jueves, 4 de febrero de 2016

Las generalas del Cártel del Golfo: La historia de ‘La Canti’

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    Cantalicia, ‘La Canti’

     La noche del 14 de abril de 2007 todos irían al Club Fifty Seven, el nuevo bar de Cantalicia Garza Azuara, enclavado en el centro de Reynosa, Tamulipas, ciudad de paso a Estados Unidos y también a la otra vida.

    El nombre del lugar no dejaba lugar a dudas: la pistola belga 5.7, la five seven, aunque más vale referir el apodo dado que a ese kilo de acero dieron policías y criminales mexicanos: “La Mata Policías”.

    Los socios de “La Canti” lo sabían bien pues, con frecuencia, compraban armas con demostrada capacidad de atravesar chalecos antibalas. Y al bar Fifty Seven llegarían todos “los pesados” –así fueron calificados en una llamada anónima que proporcionó la información a la Policía Federal–: Juan Óscar Garza Azuara, un intermediario de droga traída de Colombia y de marihuana sembrada en Michoacán. Debería llegar también su hermano Josué y, seguramente, arribaría Gregorio Sauceda.
    Todos se sentarían a escuchar cantar y ver bailar a una mujer que, como a los demás, no le son ajenas las prisiones y extradiciones: la cantante Gloria Trevi, la misma mujer que enloquecía a Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”.

    Los policías mexicanos no se quedaron con la duda y preguntaron a los agentes de la DEA [la Agencia de Investigación Antidrogas de Estados Unidos] destacados en Reynosa: sí, los hermanos de Cantalicia, Juan Óscar y Josué Garza Azuara sí eran “pesados”. Y entonces, en vez de esperar el concierto y detenerlos a todos, los federales irrumpieron en el lugar antes del evento y sólo encontraron propaganda tirada del concierto de la Trevi.

    Y, días después, ya con la fiesta cancelada, a Cantalicia.

    ***
    “La Canti” nació en Reynosa y fue bautizada en la fe católica en 1967. Estudió hasta el tercer semestre de la preparatoria. A partir de los 20 años, trabajó como vendedora de ropa en una tienda de McAllen, Texas, donde permaneció cuatro años, cuando decidió abrir su propio negocio. Contrató tres modistas y fabricó vestimenta para niños.

    En 2001 o 2002 se enamoró de Ricardo Muñiz, con quien tuvo un hijo y de quien al poco tiempo se divorció.

    Luego consiguió una concesión de los teléfonos celulares Cellular One, negocio que abandonó para regresar al de la maquila. Fiel a su espíritu comerciante, continuó con venta de joyería de fantasía, tras lo cual su riqueza creció de manera exponencial.

    Repentinamente, consiguió un crédito de 18 mil dólares del Lone Star Bank para abrir un restaurante en McAllen al que llamó Mi Ranchito, negocio del que dijo obtener 8 mil dólares mensuales de ganancias. También instaló una estética atendida por su madre.

    ¿Y el bar? Ella misma lo explica:

    “Apenas íbamos a inaugurar la discoteca 57 (…) Renté el local con una mensualidad de 5 mil dólares. Íbamos a presentar a Gloria Trevi, a quien contraté a través de una agencia. Cerramos el trato hace dos semanas en el mismo lugar y di un anticipo de 180 mil pesos en efectivo, al igual que el resto, otros 180 mil pesos”.

    ***
    Los gobiernos de México y Estados Unidos sostienen que “La Canti” no sólo proveía sitios para el lavado de dinero a los traficantes, sino que ella misma lo era.

    “Karen”, un ex zeta convertido en testigo colaborador de la policía con ese nombre clave, tejió en su testimonio de junio de 2007 la vida y muerte de zetas, kaibiles guatemaltecos, torturas y ejecuciones de sinaloenses enemigos con “La Canti”:

    “Cantalicia tiene la función específica de mover dólares en muy grandes cantidades y esconderlos en inmuebles o bodegas que adquiere o renta; tiene contactos muy cercanos en la aduana de Reynosa que le permiten pasar con toda facilidad equipo táctico militar, armamento, vehículos y uniformes de Estados Unidos a México”.

    “La primera vez que la vi, a principios de 2005 (…), fue con motivo del pesaje de unos paquetes de marihuana y del conteo de unos tambos con ice, droga que era propiedad de La Compañía (…); también la vi en Lázaro Cárdenas, Michoacán, a donde nos enviaron a tomar la plaza. Ella es el brazo derecho de ‘El Barbas’ [Arturo Beltrán Leyva]”.

    Otro testigo protegido, “Édgar”, confesó que “La Canti” pasaba con frecuencia de McAllen a Reynosa con maletas llenas de dinero y joyas. Siempre lo hacía con la camioneta Nissan Armada llena de mujeres, incluso alguna vez utilizó a una embarazada, y a niños para pasar desapercibida.
    Cantalicia y Ricardo Muñiz no se separaron del todo. Muñiz mantuvo relación de negocios con su ex esposa y sus ex cuñados. De hecho, Muñiz se convirtió en uno de los principales testigos de cargo en el juicio contra Cantalicia en una corte texana.

