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Testimonios de adictos a la metanfetamina: "El cristal es como el jabón Zest porque te vuelve a la vida"

"​Soy adicto al cristal. Estoy preso porque asalté a cuatro taxistas a los que les quité sus unidades en 72 horas. Ya mero salgo, ya nomás me faltan seis años, ya llevo cinco meses".

Un grupo de internos que cumplen una condena dentro del Sistema Estatal Penitenciaria de Baja California compartieron sus testimonios sobre su adicción al cristal ―una droga que se fabrica con efedrina obtenida de medicamentos contra la gripe, ácido de batería automotriz, gas refrigerante, sosa cáustica, veneno para ratas y desechos químicos― y cómo esta sustancia ilegal ―utilizada como estimulante durante la Segunda Guerra Mundial por el ejército alemán y japonés y que entre sus efectos incluye un despliegue de euforia excesiva, aumento de la frecuencia cardiaca y la presión arterial, resistencia física desmedida, pérdida del apetito y del sueño hasta por una semana― los llevó a cometer actos delictivos que desembocaron en una sentencia carcelaria.

Estos internos cumplen una pena dentro del estado pionero en México en el abuso de metanfetamina desde los años 90, como consecuencia de que pasó de ser un simple territorio de tráfico hacia Estados Unidos, a ser líder en el consumo de esta droga sintética según estimaciones del Instituto de Psiquiatría del Estado de Baja California, lo cual la volvió la droga de mayor impacto en la salud pública, la cual está presente en el 60 por ciento de los delitos cometidos en la calles.

"Monstruo"

Soy adicto a fumar cristal: metanfetamina. En el año 2000 se acabó mi vida. Mi esposa me abandonó, se murió mi madre y me corrieron de mi trabajo en el ayuntamiento de la ciudad. Desde los 13 años empecé a trabajar en el servicio de recolección arriba de una gallina (camiones recolectores de basura). Cuando me pasaron todas esas desgracias quise morirme. Mi onda era darme una sobredosis de heroína y ahí quedar muerto. Había visto inyectarse a los compañeros que jalaban conmigo. Andábamos recolectando basura en alguna colonia y de repente los veía que se metían a comprar heroína en alguna tiendita, luego se subían con el piloto y se inyectaban.

Cuando me decidí a inyectarme heroína lo hice y no pude tener una sobredosis. Sí me gustó el efecto pero no me gustó que tuviera que usar las venas, jeringa y sangre. Mejor probé el cristal y ya no lo pude soltar. Me hizo sentir especial, inteligente. A diario me fumaba 200 pesos, desde que me levantaba hasta que me dormía. Esta es la droga más popular en las calles. Es la más adictiva.
Nací en Torreón, Coahuila, en 1968. Soy hijo de un militar mexicano. A mis cinco años mi madre me trajo a Mexicali junto a mis cuatro hermanas. Ella siempre se dedicó a la prostitución y a trabajar en los campos agrícolas del sur de California. Cuando te drogas con cristal se te acaba el calcio hasta que un día estás masticando y te tragas un diente o una muela que se fue aflojando poco a poco. Durante mi vida como adicto se me han caído nueve dientes y cinco muelas. Cuando como se me olvida que casi no puedo masticar. Apenas puedo masticar con las encías. En las noches me da mucha comezón y ansiedad, siento que las hormigas viven debajo mi piel, sé que sólo es una alucinación, pero es muy real. El cristal me fundió algunos fusibles de la cabeza.

Cuando eres adicto dentro de ti vive un monstruo bigotón que entre más droga le das más grande se pone.

Entre los cristaleros siempre pasa lo mismo. Te da mucha energía y te da por lavar la bicicleta, el carro, caminar, limpiar la casa, cortar el pasto o lo que sea con tal de tener algo en que gastar las energías. Al cristal le decimos chuki, vidrio, crico, chucuchú, ice, chuco, hielo y fataché (en los años 90 era el nombre de unas pastillas que ayudaban a quemar la grasa y adelgazar). Me lo fumo en foco, papel aluminio y pipa de vidrio o me lo inyecto por la vena. Si eres homosexual de clóset el cristal sólo hará que salga algo que ya está dentro de ti. Vivir es una adicción. Yo me volví loco queriéndome suicidar. Mi idea era inyectarme una doble dosis y ahí quedar muerto.

