sábado, 16 de julio de 2016

Después de El Chapo: la “guerra nueva” en Tamaulipas

  • sábado, 16 de julio de 2016
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    Narcomantas dejadas recientemente durante los hechos violentos registrados en Tamaulipas

    La captura del narco genera enfrentamientos por la producción y el transporte de droga. Territorios como Tamaulipas viven un estado de terror
    En Ciudad Victoria, la capital del estado mexicano de Tamaulipas, las noticias de la guerra aparecen en plásticos, sábanas y cartulinas que alguien deja en la calle a cualquier hora. En la noche de este jueves, la Policía Federal retiraba un plástico del estacionamiento de un centro comercial al norte de la ciudad. “Esta guerra no es de ustedes pero si así lo quieren, así será”. Firmaba el comandante Bravo, de “Los Zetaz”. Con la palabra “ustedes” se refería a la policía estatal.

    En el último capítulo de “esta guerra”, sujetos armados asesinaron a balazos a dos mujeres y a tres menores en una casa al sur de la ciudad. Uno de los menores era un bebé. Todo esto ocurrió el jueves, horas antes de que apareciera la pancarta.

    El comandante Bravo es el supuesto líder de una escisión del cártel de Los Zetas, la organización criminal que ha enseñado a México que el horror no tiene límites. Esa escisión se hace llamar Grupo Bravo y también Zetas Vieja Escuela. Su base es Ciudad Victoria. El comandante Bravo se quejaba en el mensaje de que la policía estatal trabaja con el grupo contrario.
    En las noticias de la guerra, las pancartas, los muertos son víctimas tangenciales. Sus autores hablan de policías que les traicionan, de sus contrincantes, de que los otros son unos traidores. En este caso, los otros son el Cártel del Norte o del Noreste, otra escisión de Los Zetas que domina Nuevo Laredo, en la frontera con Estados Unidos, también en Tamaulipas.

    Una fuente de la Secretaría de Marina, cuya presencia en el norte del país ha sido constante en los últimos años, afirma que Tamaulipas es otro escenario de la “guerra nueva”. La recaptura en enero de Joaquín El Chapo Guzmán, líder del cártel del Pacífico, capo absoluto del narcotráfico en México en la primera década del siglo XXI, es el símbolo del cambio de paradigma.

    Igual que en Tamaulipas, los enfrentamientos armados en el triángulo dorado, las tierras de cultivo de amapola y marihuana en la sierra de Sinaloa y Chihuahua, al oeste de Ciudad Victoria, son igualmente continuos. Las autoridades no parecen tener muy claro quién va contra quién en el viejo feudo de El Chapo. Unos dicen que son peleas entre facciones del cartel. Otros, que los Beltrán Leyva, apoyados por Zetas Vieja Escuela, tratan de hacerse con los cultivos. El fiscal de Chiahuahua dijo hace unos días que el viejo capo Rafal Caro Quintero, liberado hace apenas unos meses, trata de apoderarse de la zona en alianza con el cártel de los Beltrán Leyva.

    “El Chapo es el pasado. El futuro son estos grupúsculos de alcance local, muy brutales y muy locales”, opina Alejandro Hope, experto en seguridad. Se refiere a las facciones que se pelean el triángulo dorado, las que matan menores en Tamaulipas.

    Hope compara la situación mexicana con la que vivió Colombia hace unos años. Tras la muerte de Pablo Escobar en 1993 y la captura posterior de los líderes del cártel de Cali, los grupos criminales se fragmentaron. Luego, los comandos de paramilitares que habían surgido años antes, en teoría para combatir a las guerrillas, se desarmaron. Los restos de unos y otros integraron nuevas bandas criminales, las Bacrim.

    En el caso de Tamaulipas, Hope da unas cifras contundentes: en los primeros tres meses de 2015, Ciudad Victoria sólo registró tres muertes por arma de fuego. En el mismo periodo de este año fueron 59. En uno de los ataques del fin de semana, los asesinos mataron a 11 personas en una casa. Dos eran niñas de ocho y 12 años, aunque había más menores entre los muertos.

    La situación de Tamaulipas se describe generalmente con una guerra de cárteles. Y sin embargo la muerte de niñas y niños se ha dado en ataques concretos a casas, no en balaceras en la calle.

    Con información de EL PAÍS 

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