lunes, 30 de noviembre de 2015

La historia de "El Betillo" sicario del Cártel del Golfo narra las peleas sangrientas dentro del penal de Reynosa

  • lunes, 30 de noviembre de 2015
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    Reynosa, Tamaulipas.-NARCOVIOLENCIA.-Un sicario de prisión para el Cartel Del Golfo, y sobreviviente del sistema penitenciario y de las guerras entre carteles narra su vida dentro del penal de Reynosa, como a sangre y fuego se consigue el poder y se controla a la población de internos. El asesino retirado es conocido por el nombre de Betillo.

    “El penal está custodiado por militares, pero el interior pertenece al Cartel del Golfo” cuenta Betillo, llego por tercera ocasión al CERESO de Reynosa por robo de autos en el año 2008. El hombre que se identifico como Betillo dijo que su suerte como robacoches acabo cuando el y su esposa fueron detenidos en un retén con una camioneta robada, su vida daría un giro drástico a partir de ahí.

    En el año 2008 ya empezaban los roces entre los principales carteles en Tamaulipas, el Cartel de los Zetas que ya se manejaba como grupo independiente y el Cartel del Golfo. El primer choque entre las dos organizaciones criminales se dio por el control del penal en Reynosa Tamaulipas. Esa confrontación se convirtió en una gran masacre que según Betillo y otros reos dejo cientos de muertos. Las cifras oficiales que reporto el gobierno de Tamaulipas marcaban 21 muertos por la riña colectiva, pero como lo relato Betillo, las cosas sucedieron de una manera muy diferente y trágica.
    Según el ex-ejecutor, el penal se dividía en dos bloques de acuerdo su afiliación criminal, los de “la letra” (Los Zetas) y los “del Golfo” (Cartel del Golfo)  ya que estaban ya muy polarizados. El dominio del penal se conseguiría a sangre y fuego. Fue el 20 de octubre del 2008 cuando sicarios en el interior del penal recibieron armas y comandados por “La Martina” de la ciudad de Matamoros iniciaron el exterminio del grupo contrario. Para realizar la masacre, los miembros del Cartel del Golfo contaban con la complicidad con los celadores y directivos del CERESO.

    El grupo del CDG se organizó y pasada la media noche se dirigieron al módulo del grupo contrario, con cuernos de chivo empezaron rafaguear a los internos encerrados en sus celdas. Al abrir las rejas empezó una batalla campal, unos buscando exterminar contrarios  y otros sobrevivir. Usando armas de fuego incluyendo pistolas, cuernos de chivo, al igual que cuchillos, puntas y otras armas hechizas, ambos bandos iniciaron una batalla campal.

    “Para sobrevivir había que salir, enfrentar a la turba y mezclarse con el resto de la población, quedarse dentro de las celdas era una muerte segura,” Betillo comento.

    El comento que fue parte de un pequeño grupo busco la forma de salir, con el uso de cuadernos y libros encintados a sus cuerpos, como una especie de blindaje en zonas vitales de su anatomía usando puntas hechizas encintadas a sus manos para no perder sus únicas armas en la trifulca.

    Salieron abriéndose paso atacando a todo lo que se les venía encima, a pesar de tener protección les fueron infligidas múltiples cortadas, sin embargo estas no ponían en riesgo sus vidas, el punto de ataque con sus puntas era la yugular de los contrarios. En medio de la carnicería el empezó a ver el panorama general donde los cuerpos de los masacrados eran apilados para ser incendiados, muchos con vida aun.

    Cuenta Betillo que cuando la masacre termino cientos de cadáveres fueron quemados en el basurero del penal, el número oficial dista mucho de las bajas reales, de aquel fatídico día que enluto a muchas familias de Reynosa y ciudades vecinas.

    Del grupo de 80 reos de la sección de Betillo solo sobrevivieron 10, los que se organizaron para salir. -“no necesitabas ser de la letra, por el hecho de estar en un bloque ya eras el enemigo, muchos inocentes que no eran del narco murieron”- después de esa masacre que los marco, la vida cambio para Betillo, de ser un ladrón de autos empezó a ser respetado por el crimen organizado y sus mandos dentro del penal, aprendió que estando del lado con poder podría sobrevivir.

    Fue escalando posiciones al ganarse la confianza de los jefes, empezó a ser golpeador o cobrador de “deudas” que en  realidad son formas de extorsión a internos para que las familias afuera paguen una cuota para no hacerles daño a sus familiares presos.

    En el año 2010 ya las batallas entre el Golfo y los Zetas eran frontales y sangrientas, los detenidos por las fuerzas federales eran trasladados al penal, donde al llegar eran “etiquetados” de acuerdo a organización criminal.  Ser “letra” en Reynosa era muerte segura,  así dio inicio una serie de “riñas casuales” e incremento de “suicidios”. En esa etapa Betillo ascendió una vez más, ahora se encargaba de recibir a los de “la letra” que caían presos y darles muerte, cuenta con orgullo más que pesar- “me chingue yo creo a unos 35 en el tiempo que estuve”- relata con sangre fría haciendo ademanes simulando repetir las ejecuciones sonriendo en todo momento.

    En los penales de Tamaulipas se repitió el mismo patrón, riñas con muertes múltiples a partir de la ruptura Golfo-Zetas, cualquier delincuente preso en un penal dominado por grupo contrario recibía muerte segura, aun sin pertenecer a un grupo de estos. Betillo siguió en ascenso hasta tener mando del grupo de sicarios que ejecutan internos por encargos especiales.

    Durante las riñas masivas que en realidad fueron ejecuciones múltiples, dejaban al menos a dos sobrevivientes, quienes eran aleccionados para declarar ante autoridades que ellos provocaron las peleas, bajo amenaza de muerte a ellos y familias. En los interrogatorios escoltaban a estos reos hasta la puerta de salida y los esperaban a su regreso -“la cagas y entrando luego luego te quebramos”- era la última frase escuchada antes de salir.

    Una vez con el dominio de una sola organización en cada penal del estado empezó una serie de fugas masivas para suplir las bajas de los carteles en las batallas que libraban en el estado.

    Ya fuera de prisión, Betillo quedo  sorprendido por que la mayoría de mandos del Cartel del Golfo ya están muertos o detenidos.  Ahora que es libre, cuenta que los ya fallecidos jefes eran sus clientes cuando se dedicaba al robo de autos, uno a uno los nombra, cuenta anécdotas. Ya fuera de prisión tiene carta de recomendación para integrarse al cartel en un buen puesto –“tal vez me vaya de estaca”- dice pensativo. Estaca se le denomina al grupo de sicarios que hacen labores de guardia de capos, levantones (secuestros) y ejecuciones.

    El último trabajo de Betillo fue interrogar detenidos en el penal, “hay un lugar llamado la 25, arriba, allá subíamos gente amarrada y la colgábamos de los pies, los dejábamos uno o dos días para que se ablandaran”, el dijo.

    Cuando le llegó el turno  a Betillo de salir libre, tenía dudas sobre si quería quedarse ahí adentro, ahora sabe que no. Lo único que tiene seguro es no volver jamás a un penal -“aunque muera todo peloteado no vuelvo a regresar a ese lugar de ninguna manera”.(Por Ildefonso Ortiz/Breitbart Texas)
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