Toda mi vida me he dedicado a recolectar basura. Durante los 20 años que trabajé en la dirección de Servicios Públicos Municipales, me encontré tres anillos de plata, algunas fotografías a blanco y negro; una cobija con aroma a suavizante, hamburguesas con queso, un celular con saldo, un sombrero de vaquero, una máscara verde de Hulk, revistas de caricaturas japonesas y un jeep color rosa de Barbi.

También he hallado en la basura tres fetos, dos billetes de cien pesos y dos cadáveres desmembrados dentro de bolsas negras. Es que uno inicia a recolectar a las tres de la mañana, andas dormido, está oscuro y la neta, como andas trabajando en chinga, no te pones a revisar lo que hay dentro de las bolsas. A eso súmale que recién hechos los crímenes los cuerpos no tienen olores.

Desde que me corrieron de mi trabajo de recolector de basura me dediqué a robar cobre, aluminio y fierro; alcantarillas, catalizadores de auto, cercos de malla y tuberías de agua de los campos agrícolas. Estoy preso desde hace dos meses por el delito de robo calificado. Me encontraron fumando cristal en un foco junto a varios metros de cableado eléctrico que había sacado de una casa. Para mi mala suerte la familia ahí estaba y por eso me dieron tres años.

Foto por el autor.

Beto

Soy adicto al cristal. Estoy preso porque asalté a cuatro taxistas a los que les quité sus unidades en 72 horas. Ya mero salgo, ya nomás me faltan seis años, ya llevo cinco meses.

Era un lunes en la mañana como todas las de Tijuana, puro andar drogándome. Iba caminando al departamento de mi novia después de comprar unos cigarros en el Oxxo, cuando una camioneta Ford Explorer me empezó a pitar. Como andaba muy loco porque acababa de fumar cristal, estaba muy alterado. "¡Qué pinche pitadera te agarra, espérate a que pase!", le dije al conductor. Enfoqué mejor y me di cuenta de que era la Isabel, la morra con la que mi primo tiene tres hijos. "Cálmate tú, pinche ondeado, súbete al carro te quiero presentar a un señor que quiere hablar contigo", me dijo la Isabel. Me subí a la camioneta y el vato me dijo: "Qué ondas Beto, ¿te acuerdas de mí? Yo estaba en la celda cuatro y tú en la tres". Entonces hice memoria y me acordé que él estaba conmigo en la cárcel en Tijuana, entonces le contesté que sí me acordaba. "Eres el Chava, el papá del Piojo, ¿cuándo saliste?", le pregunté. "Hace unos meses, ¿podemos hablar en un lugar más calmado?", me dijo.

Nos fuimos a hablar al departamento de mi ruca y ahí me explicó un jale. "Me dice la Isabel que tú eres del otro lado (nacido en Estado Unidos), Beto, que tienes papeles y puedes cruzar la frontera. Necesito que te vayas de copiloto con un vato que me va a cruzar un carro con mota a San Diego, la neta no le tengo confianza y no quiero que me queme (robe). Te voy a pagar 400 dólares". Le contesté que no me aventaba esos jales, que esos tiros no me los daba, pero que haría una excepción por esta vez. "Vengo en la madrugada por ti, estate listo. Drógate para que andes al cien por ciento", me dijo y se fue.

Un día antes había asaltado una licorería y todavía traía una feria de ese robo. Decidí irme al centro comercial Siglo XXI a comprarme ropa para andar bien línea (elegante). Toda la noche esperé al señor. Lo esperé en lo oscuro del departamento dando unos jalonsotes de cristal en un foco que olía a metal chamuscado. Pensaba que era un robot en espera de órdenes. El señor llegó hasta la mañana.

"Mira Beto, discúlpame por no haber pasado por ti en la noche. El vato que cruzaría la droga se echó para atrás, pero no te agüites, hay otro jale que te puedes aventar. Se trata de ir a Tecate a recoger mota, el único problema es que necesito un auto", me dijo el señor. "Simón", le contesté, "sí se hace con robar una ranfla, nomás que necesito fumar una madre de cristal". El ruco dijo: "¿De a cuánto lo venden?, manda pedir algo, yo te la disparo, yo te la invito".

