobierno reaccionó tarde y mal, con él mismo diciendo a los padres: “ya supérenlo”.

    Luego vino el desastre de la captura de Nemesio Oseguera con el derribamiento del Cougar 725 de la Fuerza Aérea Mexicana. Otro fracaso del Ejército, y esta misma semana dos subordinados del general Cienfuegos acusados de matar civiles en Michoacán y Zacatecas.

    La Marina parece más aliada de Estados Unidos que del presidente. Por eso, esa fuerza se sintió tan cómoda en el sexenio de Felipe Calderón.

    De ser cierto que el gobierno de Estados Unidos operó la detención de ‘El Chapo’ el año pasado y la Marina sólo actuó para guardar las formas, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas parece no tener el verdadero mando.

    El hombre fuerte que tenía en la Procuraduría General de la República (PGR), Jesús Murillo Karam, para plantarle cara a los estadunidenses en sus operaciones en México, sufrió el desgaste de Ayotzinapa. Lo relevó con Arely Gómez, una improvisada a la que ningún jefe de Estado sensato le podría confiar la Fiscalía General de la República, el proyecto transexenal que la ahora procuradora ambiciona.

    La captura de ‘El Chapo’ era crucial para Peña en el ámbito externo e interno. A Estados Unidos le “acreditaba” que estaba combatiendo el narcotráfico y al interior demostraba implícitamente que los gobiernos del PAN, de Vicente Fox y Calderón, protegieron cuanto pudieron al capo. Ese capital se le esfumó el sábado 11 con la nueva fuga.

    Aun cuando su gobierno lo vuelva a detener, el gobierno de EPN difícilmente se repondrá. Prevalecerá la idea de que, en el mejor de los casos, alguien dentro de su gobierno lo traicionó.

    Afuera, el presidente tampoco tiene aliados. Estados Unidos se declaró públicamente ofendido por la fuga. El escenario es que durante su gobierno no haya visita de Estado del presidente de ese país. Al menos no con Obama. Ni el Papa Francisco quiere venir.

    Como a los presidentes que están por terminar su periodo, a Peña Nieto lo están dejando solo, atenazado por la delincuencia organizada y la presión de la “ofensa” estadunidense y un secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade, que sólo entiende de “diplomacia económica”.

    Más grave aún sería que Peña quisiera también “ya superar” la fuga y mantener en su gobierno a quienes lo han llevado al desastre.(Proceso)
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