jueves, 18 de febrero de 2016

El negocio de coches blindados crece en México, así es como políticos y empresarios se cuidan

  • jueves, 18 de febrero de 2016
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    Políticos y empresarios aúpan la venta coches blindados un 10%, mientras en las carreteras de los estados más pobres continúan los secuestros

    En el Medellín de los noventa, cuando cerca de 4.000 asesinatos perforaban cada año la ciudad, un político colombiano decidió blindar su coche con los últimos avances tecnológicos de la época. Antes de sacarlo a la calle, pensó que era buena idea quedar con unos amigos y enseñarles las nuevas virguerías que podía hacer su todoterreno. Apretó el botón equivocado en el salpicadero y de los bajos del vehículo aparecieron dos cañoncitos retractiles de apenas 10 centímetros: ta-ta-ta-ta. Las dos ráfagas de polvo metálico casi dejan ciegos a sus amigos.
    Aquel coche tenía también incorporada una sirena como la de la policía, micrófonos y altavoces para comunicarse con el exterior sin ni siquiera bajar las ventanillas, placas de acero antibalas reforzando la carrocería, bombas de humo y un dispositivo lanza-tachuelas. Y los cañoncitos retractiles, que a veces disparaban polvo metálico y otras balas de verdad. “Cuando era gente de confianza sí les mentíamos balas. Si no, se las sacábamos y les poníamos limalla. Pero eso ya no lo hacemos. Eso era antes, cuando en Medellín tenías que salir agachado a la calle”, dice en su despacho Fernando Echeverri, colombiano y presidente de Ballistic Group, una de las fábricas de blindaje punteras en Distrito Federal.

    Echeverri fundó la compañía en 1990 en Bogotá, cuando el cóctel de narcoterrorismo, paramilitares y guerrilla había estigmatizado a Colombia como uno de los países más violentos del mundo. Una década después buscó nuevos territorios para su negocio. Pensó en Argentina y Brasil –el primer mercado de coches blindados–, pero finalmente se quedó con México, que por entonces empezaba a convertirse en el heredero natural del estigma colombiano. En 2006 llegó al poder el panista –derecha mexicana– Felipe Calderón y decidió sacar al Ejército a la calle para combatir al crimen organizado palmo a palmo. Las cifras oficiales del sexenio son 132.000 homicidios y 13.000 desparecidos.

    Blindar un vehículo cuesta entre 25.000 y 55.000 dólares

    “La etapa de Calderón fue la que más trabajo nos dio desde la Administración.la Administración. El primer año de Peña Nieto, sin embargo, no compró nada”, explica Echeverri, que también es vicepresidente de la Asociación Méxicana de Blindadores de Automotores (AMBA), una de la patronales un sector que mueve alrededor de 150 millones de dólares al año y genera 10.000 empleos. La vuelta del PRI al poder, en 2013, coincidió con la mayor bajada de ventas ­–25%– de los últimos años. El gobierno de Peña Nieto tiene en su agenda una reforma del sistema de seguridad, pero el paquete está atascado en el congreso.

    La tendencia del negocio, que ha crecido un 10% en los últimos dos años, apunta a un peso cada vez mayor de la demanda privada. “El año pasado lo cerramos 75% de ventas a particulares. A los grandes empresarios y familias tradicionales de dinero, se está sumando también gente de la mediana empresa y empleados que están todo el día en la calle y les asusta que les peguen el cristalazo”, señala Echeverri.
    Fernando Echeverri, presidente de Ballistic/ Ivan Castaneira

    Las índices de violencia han bajado en los últimos años. Pero varias zonas mexicanas siguen ocupando los primeros puestos en las calificaciones sobre ciudades más violentas del mundo. La segunda semana de enero, un grupo de hombres armados secuestró en una carretera de Guerrero a 27 personas que venían de una boda. La semana siguiente, cinco jóvenes desparecieron en otra carretera cerca de Veracruz. Los invitados a la boda y los muchachos conducían coches normales. Acorazar un vehículo cuesta entre 25.000 y 55.000 dólares. Un dineral, no todos alcanzan a blindar sus vidas por encima de la debida protección del Estado.

    Distrito Federal y Monterrey, los centros de poder político y económico del país, son donde más se vende. En Polanco, uno de los barrios más pudientes de la capital, apoyado en un jeep Grand Cherokee negro, un chofer de un ejecutivo de un banco, que prefiere guardar el anonimato, explica que aparentemente no hay muchas diferencias: “El carro anda igual, sólo que vale más lana”.

    El crimen organizado es el otro usuario habitual de los coches blindados

    La tela de malla, las láminas de acero y los vidrios reforzados añaden al vehículo al menos 200 kilos de más. “Modifica su dinámica, se frena a más distancia, cuesta más tomar las curvas”, apunta Gerardo Corona, director de la consultora Prorescue, que asesora a los nuevos pilotos blindados. Para recibir los cursos es necesario presentar los datos fiscales de la empresa. Corona reconoce que esa es la prueba de oro para detectar si los alumnos tienen algo que ver con el crimen organizado, el otro usuario habitual de los coches blindados. “Gran parte del negocio va ahí. Aunque hay un registro público, el narco tiene capacidad para compararlos por medio de pantallas y testaferros”.

    En Tamaulipas, en pleno territorio Zeta, los militares decomisaron hace algunos años un camión blindado de más 30 toneladas de peso, cubierto con gruesas capas de acero y defensas reforzadas con rieles de ferrocarril. Más que un camión, parecía un tanque de la segunda guerra mundial.

    Ballistic presume de no contar con ninguna muerte entre su clientela. “Te matan a un cliente y se te hunde el negocio”, dice Echeverri. El año pasado un empresario sufrió un intento de secuestro en una gasolinera en Durango, al oeste del México. Dos furgonetas intentaron cerrarle el paso, pero consiguió zafarse. Después de 15 minutos de persecución y 34 balas incrustadas en la carrocería, el empresario salió ileso. La regla de oro en caso de asalto o secuestro es moverse. Echeverri recuerda otro caso de un conductor al que le pusieron un revolver pegado a la ventanilla. El tipo entró en pánico y se paralizó. El asaltante percutió el vidrio a balazos, siempre en el mismo punto, hasta que el cristal venció. “El blindaje tiene su límite”, reconoce el director de Ballistic.

    En su despacho, sobre una estantería tiene una colección de coches en miniatura. Y colgado en la pared, un rifle Winchester que le regaló un cliente. A Echeverri lo secuestró la guerrilla cuando dirigía la empresa textil de su familia en Medellín. “Así es como llegué a este negocio”. Desde entonces siempre va en coche blindado. Por publicidad y por seguridad.
    (Por DAVID MARCIAL PÉREZ/El PAÍS)
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