Mandé pedir dos gramos de cristal, me lo fumé todo y salimos a la calle. Yo sabía que la única manera de conseguir una ranfla era ir por un taxi libre. Manejamos hasta las calles 5 y 10 y le expliqué cómo estaría el trabajito. Como yo me veía muy placoso y cholo (sospechoso), no me subiría al taxi, sino que lo haría él y yo lo seguiría a distancia y en un punto me le atravesaría al taxista para asaltarlo. Así lo hice, me quedé a distancia mirando cómo se subía al taxi. Los seguí con prudencia y en el lugar indicado me le cerré al taxi y me bajé con el rostro cubierto con un pañuelo a media cara y una pistola en la mano. El taxista tenía cara de asustado y no le hice nada, sólo le dije que se fuera corriendo hacia abajo de la calle. Yo agarré el taxi, el señor su carro y nos fuimos al departamento de mi novia. Llegando pedí otro gramo de cristal, me lo fumé y me puse a quitarle las calcomanías al taxi. En eso llegó el tío de mi jaina y me dijo que ocupaba un carro igualito al que tengo. Me ofreció 300 dólares y acepté. Total, pensé, "voy y tumbo (robo) otro".

Ya era martes en la noche cuando regresó el ruco de la mota. Le dije: "Ya valió verga, ya no tengo el carro". El señor me dijo que no había pedo, que fuéramos por otra ranfla. Volví a fumar cristal y nos fuimos al casino Caliente a jugar en las máquinas tragamonedas y a planear cómo robaríamos otro taxi. Así lo hicimos, esta vez fue cerca de la clínica número 1 del IMSS, por la Vía Rápida, sólo que casi nos tuercen porque cuando estaba a punto de cerrármele al taxi pasó a un lado de mí un convoy de policías . Al final sí logré tumbar al chofer haciendo lo mismo de siempre: llevarlo con engaños a una zona oscura, obstaculizarle el paso del taxi, bajarlo a punta de pistola con el rostro cubierto y mandarlo a correr en sentido contrario de la calle.

Esa noche del martes andaba muy loco, muy drogado, así que en lugar de irme a esconder decidí dar un rol (paseo) en el coche. Apenas lo estaba comenzando cuando una morra y un vato me hicieron la parada, fue entonces cuando caí en cuenta que llevaba un taxi y que la luz de pasajeros iba encendida. Como el buen taxista en el que me había convertido, me detuve y les dije que subieran. Al principio se sacaron de onda porque no me acordaba que llevaba la pistola en el asiento del copiloto así que lo que hice fue esconderla y decirles que la traía por mi seguridad. Confiados se treparon al taxi y me dijeron el lugar a donde iban. En el camino me di cuenta de que eran como yo, se les notaba que se drogan con algo, así que le pregunté a la morra que si le ponían (drogaban) y me contestó que sí. Fui a un Oxxo y le dije al vato que se bajara a comprar tres Sprites, un foco, unos cigarros y un encendedor. En lo que el bato estaba comprando le dije a la morra que deberíamos desafanarlo para irnos solos a dar un rol. La morra aceptó y le di al vato 30 pesos para que tomara un taxi, como que no le pareció y se fue encabronado.

Dicen que ladrón que roba a ladrón tiene 100 años de perdón. Me fui con la morra a Rosarito toda la madrugada y parte de la mañana del miércoles. Anduvimos cogiendo en un motel y fumando cristal en un foco bien chingón, muy arreglados (drogados). Hasta le ayudamos a vender un estéreo a una amiga de ella que andaba muy malilla (síndrome de abstinencia) y que acababa de robarse de un auto. En algún momento llegamos a otro Oxxo a comprar un seis de cerveza. Todavía me da risa, salí con las cervezas y la morra se había llevado el taxi. Ni me encabroné, nomás me reí. Lo único que me quedó fue caminar bien ondeado (drogado) y agarrar un Eco Taxi verde para que me regresara a Tijuana, a la delegación Sánchez Taboada. Llegando a la colonia le saqué la pistola y le dije que se metiera en uno de los callejones más oscuros. Le quité todo lo que traía, lo bajé del taxi y me fui a esconder a casa de mi padrino. Ahí mismo vendí el taxi. Después me fui caminando a casa de mi novia y ahí llegó el señor de la mota. Le platiqué como estuvo el rollo del taxi que me habían robado y estuvimos riéndonos de eso un buen rato.

Ya era miércoles en la noche. El señor y yo acordamos robarnos en ese mismo rato otro taxi, sólo que esta vez se lo llevaría él. Me di un baño y nos fuimos a la Zona Centro, a la calle Revolución. Hasta eso que el ruco no era tan tonto, siempre agarraba puro taxi del 2011 para arriba. Otra vez hice lo mismo de siempre y me le cerré al taxi en Lomas Conjunto Residencial. Espere el momento oportuno para cerrarle el camino al taxi, lo baje, le robé todo e hice que corriera en sentido contrario. Después del atraco nos fuimos a dejar el taxi a la casa de la Isabel y el ruco me dejó en casa de mi jaina y me quedé a dormir con ella y le hice el amor hasta el amanecer.