    Tras ser detenido en Mission, Texas, con 30 kilos de cocaína, dio información fundamental para fortalecer los cargos de tráfico de droga y lavado de más de millón y medio de dólares contra su ex mujer.

    ***
    Cantalicia y sus hermanos fueron detenidos, según el reporte oficial de la Procuraduría General de la República (PGR), el 17 de abril de 2007.

    La longitud de pie de “La Canti” –ni un milímetro más ni un milímetro menos– es de 22 centímetros. Pesa o pesaba cuando la detuvieron 53 kilos y mide 1.54 metros. Su piel es blanca, su frente mediana y sus ojos café oscuro, al igual que su cabello, aclarado con luces de salón de belleza.

    Tiene labios delgados y una cara afilada, rematada por un lunar redondo en el mentón. Depiló sus cejas hasta desaparecerlas y, sobre su rastro, pintaba con crayola largas líneas oblicuas. Su mirada, frente a la cámara de la policía que la fichó, irradiaba una tristeza reposada.

    Cantalicia enfrentó cargos por delincuencia organizada, lavado de dinero y narcotráfico. Otra acusación en su contra corrió a cargo de un ex militar, ex policía municipal de Nuevo Laredo y ex zeta convertido en testigo protegido por el Gobierno mexicano.

    La lista de objetos incautados en las tres casas relacionadas con “La Canti”, además del bar Five Seven, está detallada en el expediente 97/2007-3, del que este medio también posee copia.

    En un bote de basura, los policías encontraron mariguana, y en un cuarto contiguo, una caja fuerte repleta de cocaína. No para la venta, sino para consumo personal. También decenas de teléfonos y radios.

    Se incautó también una camioneta Durango negra, en cuyo interior había cartuchos de armas de fuego, cargadores, una máquina para empacar al alto vacío y los documentos de la contratación de Gloria Trevi.

    En una de las habitaciones se encontró una pistola escuadra calibre 5 .7x 2.8. También dos Pietro Beretta y una Colt .38. Al lado, un rifle AK-47 y cajas de balas.

    Una gorra verde, cuatro máquinas para contar dinero y un contrato de prestación de servicios celebrado entre TV Azteca y una mujer llamada Flavia Azuara. Escrituras y títulos de propiedades.

    En otro espacio, los federales se toparon con decenas de bolsas llenas de cocaína y marihuana. También con un arsenal: miles de balas calibre .22 Mágnum expansiva –un raro tipo de munición–, nueve milímetros, diez milímetros, .38, .40, AR 15, 30-30, algunas con punta blanda para destrozar apenas hagan contacto y 5.7, la five seven.

    En las cocheras se localizaron un auto BMW y una camioneta Jeep. Dos Suburban, una Nissan Pathfinder Armada, una Touareg, una Grand Cherokee Laredo, una Hummer H2 –la más grande en el mercado–, un Audi, una camioneta Chrysler Pacifica, un BMW, una Ford Lobo 4×4, una camioneta Escalade y otra Dodge Durango.

    Pero no hay princesa sin un cofre de joyas. Y el de “La Canti” resultó excepcional: 18 relojes marcas Cartier, Rolex, Piaget, Bvulgari, Lancaster, Waliham y Seiko, casi todos de oro con piedras preciosas incrustadas.

    Veintidos gargantillas y cadenas de oro con eslabones, figuras de elefantes y con cruces, figuras prehispánicas, ecuestres, herraduras, monedas y corazones, varias incrustadas con piedras preciosas.

    Un rosario metálico de color gris.

    Diecisiete anillos en forma de flor, con piedras, algunos de marca Bvulgari y otros con formas talladas, por ejemplo, una herradura.

    Veintidos esclavas de metales preciosos, adornadas con piedras y figuras de elefantes, niños y osos.

    Once cadenas con formas prehispánicas, monedas y piedras brillantes; 18 dijes de metales preciosos con formas de ángeles, Jesucristo, elefantes, pirámides, ancianos y mujeres, excepto dos: uno de éstos con la figura de un tigre.

    Diez pares de aretes de oro, algunos con monedas, otros de marca Bvlgari y unos más con piedras preciosas o formas de elefantes; 16 monedas de oro de diversos tamaños y 10 pedazos de oro.

    El valor del tesoro, según el avalúo de la Procuraduría General de la República: 4 millones 931 mil pesos.

    “La Canti” aún se encuentra presa en México.

    Vive en la prisión femenil de Santa Martha y, durante años, fue vecina de Sandra Ávila Beltrán, “La Reyna del Pacífico”.

    Pero, a diferencia de ella, el Gobierno mexicano cuenta con más elementos para procesarla, aunque, como consta en un documento firmado por la ex Canciller Patricia Espinosa, concedió su extradición a Estados Unidos.
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