A las ocho de la mañana del jueves, sin haber dormido desde hacía tres días, me vestí y fui a casa de mi mamá a reportarme y decir que todo estaba bien. Como me dio hambre salí al expendio de la esquina a comprar leche, unas donas y un cereal. Ahí me encontré al Nene. Le pregunté si quería fumar cristal. Yo traía dinero y no había necesidad de robar. Tomamos un taxi, nos llevó a conectar cristal y de regreso nos dejó en casa de mi jaina. Apenas me estaba bajando del taxi cuando ella salió de la casa para decirme que me escapara porque me anda buscando la judicial. "Primero me voy desayunar y a fumar", contesté. Entramos al departamento, desayuné y fumé cristal cuando vi por la ventana del tercer piso que llegaron dos camionetas y dos autos Malibú. "Salte y pon el candado por fuera", le dije a mi amigo. De todos modos la judicial entró por mí rompiendo el candado y tumbando la puerta. Me sacaron de las greñas y me llevaron a encerrar. Me sentenciaron a siete años, en seis más salgo libre.

Darío

Chasing the dragon o perseguir al dragón, así le dicen a fumar heroína por la forma que hace el humo. Por eso tengo ese tatuaje en el pecho. Antes, cuando vivía en Los Ángeles, fumaba heroína. Tengo tatuados payasos, dragones, telarañas, el nombre de mi barrio; los rostros de amigos asesinados y fechas de mi estancia en prisiones de California.

Tengo 29 años de edad. Me acusan de 10 robos a casa habitación. Mi condena es de cuatro años y nueve meses. Cuando me deportaron de Los Ángeles me regresé a vivir al puerto de San Felipe, en el Golfo de California a 180 kilómetros de Mexicali, con mi familia. Estaba muy enganchado en el cristal. Duré bastante tiempo drogándome. San Felipe es pequeño, pero hay muchos turistas, entonces lo que unos hace es robarles. No asaltarlos, sino robarles en sus casas de descanso. Mi papá trabaja como pescador y conocía muchos gringos. Yo, por ejemplo, les vendía leña de mezquite que cortaba en la sierra. Les vendía a 30 dólares un saco. Entonces conocía muchos gringos jubilados, iba a sus casas y me ganaba su confianza y al estar acomodando la leña estaba viendo cómo robarme algo. Por eso siempre me hacía acompañar por alguien; mientras yo hablaba con el dueño de la casa mi cómplice ya estaba subiendo cosas a la caja de la pick up. Robaba generadores de luz, herramienta de carpintería, bicicletas, plantas de luz, compresores, taladros, equipo de electricidad. Casi nunca me metía a las casas, pero ya sabes que los gringos siempre tienen muchas cosas en los patios. Robaba para mantener mi vicio del cristal.

Diariamente me gastaba 1,000 pesos en cristal. Me levantaba, desayunaba y me ponía a fumar cristal. Después me iba a trabajar y fumaba cristal. Luego comía y fumaba al terminar, luego fumaba en la tarde, luego en la noche y a veces me aventaba hasta ocho días sin dormir, sin parar de fumar cristal, hasta que me vencía el sueño. Como en el cuarto día empiezas a ver demonios o lo que en tu mente te claves. Eso es porque la mente ya está muy cansada de no dormir.

Normalmente le vendía lo robado a los dealers de droga y ellos se lo vendían a quienes les surtían los kilos de mota o cristal. Un día un gringo se iba a ir a Estados Unidos por unos meses y me dejó encargada su casa. La mera verdad les robé todo y me desaparecí de la zona del Dorado Ranch, que era donde robaba. Pero el gringo sabía dónde vivía y me anduvo buscando. Me agarró la ministerial como a los tres meses de pura casualidad. Estaba fumando cristal en mi barrio en la colonia Los Gavilanes con unos amigos y llegaron por ellos y de paso metieron mis datos al sistema y salí con orden de aprehensión.

Le robaba a los gringos porque son muy confiados y rápido te dan chansa de estar en su casa. Nunca me gustó robarle a mexicanos o a gente pobre. Siempre pensaba que no estaba mal robarles a los gringos porque ellos tienen dinero. Aquí en la cárcel he aprendido carpintería y mantenimiento de aires acondicionados.
Foto por el autor.

José Luis

La adicción al cristal me volvió paranoico y enfermo de celos, inseguro; el cristal me hacía alucinar. En el programa de reconstrucción personal que estoy tomando me dijeron que el cristal me dañó el sistema nervioso. Yo me casé a los 17 años y fue cuando comencé a consumir cristal a todo lo que daba. Fue cuando empezaron las golpizas a mi mujer. Los pretextos sobraban: porque se ponía faldas cortas, porque se maquillaba y se pintaba la boca. No la dejaba tener amigas ni platicar con nadie. A veces alucinaba que tenía marcas de besos en el cuello. Si no se bañaba también le pegaba, por sucia.

En ese entonces vivíamos con mis suegros y me tenía que esperar a que se fueran de la casa para poder golpearla. Le pegaba con un garrote o la subía al auto y nos íbamos a dar la vuelta y mientras tanto la golpeaba o la llevaba a despoblado en donde la pateaba en las costillas o entre las piernas. Un día que andaba muy cristal la abandoné en la carretera después de golpearla.

Con la paranoia que me daba llegaba a la casa abriendo las puertas del ropero, revisando los papeles del baño, buscando cabellos sospechosos en los cepillos; levantaba la alfombra, miraba debajo de la cama, en los cajones, detrás de los espejos. Lo que buscaba era al tipo con el que según yo mi esposa me engañaba. A veces la seguía al trabajo y a ella le daba vergüenza y eso me hacía estar más seguro de que me engañaba con algún empleado; hasta me dijo que eran alucinaciones mías y yo le di un martillazo en la cabeza, pero nomás se desmayó un ratito. En una ocasión de madrugada llegué a estar cuatro horas arriba del techo de mi casa fumando cristal y esperando que apareciera el amante de mi mujer, y al final de cuentas no era nadie pero hasta alucinaba que lo veía. En otra ocasión que sentí celos destrocé el cielo del techo de la casa porque juraba que ahí estaba escondido el hombre con el que mi esposa me engañaba; en esos días mi mujer acababa de dar a luz a mi hija.

Sorprendí a mi esposa con la tarjeta de un restaurante en su cartera y la golpeé en el estómago. Mi esposa me dijo que del trabajo habían ido a comer en grupo y ahí le habían regalado la tarjeta. Estaba seguro de que me engañaba con alguien con quien iba a comer a ese restaurante. Sospeché más cuando supe que un empleado de su trabajo descansaba el mismo día que ella: el martes. La golpeaba también cuando pasábamos por un hotel. Yo deliraba que ella se reía diciendo: "Aquí vine con mi amante".

Estoy preso por asalto a mano armada y robo de vehículo. Me dedico a la construcción. Un sábado después de trabajar estaba con otros compañeros albañiles tomando cerveza y fumando cristal. Uno de ellos que en ocasiones se aventaba jales de robo nos dijo que fuéramos a un yonque (deshuesadero) que estaba rumbo a Tijuana.

"No queremos hacerte daño, sólo queremos el dinero", le dijimos al encargado del yonke. Lo malo fue que mi amigo que había planeado todo se puso muy loco y comenzó a golpearlo. Al final nos llevamos su carro. Pensamos que nos habíamos podido dar a la fuga, pero una patrulla nos siguió y nos cercaron en una calle adonde nos metimos por error. A mí me dieron tres años, pero al estar ya detenido salieron unos delitos que tenían pendientes por drogas y porque quise agredir a mi esposa con un cuchillo. Me dieron cinco años un mes; me faltan cuatro para salir.

Salvador

Estoy preso por venta y consumo de cristal. Le decimos carcelazo al momento en que la depresión a causa del encierro nos llega. Es cuando caemos en cuenta que estamos prisioneros. Siempre pasa que cuando llegamos a la cárcel andamos drogados y ya cuando se nos pasa el efecto empezamos a preguntarnos: ¿qué hacemos aquí? Entonces te deprimes bien gacho y te la pasas todo el día dormido sin querer comer y comienzas a acordarte de tu jaina (novia) y es ahí cuando te agarras a golpes porque algún interno te dice que seguramente tu novia está con otro bato en la cama.

A mí me hizo más daño no dormir que fumar cristal. Mi adicción empezó cuando una exnovia me dejó. Yo tenía 22 años. Ella me cortó y ese mismo día comencé a fumar cristal. Era un día por la tarde. Ya fumaba mota, pero no quería crico (cristal), no me gustaba esa mierda, pero esa vez estaba deprimido, fumé y me gustó. Duré tres días fumando. Luego lo dejé unos días, luego volví a fumar. Recuerdo que el día que empecé a pajuelear (fumar cristal) hablé mucho, no podía dejar de hablar, ni de pensar, ni de hablar, ni de pensar; la cabeza en chinga me daba vueltas. Según tú te vuelves muy creativo, te sientes muy chingón, todo lo puedes, ¡a la verga está bien cabrona esa madre! O sea, el cristal no hace daño, todo está en ti. ¿Tú crees que si hiciera daño fumarían los choferes de camiones para no dormir y manejar toda la noche? ¿Tú crees que las morras lo usarían para adelgazar o los jóvenes para estudiar? ¡El cristal es diabólico, te enloquece, a la verga!

Esta madre de alguna manera es una droga cara, gasto cinco mil pesos al mes en esto. No trabajo, mi vicio me lo mantiene mi papá; él también es adicto al cristal. Mi padre tampoco trabaja porque es profesor de secundaria jubilado. Sí le alcanza para mantener el vicio de los dos.

El cristal te vuelve más adicto que la heroína a pesar de no ser inyectada. El cristal es como el jabón Zest, porque te vuelve a la vida. Cuando era niño me gustaba desbaratar cosas para ver cómo estaban armadas. Con el cristal pasa lo mismo; como te da mucha energía y te quita el sueño, te vuelves bien inquieto, a mí por ejemplo me da por leer e investigar cosas en los libros, aunque también me gusta desarmar el CPU de la computadora y ver cómo funciona. Entre los cristaleros siempre pasa lo mismo, te da por lavar la bicicleta, lavar el carro, caminar, limpiar la casa o lo que sea, desarmar radios, estéreos, televisiones, ver pornografía, o sea todo lo que sea manual lo quieres hacer y cómo te quita el sueño puedes estar horas y horas entretenido en algo.

Una vez probé el crack en Tucson, Arizona y me quedé dormido. Pero el cristal es más fuerte que el crack. El crack es coca lavada y esto es químico sintético. Una vez probé un cristal que eran como hojuelas, fue un día que sólo traíamos cien pesos un camarada y yo y queríamos fumar cristal, entonces le rogamos al dealer para que nos vendiera un 200. Era un cristal que cuando lo quemábamos se ponía verde. Era delicioso.

Entre los adictos se tiran carrilla (burla) diciéndose pepineros. Pasa lo siguiente: cuando fumas cristal te da mucha ansiedad y excitación y te pones muy caliente. Se dice que algunos sienten comezón en el ano y se insertan pepinos o desodorantes de bolita. Esa es una verdad a medias. Si ya eres homosexual el cristal sólo hace aflorar algo dentro de ti, aunque debo decirte que algunos que no son gays hablan de comezón en el recto y en plena crisis de ansiedad se introducen objetos o cogen con alguien. Lo que sí es que ayuda bastante, es sumamente placentero coger con cristal.

Un día dejaré de fumar cristal, pero no sé cuándo. En cuanto salga quiero fumar. Espero seguir teniendo voluntad, porque eso es lo que más chinga, la voluntad. Aparte te chingas el cerebro. Un amigo se cagó en la sala de la casa de otro amigo. Tenía una semana sin dormir y eso lo enloqueció. Te puedo decir que si no duermes en cinco días por andar loqueando (fumando cristal) te quedas arriba: ya no regresas. Después hablas incoherencias o persigues aviones en el boulevard; he mirado un chingo de casos de esos. Te quedas tarado completamente. Antes de dormirme me gusta fumar cristal; sé cuánto fumar para que me dé sueño. Llevo cinco años fumando 300 pesos de cristal todos los días. Es una droga cara, incluso más que la cocaína, la diferencia es que es mucho más adictiva, mucho más fuerte y placentera.

Por: JORGE DAMIÁN MÉNDEZ LOZANO/ VICE

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Testimonios de adictos a la metanfetamina: "El cristal es como el jabón Zest porque te vuelve a la vida" Testimonios de adictos a la metanfetamina: "El cristal es como el jabón Zest porque te vuelve a la vida" Reviewed by Redacción on junio 29, 2017 Rating: 5

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